Todas las entradas de elcencerro

Para cualquier frío

por Raúl Gatica

El ingenio y genio literario de los poetas españoles del Siglo de Oro fueron capaces de resolver los fríos y calores humanos cuando la calefacción no existía y el aire acondicionado era sólo el proveniente de ventarrones cruzando ventanas, puertas y otras aperturas. Estos maestros de la lengua nos descubren que hace siglos ya se generaba lumbre entre los versos para salvar a la humanidad de resfriados de cuerpo y alma. En los textos de esta edición, las imágenes del horno, el bracero, la fragua, la fogata, el verano y demás son recursos para atender algunos requerimientos que todos tenemos.

Con ellos apreciamos que el agua y el río dan más que frescor: alivian los sofocos de la carne. La fragua no es únicamente para ablandar al más fuerte de los fierros, sino también pare resolver ansias urgidas de atención a fondo. El cirio es para adorarse mientras se enciende o ya prendido. Y el tizón, aparte de madero ardiente y humeante, es respuesta a quien pretende pasarse de inteligente.

Un anónimo poeta de hace 500 años muestra cómo jugar magistralmente al erotismo con el auxilio de simples cosas. Casi dibuja la ayuda cuando las hormonas están en punto álgido, las piernas miran al techo, y los dedos entran y salen para sofocar urgencias de cuerpos húmedos y escurriendo de deseos.

El maestrísimo Quevedo receta medicinas para el invierno: enero ha de ser más frío para hombres disfrazados de mujeres. Su humor sarcástico dispara dardos al noble personaje que pretende encender su vela con el brasero de la moza en el río. Con Quevedo, el humor y la justicia ríen juntos.

Esta edición de Con y sin Badajo pretende despedir con fueguito al invierno que se resiste a partir para dar paso al color y calor que deberían retratar las esquinas de la primavera. Ojalá estas líneas, que pese a su tiempo siguen siendo de oro, proporcionen algo de calor a quien necesite cocinar sus fríos; calentar y descongelar ganas amarradas en las honduras del organismo.

 

12_RBenavides_MujerRizosCaracas2011_IMG_8182
Poesía anónima de los siglos de oro

¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!

Estábase la moza
Despaldas en el lecho,
Las piernas abiertas,
Y, mirando al techo,
Dice con despecho
“¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!”

De rato a ratillo
Toda se brincaba;
Con gesto amarillo,
De dolor sudaba;
Con pasión llamaba:
“¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!”

Todo se comía
en grande manera,
quel dedo metía
por la hurgonera.
Llorando decía,
Con voz lastimera:
“¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!”

Hácese pedazos,
Toda se desuella;
Quería los brazos
Meter por la mella,
Dando esta querella:
“¡Agua, dadle agua
quel fuego está en la fragua!”

Como estaba así,
Pensó que soñaba.
Cuando torno en sí
Sintió que meaba;
Y de presto llama:
“¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!”

04_RBenavides_SalsaCcs_DSCF1536

Atribuido a Francisco de Quevedo

(registrado en el Cancionero Moderno y recuperado por la Antología Erótica de la poesía hispanoamericana)

Estaba una fregona por enero
Metida hasta los muslos en el río,
Lavando paños, con tal aire y brío,
Que mil necios traía al retortero.

Un cierto Conde, alegre y placentero,
Le pregunto con gracia: “¿tenéis frío?”
Respondió la fregona: “Señor mío,
Siempre llevo conmigo yo un bracero.”

El Conde, que era astuto, y supo donde,
Le dijo, haciendo rueda como pavo,
Que le encendiera un cirio que traía.

Y dijo entonces la fregona al Conde,
Alzándose las faldas hasta el rabo:
“Pues sople este tizón vueseñoría.”

 

Contador de Historias

por Nandy Fajardo y Fabricio Tocco Chiodini

Acordamos encontrarnos un lunes. Rodrigo quería que nos diéramos cita en Skype a las nueve de la mañana de Venezuela. Yo, al ver que en Vancouver serían las cinco de la madrugada, sugerí que la cambiáramos al mediodía. Tuvimos dificultades para comunicarnos, Rodrigo estaba sin conexión y por teléfono tuvimos que volver a cambiar la cita para el lunes siguiente. Tanta espera fue recompensada una vez que finalmente coincidimos, con aquella voz alegre y musical, tan propia de los venezolanos.

Rodrigo prefiere ser llamado «fotógrafo» antes que «artista». Esta distinción le parece importante, pues para él hay un abismo entre fotografía documental y artística. En el grupo de El Cencerro, se le conoce como «El domador de perspectivas». Para él, su forma de ver el mundo implica no conformarse con la imagen que le ofrezca el primer punto de vista disponible. Más bien, nos dice al respecto, «desde el lugar en el que lo estás viendo, te puedes imaginar cómo sería esa escena si estuvieses del lado opuesto. No tienes que ir al otro lado para verla», porque Rodrigo es capaz de domar imágenes, de jugar con ellas.

Al iniciar su carrera en Europa a los diecinueve años, en 1979, este caraqueño planeaba inicialmente estudiar arquitectura. Rodrigo llegó a Europa hablando sólo español. Sin quererlo, un compañero colombiano, de un curso intensivo de inglés, le cambiaría para siempre la vida. Fue aquella tarde que lo invitó a que se registrara en una escuela de fotografía, donde terminó formándose con Roy Flamm, prestigioso fotógrafo californiano vinculado al célebre Grupo f/64.

Flamm, nos cuenta Rodrigo, acabaría siendo su maestro para siempre: «tú sabes que los tutores duran mucho más allá de los recuerdos». La filosofía de Flamm marcaría las imágenes de Rodrigo a lo largo de sus casi cuatro décadas de carrera.

Rodrigo pasaría nueve años en Europa, dividiendo su estancia simétricamente entre Londres, París y Barcelona. «Como decimos en el Caribe, cada ciudad tiene su tumbao, su sabor». Para Rodrigo, Londres es una ciudad maravillosa para estudiar, mientras que recuerda París como un lugar más duro, pero al mismo tiempo festivo y apasionante. «Barcelona, en su carácter de puerto mediterráneo, nos queda un poco más cerca, sobre todo cuando entre las brumas se pueden apreciar, a lo lejos, ciertos tonos de las luces del continente americano». Las memorias de las ciudades, por supuesto, están hechas de gente y el contacto que el fotógrafo estableció con ellas, un elemento que, como podemos ver, dejó una clara huella en sus registros urbanos.

