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Gases

Mi abuelo, un indio Ñuu Savi, sabía del comportamiento del clima con el rebuznar y desenvainar del ‘instrumento’ de su burro Músico. Como el pulpo Paúl, casi no fallaba.

—Si Músico apunta su ‘cornetota’ al cielo, no es calentura lo que padece: avisa de gemidos, estertores, sufrimientos, dolores y sudores de la madre tierra, que también está viva —decía el abuelo.

Con el devenir del tiempo, pese a que la ciencia y sus científicos han inventado máquinas para medir todo, no atinan a ponerse de acuerdo sobre lo que pasa con el clima. Desconcertados, acusan a los gases de efecto invernadero de los inviernos cálidos y veranos con heladas y granizadas, o de lluvias, nevadas y sequías súbitas.

Hoy día, las estaciones ya no pueden medirse sólo con el calendario. Ya no sabemos si calorones y heladas nos enredarán primavera con invierno, verano con otoño. Tampoco cuándo los ciclones despeinarán el clima y desgajarán montañas. Menos aún si nevadas y aguaceros arrasarán la cachondez de los lugares turísticos con ríos desbordados, tsunamis o avalanchas insospechados; o dónde terremotos desmoronarán edificios y abrirán la tierra para tragarse a la vida con ansias de amante desesperado. Cada vez es más complicado prever la respuesta de la tierra ante tanta violación. Vamos rápido y derecho a la mierda, si es que no estamos ya ahí.

Y pensar que todo pasa porque comenzamos a calentarnos. Hablamos del planeta, no del endurecimiento del badajo o la humedad femenil resultado de atrevidos tocamientos. Tan es verdad que diversos científicos afirman que 2016 fue el año más cálido en la historia humana: 1.1 grado por arriba del establecido en la era preindustrial. Además, científicos de la Universidad de Stanford afirman que el día más caluroso del año en distintas partes del mundo está relacionado con el cambio climático.

Y aquí las opiniones de los expertos se dividen. Algunos sostienen que la calentura planetaria resulta de los gases efecto invernadero, a su vez consecuencia de pornográficas penetraciones de cemento y asfalto por todos lados. Succiones exageradas de mantos acuíferos, petróleo y gas natural. Desfloramientos forzados de la tierra por la minería salvaje y devastaciones forestales que van dejando nuestro hábitat desértico, infértil, yermo y casi frígido.

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Otros declaran que no es sólo la acción humana la responsable del calentamiento global y sus daños colaterales irreversibles. Insisten en la responsabilidad del gas metano liberado a lo largo del globo, particularmente en la tundra ártica y los pantanos. También insinúan que nos calentamos a pedos. Sí, a pedos. Al menos eso se infiere de lo publicado por la revista Current Biology, afirmando que los dinosaurios saurópodos – o gigantes herbívoros – podrían haber provocado el calentamiento climático de la Tierra a través de sus flatulencias. Mencionan que esos dinosaurios producían mucho más metano que todas las fuentes de contaminación moderna juntas.

Independientemente de quién genere el calentamiento global, la Academia Nacional de Ciencias de USA señaló que la influencia del cambio de temperatura provocó 57% de los récords de menos lluvia, y 41% de los récords de lluvias abundantes en un año. Y para rematar, la revista Science pronostica que el calentamiento global incrementará las sequías y aguaceros en este 2017.

Y mientras los científicos se ponen de acuerdo en lo que pasa, lo cierto es que como los indígenas aseguran, la tierra es organismo vivo y los ‘desastres naturales’ son su respuesta a las acciones humanas emprendidas contra ella. Por eso no todos los calentones conducen al gozo y placer, tan así que, según la ONU, ya están a la vista: cuatro potenciales hambrunas en forma simultánea por primera vez en la historia. Más de 20 millones de personas corren el riesgo de morir de hambre debido a sequías y a conflictos en Yemen, Somalia, Sudán del Sur y el noroeste de Nigeria, mientras más de 100 millones enfrentan malnutrición aguda en todo el mundo. Además, el derretimiento de los glaciares e incremento del nivel del mar pondrá en peligro de extinción a las comunidades indígenas y especies animales de los Polos. Quizás por estas evidencias, finalmente los científicos salieron a las calles para convocarnos a frenar nuestra propia destrucción.

En fin, mientras se resuelve si es verdad que la extinción de los dinosaurios se debió a que eran muy pedorros, ante el panorama apocalíptico retomemos a Revueltas, quien dice que el horror cotidiano puede ser sustento de una buena narración. De ahí que los y las Cencerros les invitamos a mugirnos al menos sus comentarios sobre esta edición a rumiantes@elcencerro.ca

Las editoras y los editoros

 

La costilla que no fue Eva

por los Editoras

Por sus diversas apariencias, constitución, funciones y hasta por lo que hace y no reconocemos, el cuerpo humano fascina. En su anatomía caben imaginación, lascivia, miedo, placer, pudor, conflicto, prejuicio, negocio, desconocimiento y culto. Él inspira todo y a todos: desde la religión divinizándolo al grado de presentarlo como semejanza de Dios, o creador de Eva, hasta los caníbales, quienes seguramente le encuentran un sabor particular para preferirlo en lugar de otros animales.

Pero el conjunto de huesos, músculos, sistemas, órganos y demás, también es campo de batalla. Discusiones éticas y estéticas sobre la belleza y cuidado del cuerpo han ido y venido. Hoy día la concepción occidental predomina y para acomodarse a su canon, hombres y mujeres recurren a plantarse un nuevo trasero, tetas más grandes, pelo rejuvenecido, otra cara y hasta piel. Ya ni