Una reflexión interesante que suscitaron estos años europeos para Rodrigo tiene que ver con la distinción entre «destinos» y «propósitos»: «Uno anda como por un camino y va encontrándose bifurcaciones. Cuando estás en un tránsito hacia el conocimiento, idealmente nada debería apartarte de tu propósito. Pero ni siquiera es un destino, es un propósito. El destino es lo último, va mucho más allá, más lejos. El propósito, en cambio, es un camino que te lleva a tu destino. Pero eso no lo sabes hasta cuando acaba todo. Hay todo ese desafío personal dentro del cual los estudios son importantes, pero no son lo único, son una conjunción de factores que uno afronta de forma no del todo consciente».

11_RBenavides_TrombonistaCaracas2003

Al volver a Venezuela con casi treinta años, a finales de los ochenta, Rodrigo se enfrentó con un «sentimiento de desarraigo difícil, de grandes dimensiones»: «Después de nueve años en el extranjero, tu país te hace falta […] pero cuando llegas, como decimos en el llano “no te hallas”, te sientes muy desubicado».

Nos cuenta Rodrigo que logró resolver y superar este desarraigo enarbolando una estrategia y redescubriendo una fuerte conexión: por un lado, «diseñó un lema para viajar: a cada cliente que visitaba, le decía que mientras más lejos me enviara, más barato le iba a cobrar». La posibilidad de seguir viajando, esta vez por territorio venezolano, le permitió redescubrir y reconectarse con un componente singular de su país: la naturaleza venezolana, una «geografía de esta tierra que es una sola tierra, cuya única frontera son los ríos». Para Rodrigo, «nuestras ciudades, tal vez, se parecen a casi todas las capitales de estado, pero nuestra fuerza vital está en la profundidad de las selvas, en las cimas de los Andes, en esa tierra vibrante que nos hace ser como somos».

El regreso a Venezuela hizo florecer algo que ya estaba en Rodrigo antes de sus años de formación europeos: «Yo tenía esa semilla debidamente instalada en mi ser. Al regresar, veo las cosas de otra manera, tomando consciencia de la importancia de recorrer estos paisajes, de acompañarlos tomando fotos en esta geografía sensible de una forma mucho más depurada y consciente, con una mirada distinta».

Aclara Rodrigo que sus «proyectos más ambiciosos siempre tienen lugar en espacios distantes de las metrópolis». Su compromiso, nos dice, es «volver la mirada a la tierra»: «yo aspiro con mi trabajo a acompañar las causas de los pueblos más simples como los pescadores, los ordeñadores, las tejedoras de chinchorro, la gente simple de la vida». Algo que hace no sólo desde su labor fotográfica sino también a través de la Escuela de Fotografía que dirige junto a su mujer. «El Núcleo Fotosensible» intenta «promover la utilidad pública de la fotografía» y alberga proyectos de investigación sobre el tratamiento de la imagen.

En una época de proliferación de fotografías que inundan diariamente la red, Rodrigo se mantiene parcialmente crítico: por un lado, escribe de forma periódica en su Tumblr (http://lazentella.com) sobre fotografía directa y no se declara tecnófobo, ya que admite la importancia del desarrollo técnico para su disciplina. Al mismo tiempo, considera las redes sociales como un espacio que fomenta cierta «vertiente tendenciosa», una «inmediatez para manipular», que privilegia «una abundancia de banalidades de todo tenor». Para Rodrigo, aquello que sigue distinguiendo al fotógrafo profesional es un gesto que suele perder de vista el usuario amateur al retratar sus desayunos en Instagram: el gesto de contar una historia. Por eso, prefiere llevar libros en sus viajes antes que ponerse a leer en un celular.

En este sentido, a Rodrigo le resulta más interesante «lo tangible». Por lo tanto, prefiere no participar de las redes sociales y seguir revelando fotos en su laboratorio casero, profundamente conectado con su atracción por el territorio y la riqueza intercultural de su país, como parte de un sentido compartido en Latinoamérica y El Caribe.

Cuando le preguntamos por su opinión sobre su registro histórico de la situación de Venezuela, Rodrigo aprovecha para explicarnos sobre su filosofía profesional. Un buen fotógrafo no puede quedarse con el retrato anecdótico, con el mero registro de lo episódico, debe ser capaz de narrar. De lo contrario, nos dice, «la cosa se queda a medio camino». Por último, resalta Rodrigo la idea de que la historia está en todas partes: no se circunscribe a hechos puntuales o a coyunturas políticas. Un buen fotógrafo documental debe ser capaz, ante todo, de contar historias en profundidad.

13_RBenavides_ArtificesCulturales2014_05_IMG_8733

Nuestro Calor

por César Moheno

Una tarde de hace muchos años me guarecí de la lluvia en la casa de doña Marcelina Próspero. Junto a su hermana Juana, llenas de fortaleza y de arrugas en el cuerpo, me contaban sus historias cerca del fuego de la troje que compartían en un paraje del bosque de la meseta purépecha de Michoacán. Hacía frío y ellas me arropaban con sus palabras, sus risas, sus afanes. Con un aire de complicidad que se manifestaba en las miradas y los silencios, el cauce de sus frases las fue conduciendo a las confidencias. Así comenzaron a compartir sus secretos.

Una ya se siente por completo diferente después de recibir por primera vez la comunión. Allí, me decían, en la ceremonia, por primera y casi única vez se viste una de blanco y todas las niñas se unen por un momento en el atrio del templo, sabiéndose distintas, mientras la banda toca y toca todo el rato y todas bailan en medio de la gente. Lo hacen tan entre ellas, que se dirían palomas al verlas bailar. Están tan contentas, que quisieran que pasara el tiempo rápido pues se mueren de ganas de contar ese momento.

Así llega al cabo de los años el día de la boda. Desde el instante del compromiso, nuestro gusto – me seguían contando – es realizar una serie de costumbres que aseguran a las familias y a los novios las formas de la concordia y el gozo para que enraíce la unión. Y en ese tejido ser mujer ampara la fuerza del mundo. Por eso el día de la boda, para recibir a la nueva hija, se engalana con cintas de colores y con guirnaldas de maíz la cabeza del novio. Allí la esperan todos los parientes de la casa. Para mostrarle su júbilo la reciben con cohetes y con música. La hacen pasar y la sientan en medio de la estancia, donde cada uno de los miembros de la familia de él, le trenza en el pelo un moño de cinta de color. Algunos hasta le prenden algún otro regalo. Esa es la forma de engalanarla.

Después de la ceremonia en la iglesia, las mujeres de la familia de la novia acarrean pollos, licor y cajas de cerveza a la casa del novio. Todo acompañado de confeti, más música y más cohetes que es lo que se acostumbra. La madre del novio las recibe en el umbral de su casa luciendo en el pelo pan de jabón, escobeta y estropajo para enseñar que ya le dio el último baño a su hijo. Allí se junta la parentela completa y pasan a comer las viandas que se venían preparando desde la víspera. Todos bailan, especialmente las mujeres. Y todos por igual se beben ríos y ríos de vino para homenajear el recuerdo de las bodas de Canán.

05_RBenavides_SalsaCcsElMani_

Al amanecer del otro día, bailan el son de la canara. Las mujeres lo hacen con un telar, con un huso o con un tejido y los hombres con sus aperos de labranza. Alguna mujer hace un muñeco de trapo y se lo entrega al novio y a la novia para que lo arrullen. Ahora los padres de los dos bailan con pan y chocolate que ofrecen a la novia, que cuando lo va a coger se lo arrebatan y se lo comen entre ellos. Así se acostumbra para que vayan las dos familias agarrándose de la confianza. De ella depende el trasplantarse.

Por eso le digo que es tan grande el valor de asegundar con toda la familia eso de los sacramentos. Por algo ha de ser que las campanas marcan la vida de los pueblos. Por eso tenemos que aprender desde chiquitos a escucharlas. Ya sabemos que al cumplirles aseguramos nuestro buen paso por el mundo. Así ha sido siempre. Por eso estamos aquí, usted y nosotras, compartiendo nuestro calor, celebrando con palabras y con pan.

Sólo las viejas hacemos de este pan. Sólo nosotras podemos hacerlo. Escogemos todo, desde los granos del trigo que vamos a moler hasta el tipo de leña con el que lo vamos a hornear. Por eso nuestro pan es especial. Por eso no podemos dejar pasar ninguna fiesta para hacerlo. Por eso todo el mundo nos pregunta. Juana, Marcelina, ¿cuándo van a hacer de su pan?

Para hacer buen pan hay que conocer muchos secretos. Todos los secretos. Inventarlos todos también; porque una nunca sabe con qué nos va a salir el trigo, o cómo amaneció la levadura o nosotras mismas.

Para que un horno sea bueno y no se le salga el calor, uno misma lo tiene que hacer. Y hay que saber hasta escoger en dónde ponerlo. Hay que hacerle un esqueleto con palos de encino y juntarle mucha piedra y lodo. A eso es lo que llamamos la columna. A ella hay que darle su pasadita de adobe bien cargado. Después se le ponen por dentro hiladas redondas de ladrillo sin juntear, para que aguante el peso de la cubierta que también será de ladrillo, pero ese sí muy bien junteado. Se le cubre con una capa fuerte de adobe y se repella con una capa de ceniza blanca. El chiste es saber dar la redondez para que aguante y no se nos caiga. Después de darle la primera quemada se le saca el ladrillo del corazón y se le baila encima. Si el horno aguanta el baile ya está rico para hornear.

Para sacar una buena hornada de pan el secreto está en irle respetando sus deseos. Que si quiere más tueste el grano, que si desea más agua la harina, que si la levadura está muy seca, que si no le dio bien el sereno, o que si lo mezclamos después de que salió el sol; hasta el peso exacto tenemos que ofrecerle. Pero otra vez repito. Uno de los secretos es irle inventando sus secretos.

Las viejas creemos que el principal de entre ellos es que lo amasamos en nuestra cama y, así, nuestro propio calor le damos. Por eso no lo dejamos salir de nuestro cuarto hasta que haya que comerlo. Por eso no sólo aplauden su sabor. Es sobre todo su olor lo que le alaban. No se dan cuenta aún que es a mujer a lo que huele.

Dulce de Leche

por Víctor Porter[1]

La cárcel estaba en la Pampa Húmeda y, quién sabe por qué, era más húmeda que toda la Pampa. Todo estaba mojado, siempre, y el olor a encierro se alternaba con el olor a Fluido Manchester que cada cierto tiempo le pasaban al piso del pasillo para ahuyentar a toda forma de vida no encerrada ahí a la fuerza. A cada tanto, a los prisioneros los sacaban a tomar aire. Salían a caminar a un patio, encerrado también, rodeado de alambres con púas. Algunos prisioneros caminaban en círculos hasta el final del tiempo. Otros aprovechaban para planear eternamente la revolución.

Abraham Dionisio y Najman conversaban cada vez que caminaban en círculos por ese patio gris y alambrado.

Venían de mundos distintos.

Najman de la gran ciudad capital, de la clase media educada (esto se puede leer como uno quiera: de la clase media y educada o de la clase educada por la mitad, no completamente educada; en resumen, lo mismo).

Abraham Dionisio, criado en los márgenes de una inmensa plantación de caña de azúcar. Sin padre y con muchos hermanitos. Según contaba, su infancia consistió en salir a cazar para comer; no a cazar animales sino a cazar comida. Su coto era el patio trasero de un matadero-carnicería. Abraham y sus hermanos pasaban horas detrás del alambrado esperando el momento. Los últimos y desesperados gemidos del cerdo, vaca o cabra que estaban a punto de carnear anunciaban la acción.

“Me partía el corazón”, contaba Abraham.

“Lo peor era cuando los miraba fijamente a los ojos, los pobres sabían que los iban a matar. ¿Y sabes qué, Najman?, esa misma mirada desesperanzada tienen algunos compañeros presos”, remataba Abraham.

Él y sus hermanos presenciaban el trabajo del matarife. Desde que aparecía con el animal en el patio de atrás, la volteada al piso, las patas atadas, la cuchillada certera, el chorro de sangre humeante a la olla y la destazada. Después, la parte más importante: mientras los hermanitos ahuyentaban a los perros, gatos y gallinas, Abraham — quién ya tenía el golpe minuciosamente planeado — corría a recoger todo lo que podía. El hígado y el corazón eran lo más valioso, después las tripas y los pulmones, o cualquier otro despojo que no se hubiesen llevado los otros hambrientos y estuviera por ahí tirado. Encarnación, la madre de Abraham, transformaría el botín en un manjar.

Apenas pudo manejar el machete, Abraham empezó a trabajar cortando caña de azúcar; el hermano que le seguía se hizo cargo de la caza.

Después de huelgas, despidos, persecución y otras injusticias cotidianas en la plantación y el ingenio, Abraham se sumó a la guerrilla rural, su lugar natural, su destino. Si alguien tenía el derecho y la obligación de alzarse en armas era él.

En el patio de la cárcel, Abraham compartía historias con Najman y otros, siempre sonriendo, nunca quejándose. El sol del cañaveral seguía brillando en el fondo de su mirada, y aún sentía el aire del monte a pesar de los años de encierro. Caer preso no interrumpió su vida ni su carrera. Como el monte, la cárcel también fue su lugar natural y su destino.

De vez en cuando, los presos podían hacer alguna compra. Para eso los presos estaban acuerpados de acuerdo a su grupo u organización política, o por afinidad personal los que eran independientes. Compraban colectivamente, de modo que todos pudieran tener yerba, cigarrillos y lo que alcanzara.

07_RBenavides_CorralYEmbarcadero2006

Una tarde, Najman y Abraham estaban dando sus vueltas eternas en el patio cuando los paró el preso Dell’Orto; de él se decía que era un compañero muy importante, un cuadro revolucionario… y sin embargo no daba esa impresión. Hablar con él era hablar con el abanderado en un mural del realismo soviético, no miraba a los ojos del interlocutor; ¿para qué?, él miraba más allá del horizonte. Tal vez imaginando un desfile en su honor, o a las masas aclamándolo… Lástima, porque las paredes de la cárcel truncaban esa visión de epopeya, y él quedaba acá en el patio y la humedad, con su mirada perdida, más perruna que mesiánica.

Dell’Orto y Abraham pertenecían a la misma organización. Dado su nivel, Dell’Orto estaba a cargo de las compras grupales. Así que Dell’Orto interrumpió la caminata-charla de Najman y Abraham porque debía hacerle una pregunta estratégica a su compañero de armas.

“¿Qué va a querer comprar el compañerito Abraham? Hay yerba mate, cigarrillos, galletas, … dulce de leche”

“Yerba y dulce de leche”, respondió alegre Abraham.

Dell’Orto sorprendido y con aires de General San Martín de a caballo al mando del Ejército de los Andes replicó:

“Compañero, me extraña muchísimo que pida eso. El dulce de leche es para los burgueses, no se desvíe compañero. No se desvíe”.

Casi en llamas, pero respirando y hablando muy despacio, Abraham afirmó con la certeza de estar en lo correcto.

“Por eso luchamos compañero, para que todos podamos comer dulce de leche. Así que le repito mi pedido: Yerba Mate y dul-ce- de- le-che, ¿está claro?”

Un silencio metálico quedó flotando y Najman pensó que esa era la mejor explicación de por qué luchaban, y que jamás nadie había dicho. Sí. Era la más real, la más tangible, la más dulce.

[1]   Refugiado Argentino que vive y escribe en Vancouver, Canadá.

Gases

Mi abuelo, un indio Ñuu Savi, sabía del comportamiento del clima con el rebuznar y desenvainar del ‘instrumento’ de su burro Músico. Como el pulpo Paúl, casi no fallaba.

—Si Músico apunta su ‘cornetota’ al cielo, no es calentura lo que padece: avisa de gemidos, estertores, sufrimientos, dolores y sudores de la madre tierra, que también está viva —decía el abuelo.

Con el devenir del tiempo, pese a que la ciencia y sus científicos han inventado máquinas para medir todo, no atinan a ponerse de acuerdo sobre lo que pasa con el clima. Desconcertados, acusan a los gases de efecto invernadero de los inviernos cálidos y veranos con heladas y granizadas, o de lluvias, nevadas y sequías súbitas.

Hoy día, las estaciones ya no pueden medirse sólo con el calendario. Ya no sabemos si calorones y heladas nos enredarán primavera con invierno, verano con otoño. Tampoco cuándo los ciclones despeinarán el clima y desgajarán montañas. Menos aún si nevadas y aguaceros arrasarán la cachondez de los lugares turísticos con ríos desbordados, tsunamis o avalanchas insospechados; o dónde terremotos desmoronarán edificios y abrirán la tierra para tragarse a la vida con ansias de amante desesperado. Cada vez es más complicado prever la respuesta de la tierra ante tanta violación. Vamos rápido y derecho a la mierda, si es que no estamos ya ahí.

Y pensar que todo pasa porque comenzamos a calentarnos. Hablamos del planeta, no del endurecimiento del badajo o la humedad femenil resultado de atrevidos tocamientos. Tan es verdad que diversos científicos afirman que 2016 fue el año más cálido en la historia humana: 1.1 grado por arriba del establecido en la era preindustrial. Además, científicos de la Universidad de Stanford afirman que el día más caluroso del año en distintas partes del mundo está relacionado con el cambio climático.

Y aquí las opiniones de los expertos se dividen. Algunos sostienen que la calentura planetaria resulta de los gases efecto invernadero, a su vez consecuencia de pornográficas penetraciones de cemento y asfalto por todos lados. Succiones exageradas de mantos acuíferos, petróleo y gas natural. Desfloramientos forzados de la tierra por la minería salvaje y devastaciones forestales que van dejando nuestro hábitat desértico, infértil, yermo y casi frígido.

06_RBenavides_SalsaCcs_DSCF1541

Otros declaran que no es sólo la acción humana la responsable del calentamiento global y sus daños colaterales irreversibles. Insisten en la responsabilidad del gas metano liberado a lo largo del globo, particularmente en la tundra ártica y los pantanos. También insinúan que nos calentamos a pedos. Sí, a pedos. Al menos eso se infiere de lo publicado por la revista Current Biology, afirmando que los dinosaurios saurópodos – o gigantes herbívoros – podrían haber provocado el calentamiento climático de la Tierra a través de sus flatulencias. Mencionan que esos dinosaurios producían mucho más metano que todas las fuentes de contaminación moderna juntas.

Independientemente de quién genere el calentamiento global, la Academia Nacional de Ciencias de USA señaló que la influencia del cambio de temperatura provocó 57% de los récords de menos lluvia, y 41% de los récords de lluvias abundantes en un año. Y para rematar, la revista Science pronostica que el calentamiento global incrementará las sequías y aguaceros en este 2017.

Y mientras los científicos se ponen de acuerdo en lo que pasa, lo cierto es que como los indígenas aseguran, la tierra es organismo vivo y los ‘desastres naturales’ son su respuesta a las acciones humanas emprendidas contra ella. Por eso no todos los calentones conducen al gozo y placer, tan así que, según la ONU, ya están a la vista: cuatro potenciales hambrunas en forma simultánea por primera vez en la historia. Más de 20 millones de personas corren el riesgo de morir de hambre debido a sequías y a conflictos en Yemen, Somalia, Sudán del Sur y el noroeste de Nigeria, mientras más de 100 millones enfrentan malnutrición aguda en todo el mundo. Además, el derretimiento de los glaciares e incremento del nivel del mar pondrá en peligro de extinción a las comunidades indígenas y especies animales de los Polos. Quizás por estas evidencias, finalmente los científicos salieron a las calles para convocarnos a frenar nuestra propia destrucción.

En fin, mientras se resuelve si es verdad que la extinción de los dinosaurios se debió a que eran muy pedorros, ante el panorama apocalíptico retomemos a Revueltas, quien dice que el horror cotidiano puede ser sustento de una buena narración. De ahí que los y las Cencerros les invitamos a mugirnos al menos sus comentarios sobre esta edición a rumiantes@elcencerro.ca

Las editoras y los editoros

 

La costilla que no fue Eva

por los Editoras

Por sus diversas apariencias, constitución, funciones y hasta por lo que hace y no reconocemos, el cuerpo humano fascina. En su anatomía caben imaginación, lascivia, miedo, placer, pudor, conflicto, prejuicio, negocio, desconocimiento y culto. Él inspira todo y a todos: desde la religión divinizándolo al grado de presentarlo como semejanza de Dios, o creador de Eva, hasta los caníbales, quienes seguramente le encuentran un sabor particular para preferirlo en lugar de otros animales.

Pero el conjunto de huesos, músculos, sistemas, órganos y demás, también es campo de batalla. Discusiones éticas y estéticas sobre la belleza y cuidado del cuerpo han ido y venido. Hoy día la concepción occidental predomina y para acomodarse a su canon, hombres y mujeres recurren a plantarse un nuevo trasero, tetas más grandes, pelo rejuvenecido, otra cara y hasta piel. Ya ni hablemos de las mascarillas de semen para tener apariencia fresca, o curarse la calvicie con jugos vaginales. Frankensteins recargados pululan por el mundo cumpliendo dictados hegemónicos.

El concepto actual del cuerpo va otorgándole a éste el rol de refaccionaría y que todo en él es reemplazable. Así las cosas, poco importa saber que tenemos entre 206 y 210 huesos, 639 músculos, 21 órganos, o 12 sistemas. Que entre los primeros, el estribo, localizado en el oído, mida menos de un milímetro. O que el músculo del párpado se mueva hasta cinco veces por segundo y que el masetero desarrolle, al masticar, una fuerza equivalente a 100 kg. Y no interesa porque si la afectación del nervio lumbar paraliza el dedo gordo del pie, se prefiere reemplazar el dedo en lugar de atender el mal desde su origen.

Sí, el cuerpo es una mercancía, una ‘refaccionaria’ donde dinero y ciencia son aliados indispensables y donde los pobres llevan la peor parte. El primero compra al segundo para resolver ‘desperfectos’. Un buen cirujano resuelve casi cualquier cosa, siempre y cuando consigan: sangre, medula ósea, corneas, corazones, hígados, etc., hasta semen y vientres para tener hijos. Desde esa cultura, hierbas, camotes y penicilinas son cosa del pasado y la ética, un asunto de dinosaurios. El modelo impuesto destaza a pobres para traficar sus partes.

Y conste, nuestra manada no está contra la ciencia. Más allá de comerciantes de la salud y la belleza, la ciencia ha mejorado la calidad de vida. Desde luego persisten conflictos éticos sobre la muerte asistida, la clonación, el reemplazo de órganos, la renta de úteros, etc. Eso no implica que neguemos el derecho de cualquiera a decidir sobre su cuerpo, pero la cosificación extrema del cuerpo genera dudas. Eso sí, nos negamos a aceptar el uso de la ciencia para bienestar de unos y desgracia de otros.

2-militia-of-the-spanish-republic-1936-lr

Sin duda, muchos debates están por venir con el devenir de la ciencia y el tiempo. Ahí la justificación de la muerte asistida, como una forma de respeto al cuerpo y derecho individual, será la menos complicado. Desde nuestro corral berreamos que de nada servirá la ciencia y el desarrollo de la humanidad si al cuerpo no se le honra ni aprecia. Una falta de respeto al mismo es su explotación laboral, la tortura, la muerte por guerra y hasta la prolongación de la agonía o el sufrimiento por cualquier causa. Una deshonra es la existencia de hombres y mujeres obligados a vender su sexo, fuerza, habilidades, o incluso piezas de su cuerpo para sobrevivir. Así que mientras la hora del Apocalipsis del cuerpo llega, usted que tiene uno, no deje que se le oxide, úselo, compártalo y disfrútelo en todo lo que pueda. Después ya no hay después.

Y en esta edición, en que ni las vacas salvan las ubres, en nuestro establo seguimos defendiendo el disfrute del cuerpo al natural, sin comprar ni pagar nada y sin joderle ni una pestaña del otro. Así que mándenos sus hígados y bofes a rumiantes@elcencerro.ca para remendarle el cuerpo a este número.

Entrevista a Serge Alternês, autor de Live Souls

por Fabricio Tocco Chiodini

Almas que vuelven a vivir: retratos inéditos

de las Brigadas Internacionales

a 80 años de la Guerra Civil española.

La historia de Alec Wainman, tu padre, es fascinante. Me gustaría que lo presentaras a los lectores de El Cencerro.

Efectivamente, la vida de Alec es muy interesante. Era de familia inglesa por parte paterna y estadounidense por parte materna. Se crió en Inglaterra, en el seno de una familia de cuatro hermanos, durante los primeros quince años del siglo pasado. En 1920, su madre enviudó y se mudó con toda la familia a un rancho en Vernon, Canadá, no lejos de Kalamalka Lake. Tanto mi padre como sus hermanos se formaron durante los primeros años de existencia de la Universidad de British Columbia. Después de esos años canadienses, mi padre desarrolló una predilección por los idiomas, de modo que volvió a Europa para estudiar Lenguas Modernas en Oxford. En particular, italiano y ruso, que tenía sólo dos estudiantes. Su compañera fue Masha Williams, autora de White Among the Reds, un libro muy interesante y divertido en el que escribe sobre Alec. Luego, mi padre pasó un año en la Unión Soviética, como secretario de la embajada inglesa de Moscú. Más tarde se mudó a Hannover, para estudiar alemán mientras vivía en la casa de una familia afiliada al partido nacional-socialista. En agosto de 1936, se trasladó a España al principio de la Guerra Civil, como voluntario médico por la causa republicana. Fue chofer de ambulancia, con apenas dos calificaciones: sabía un poco de español (no mucho, en realidad lo que él hablaba era italiano) y contaba con un carnet de conducir pero canadiense, detalle importante, ya que nuestras calles son mucho más duras que las europeas [Risas].

¿Qué crees que percibieron en el fascismo tanto tu padre como las decenas de jóvenes veinteañeros extranjeros retratados en tu libro Live Souls? ¿Qué crees que los llevó a arriesgar sus vidas involucrándose en un conflicto que a primera vista parece ajeno?

Me acuerdo muy bien las palabras de mi padre al respecto: él consideraba que el fascismo en Europa era un peligro grandísimo, no sólo a nivel militar sino también humano. Mi padre estaba convencido de que el fascismo podía ser derrotado con la ayuda de una fuerte movilización internacional. Creo que hay un gran paralelismo, en este sentido, con las Guerras de los Balcanes, que yo experimenté en primera persona años más tarde: sólo una intervención internacional pudo detener esas guerras. Por supuesto que en el caso de la Guerra Civil Española dicha intervención no se produjo nunca y las fuerzas aliadas se involucraron demasiado tarde. Creo que estos casos demuestran cómo en algunos conflictos son necesarias las intervenciones, no necesariamente militares, pero sí diplomáticas o políticas.

Según lo que recuerdas que tu padre te contó y a partir de la investigación que hiciste para Live Souls, ¿por qué piensas que Inglaterra y Francia no quisieron intervenir?

Creo que había un temor muy grande: el comunismo. Había una férrea creencia de que la República española se convertiría en un gobierno títere de la Unión Soviética, algo falso, por otra parte, ya que había fuerzas democráticas del bando republicano. Por supuesto que también había extremismos, en particular, muchos excesos anticlericales. Pero bien entrada la guerra, la República tomó las riendas del asunto. El gobierno de Juan Negrín, probablemente, fue el mejor que tuvo España en el siglo XX hasta el comienzo de la Guerra. El problema es que estaba peleando una batalla perdida desde su comienzo, porque no tenía apoyo internacional. Más allá del soporte soviético, que sólo les permitió mantenerse a flote pero que no les proporcionaba los recursos para ganar una guerra. La ayuda de México fue en gran medida simbólica, muy importante en términos emocionales: fueron los únicos que entendieron a los españoles, pero no resultó decisiva a nivel militar.

3-jubilant-republican-militia-1936-lr

En la presentación de Live Souls en la librería de East Vancouver, «People’s Co-Op», en el 80º aniversario del levantamiento de Franco que dio inicio a la Guerra Civil Española, se mencionó la falta de reconocimiento estatal de los voluntarios anglosajones. Me gustaría que habláramos un poco de ello. Mientras Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña celebran haber salvado a Europa del nazismo o en la actualidad de haber «salvaguardado» presuntamente la democracia en Iraq o Afganistán, ¿por qué se ningunea la contribución de las Brigadas Internacionales a la causa republicana en España?

Es una muy buena pregunta. Creo que hay muy pocos países que llegaron a asimilar esa experiencia. Diría que Francia es el único país en haber reconocido oficialmente a los voluntarios que combatieron en la Guerra Civil Española, (tienen pensión de veteranos). Es importante recordar que Jacques Chirac, un líder conservador, fue el que puso esto en práctica, de modo que no fue por una cuestión puramente ideológica, sino de honor. Pienso que Francia estuvo muy bien al llevar a cabo este reconocimiento. Mi creencia es que el estigma era tan grande en otros países, al punto tal que a algunos les confiscaron sus pasaportes, no podían regresar a sus hogares. Mi padre, por ejemplo, una vez terminada la guerra, estuvo desempleado en Inglaterra durante dos o tres años porque lo consideraban un rojo, sin perspectiva alguna de futuro.

¿Cómo fue tu pesquisa casi detectivesca para encontrar las fotos que tomó tu padre?

Duró casi cuarenta años, que se hicieron eternos y parecían que no iban a desembocar en ninguna parte. Ya prácticamente yo no tenía nada de esperanza. Mi padre había perdido mucha memoria por culpa del Alzheimer: olvidó muy pronto su experiencia en la Guerra. Para ese entonces, yo ya me había mudado a Europa para empezar una vida nueva y había dado por perdido ese archivo. Sólo fue de casualidad, después de mucho mirar y revolver su correspondencia, que di con lo que buscaba: una de las editoras de un libro sobre las Brigadas Internacionales que contenía doscientas fotos tomadas por mi padre. Fue ella quien me permitió acceder a todo el archivo.

¿Qué nos dice Live Souls del dolor y el trauma que padecieron las generaciones testigos de la trágica primera mitad del siglo XX?

Es un buen punto. Haciendo este proyecto yo aprendí más del siglo XX, sobre todo de la primera mitad, que en todo el resto de mi vida. Es evidente que la Guerra Civil Española no fue un evento aislado pero no sólo está conectado con hitos históricos de esa primera mitad, sino también de la segunda, como mencionábamos antes el caso de los movimientos de liberación, el caso sudafricano, las Guerras Balcánicas, etc. Live Souls da una perspectiva enorme porque todo está conectado: fue la Segunda Guerra Mundial antes de la Segunda Guerra Mundial, fue una situación de emergencia y desplazamiento masivo de población. El 80% ó 90% de los países estuvo representado en los civiles que pelearon en España en una guerra que no era estrictamente suya pero que era vista como un conflicto global.

9-volunteer-later-vancouverite-dr-reg-saxton-revolutionized-blood-transfusions-trying-to-save-british-volunteer-mr

¿Qué piensas cuando ves las fotos de tu padre desde el siglo XXI? ¿Qué se te viene a la cabeza si te recuerdo la tensión social y la inestabilidad política que atraviesa Europa, con la presencia siempre latente del fascismo y estados que se pelean por ver cuál recibe menos refugiados políticos?

Las imágenes me dan mucha esperanza y un sentido de humanidad inmensa. Soy optimista: las personas tienen una capacidad de transformación enorme. Aquello que podemos aprender de las fotos que realizó mi padre durante la Guerra Civil española tiene que ver con lo que los franceses denominan acte gratuit, es decir, los gestos desinteresados, la ayuda por pura empatía y solidaridad. El respaldo humanitario por las causas de los refugiados, el apoyo médico en países en conflicto, son todas cuestiones que se están volviendo cada vez más habituales. Estamos en una sociedad cada vez más violenta, de modo que incluso Médecins du Monde y Médecins Sans Frontières experimentan dificultades para hacer su trabajo en muchos lugares. La situación es realmente terrible en algunos de ellos, como sucede en Oriente Medio, por ejemplo. Yo siento que las fotos de mi padre expresan ese espíritu humano, esa fuente de bondad inagotable. Es la luz en sus rostros de la que habla Jon Beasley Murray en su artículo para The Tyee, esa luz que refleja esperanza, entusiasmo y alegría.

(link para el artículo de Jon: http://www.thetyee.ca/Culture/2016/07/15/New-Glimpses-of-Fighting-Fascists/)

La esquina es de quien la trabaja

por Raúl Zibechi

La pasada semana participé como invitado en un encuentro de trabajadoras sexuales en el local de Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez, enclavado en el mercado de La Merced, en el centro del Distrito Federal. Sólo conocía a tres de sus integrantes y fundadoras (Elvira Madrid, Jaime Montejo y Rosa Madrid) en encuentros de movimientos populares y en convocatorias del zapatismo.

En la reunión participaron unas 50 trabajadoras sexuales, en un pequeño departamento donde funciona la clínica que ofrece servicios como Papanicolau, pruebas rápidas de detección de VIH/sida, colposcopia, electrocirugía y cirugía láser, tratamiento de infecciones de transmisión sexual, odontología, acupuntura, masoterapia y atención sicológica, que financian con la venta de los condones Encanto.

El ambiente es difícil de definir porque no se parece en nada a las reuniones de los movimientos sociales y las izquierdas. Habría que remontarse a los encuentros de obreros anarquistas, un siglo atrás, para encontrar referencias válidas. Las trabajadoras sexuales auto-organizadas en la brigada son personas de corazón grande y palabra directa, sin vueltas ni retórica, capaces de explicar sus tremendas vivencias con la naturalidad propia de las de abajo.

Comenzó a circular la palabra. Había mujeres y transexuales de tres generaciones, ya que comenzaron a organizarse hace más de 25 años. La organización se rige por una asamblea general integrada en su mayoría por trabajadoras sexuales que se han aglutinado, desde 1997, bajo el nombre público de Red Mexicana de Trabajo Sexual, destaca uno de sus múltiples documentos.

En la mesa estaban Elvira, Patricia Mérida y Krizna. Sus intervenciones fueron extraordinarias, sencillas, profundas, cristalinas, conmovedoras hasta las lágrimas, que en esas tres horas rodaron tanto como las palabras. Lágrimas de dignidad y de rabia. En sus voces hablaron la explotación de padrotes y madrotas, la violencia de policías abusivos, las violaciones, los golpes y el encarcelamiento, el secuestro de hijos e hijas, las carreras contra las transexuales a quienes la policía rapaba y daba manguerazos.

El clímax fue la intervención de Betty. Sonrisa ingenua, lanza en tono inocente una pregunta demoledora. ¿Cuál es su intención con esto?, en referencia a la información que se lleva el periodista. Una trabajadora sexual interpela al periodista invitado. Es la síntesis de un proceso de décadas, del crecimiento desde abajo, de la dignidad de no sentirse menos que nadie. No es desconfianza en el otro; es poder, capacidad de interrogar que sólo nace de la autoestima y la confianza en sí misma.

Para llegar a ese lugar recorrieron un largo camino. Antes tenían que pedir permiso a las madrotas para trabajar en la calle, ahora tienen cooperativas, explica Alma, hasta con 160 integrantes. Antes nos caíamos gordas unas a otras, ahora están unidas. Chabela recuerda que las llamaban foco de infección, pero ahora son promotoras de salud formadas en los talleres de la brigada.

Lupita, China, Isabel, Ramona junto a su hijo, evocan un pasado de humillaciones en hospitales y violaciones grupales en las calles, cuando las detenciones duraban hasta 15 días. Mi vida era droga diaria, recuerda Betty. Todo eso se acabó, replica alguna. En 2014 el Gobierno del Distrito Federal debió reconocerlas como trabajadoras no asalariadas. Algunas, como Mérida, gracias a la brigada, estudiaron primaria, secundaria y computación. Otras se desempeñan como periodistas gracias a los talleres que imparte, solidariamente, Gloria Muñoz.

3-jubilant-republican-militia-1936-lr

Así fue naciendo un sujeto colectivo. Somos parte de una familia, explica Elvira, cuya vida cambió el día que las conoció. Transitar de objetos a sujetos, de putas a trabajadoras dignas, es un camino que sólo puede explicarse, y entenderse, desde la carne adolorida y las lágrimas rodando sobre la mejilla. No existe tesis ni plataforma capaz de hacerlo. Es vida y sólo vale sentirla.

Brigada callejera tiene su decálogo de principios: apoyo mutuo, decisiones por consenso, unidad de acción, franqueza y no simulación, ser políticamente incorrectos o sea no instrumentales, buscar lo común con otros y no la perfección, no colaboración con el Estado y megaproyectos de grandes corporaciones, no violencia, no injerencia en asuntos internos de otros movimientos y autodeterminación.

Integran la Red de Resistencias Autónomas Anticapitalistas y la Otra Campaña convocada por el EZLN. Han creado la Agencia de Noticias Independiente Noti-calle y las iniciativas de Radio Talón y Tv calle. Cuando alguien propuso hacerse sindicato, la transexual Krizna recordó que rechazan las formas verticales de organización.

Cuando tantos movimientos han sido doblegados por las políticas sociales, brigada obtiene hasta 97 por ciento de sus recursos de la venta de condones, lo que les evita depender de financiamientos externos que puedan generar dependencia o sumisión política, señalan en su página web. El 3 por ciento restante lo obtienen de fundaciones, embajadas, empresas o dependencias del gobierno mexicano, excepto de presidencias municipales, gobiernos estatales o el GDF, que cada vez condicionan más sus aportaciones a la fidelidad política de quienes los obtienen.

Jaime recuerda que el Gobierno del DF quiere expulsar del Centro Histórico a las trabajadoras sexuales, ambulantes, pobres y adictos, y pretenden cerrar o modernizar el mercado La Merced. Elvira agrega que ya cerraron todos los hoteles en la zona, que “ahora utilizan al narco para despojarnos” y que desde 2007 creció la represión, aumentó el trabajo sexual y las desapariciones son un fenómeno nuevo y temible.

Es poco frecuente, en tiempos de posmodernidad con masacres, encontrar espacios plebeyos que irradien espíritu y rabia de clase; abajos con conciencia de clase (como anotan los sabidos). Es reconfortante, pero, sobre todo, es un soplo de vida en este mar de sangre y desesperanza.

Atizar el Fuego

por Raúl Gatica

No, no es la primavera, el verano es el responsable de todo: calor que desnuda, incita y provoca. Es su aire oliendo a ganas, a presagio en tardes rojoaranjadas del otoño asomando las narices por la orilla, invitándonos a morir con ellas y revivir en sus moradoazulecinos resplandores. El verano en su despedida alcanza a llenarnos el cuerpo de vitamina, sudores y ganas desfogadas. Nos deja el cuello torcido de tanto andar como ventiladores con la mirada.

Es estos días, aunque parezca innecesario, ayuda tener unos versos para añadir leños a la hoguera. Atiza la lumbre el salvadoreño Roque Dalton, después pone al cuerpo de refresco, capaz de apagar infiernos. Él, sin estorbos, es alimento, agua, sombra y sombrilla ante un calor que abraza. Es perro mostrando los dientes y muralla de fuego para atajar cualquier mordisco. Es la amada naciendo desde el centro de sus piernas.

Después, el español Miguel Hernández pretendiendo sosiego, alebresta la sangre afirmando en trazos ágiles, filosos y punzantes como estocadas, que en el vientre esta la salvación del mundo, el único remanso donde nada es yermo y ahí los impensables milagros nacen.

Por su lado la española Carmen Conde Abellán no se despega, ni por descuido, del cuerpo femenino. Vive en él, lo conoce y describe mejor que nadie. Hurga en el pelo, esconde aves en las intersecciones de sus extremidades y sus senos son remos para navegar secretos ríos.

La uruguaya Juana de Ibarbourou nos rescata del embrujo. Ella demanda dejar de cosificar a la mujer y amarla por mucho más que su curvas y protuberancias. Con maestría define al cuerpo como amasijo de miserias donde hasta la risa es hueca, lo demás, tierra y alimento de gusanos. La poeta compadece a quien por la carne le busca, por eso sólo le entrega cenizas. Su valor al exaltar a la mujer más allá de su apariencia, y de exigir ser mirada más allá de sus carnes la colocan como pionera del feminismo latinoamericano.

Sí el calor escasea en el verano en estas latitudes norteñas, es el tiempo del cuerpo. Oportunidad para mostrarse sin parecer cebolla cubierto de camisas, suéteres, chamarras e impermeables. Es luz señalando las motas alrededor de la cadera o el vello escabulléndose entre las piernas. Ojalá las varias miradas al cuerpo convivan en el paladar de todos y todas los lectoras de Con o sin badajo, y sin desparpajo ni prisa, encuentre en los poemas siguientes algo de frescura para los calores.

8-nurse-and-volunteer-in-cave-field-hospital-lr

 
DESNUDA
por Roque Dalton

Amo tu desnudez
Porque desnuda me bebes con los poros,
Como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.

Tu desnudez derriba con tu calor los limites,
Me abre todas las puertas para que te adivine,
Me toma de la mano como un niño perdido
Que en ti dejara quietas su edad y sus preguntas.

Tu piel dulce y salobre que aspiro y que sorbo
Pasa a ser mi universo, el credo que me nutre;
La aromática lámpara que alzo estando ciego
Cuando junto a la sombra los deseos me ladran.

Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
Cabes en una copa vecina de mi lengua,
Cabes en mis manos como el pan necesario,
Cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.

El día en que te mueras te enterraré desnuda
Para que limpio sea tu reparto en la tierra,
Para poder besarte la piel en los caminos,
Trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda,
Como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.

 
MENOS TU VIENTRE TODO ES CONFUSO
por Miguel Hernández

Menos tu vientre
todo es confuso.

Menos tu vientre
Todo es futuro
Fugaz, pasado,
Baldío, turbio.

Menos tu vientre
Todo es oculto,
Menos tu vientre
Todo es inseguro,
Todo postrero,
Polvos sin mundo.

Menos tu vientre
Todo es oscuro,
Menos tu vientre
Claro y profundo.

 
HALLAZGO
por Carmen Conde

Desnuda y adherida a tu desnudez.
Mis pechos como hielos recién cortados,
En el agua plana de tu pecho.
Mis hombros abiertos bajo tus hombros.
Y tú, flotante en mi desnudez.

Alzaré mis brazos y sostendré tu aire.
Podrás discernir mi sueño
Porque el cielo descansará en mi frente
Afluentes de tus ríos serán mis ríos.
Navegaremos juntos, tú serás mi vela
Y yo te llevaré por mares escondidos.
¡Qué suprema efusión de geografías!
Tus manos sobre mis manos.
Tus ojos, aves de mi árbol,
En la yerba de mi cabeza.

 
LACERIA
por Juana de Ibarbourou

No codicies mi boca. Mi boca es de ceniza
Y es un hueco sonido de campanas mi risa.

No me oprimas las manos. Son de polvo mis manos,
Y al estrecharla tocas comida de gusanos.

No trences mis cabellos. Mis cabellos son tierra
Con la que han de nutrirse las plantas de la sierra.

No acaricies mis senos. Son de greda los senos
Que te empeñas en ver como lirios morenos.

¿Y aún me quieres amado? ¿Y aún mi cuerpo pretendes
y, largas de deseo, las manos a mi tiendes?

¿Aún codicias, amado, la carne mentirosa
que es ceniza y se cubre de apariencia de rosa?

Bien, tómame. ¡Oh laceria!
¡Polvo que busca al polvo sin sentir su miseria!

El clítoris, ese gran desconocido

por Verónica Gutiérrez Portillo*

El 6 de febrero pasado fue el Día Internacional Contra la Mutilación Genital Femenina (Ablación); fecha escogida por la ONU en 2012 para concienciar, sensibilizar, luchar y encontrar maneras para frenar esta aberrante costumbre en diferentes culturas africanas, además de ser una clara discriminación hacia el género femenino, así como una flagrante violación de los derechos humanos de niñas y mujeres.

Por este motivo, me gustaría escribir este sintetizado artículo sobre el clítoris, como una manera más de combatir esta cruenta, cruel, absurda e inaceptable tradición.

El clítoris, ese pequeño órgano carnoso y eréctil que encontramos en la parte superior de la vulva del aparato genital femenino; ese órgano parcialmente escondido y también desconocido, ha sido y es todavía, objeto de discriminación, persecución cultural y escatimado protagonismo, a pesar de su nombre prácticamente universal y las bondades que ostenta en su reducido tamaño.

Su única función es otorgar placer sexual a la mujer, ya que no tiene una función reproductiva y, sin embargo, cuando se habla del órgano sexual femenino invariablemente se piensa en la vagina, cuando es el clítoris el que merece ostentar dicho título al ser mucho más sensible (extremadamente) y el causante directo de todos los orgasmos femeninos, ya que por él discurren los nervios sensitivos (dorsales) y, en términos generales, una gran cantidad de terminaciones nerviosas (ocho mil en su parte externa –el doble de las del pene– comunicadas con otras 15 mil en la región pélvica).

El clítoris, al igual que el pene, posee capuchón, glande y cuerpos cavernosos que se llenan de sangre con la excitación sexual.

Recientemente, se ha empezado a hablar del complejo uretra-clítoris-vagina, una zona de estimulación erótica y sensorial muy potente, de la que todavía queda mucho por descubrir.

En 2011 expertos de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey, Estados Unidos) crearon un mapa cerebral del placer sexual femenino, utilizando escáneres para identificar las áreas del cerebro involucradas en la excitación de los genitales femeninos, lo que reveló que la estimulación del clítoris no es la única que activa la corteza sensorial, puesto que también la estimulación de la vagina, el cuello uterino y los pezones desencadenan respuestas cerebrales.

Fue apenas en 1998 cuando se describió la anatomía completa del clítoris por la uróloga australiana Helen O’Connell a través de imágenes por resonancia magnética. Posteriormente, dos investigadores franceses, los doctores Odile Buisson y Pierre Foldès, crearon el primer sonograma completo en 3D de un clítoris estimulado. No obstante, fueron los estudios de Bill Masters y Virginia Johnson los que lanzaron el clítoris a la fama aseverando que la mujer a menudo no queda satisfecha con una única experiencia orgásmica y demostrando que la mujer bien puede prescindir del hombre al descubrir una sexualidad femenina independiente del coito con los hombres.

El mecanismo del clítoris es muy similar al del pene; como éste, tiene erecciones y eyacula, y al ser un cuerpo cavernoso, también se ve afectado por patologías como la hipertensión, la diabetes y por el ineludible paso del tiempo.

El clítoris es una parte de la anatomía femenina delicada y sensible que debe ser tratada como tal, algo que la mayoría de los hombres todavía desconoce.

 

* Médico familiar de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco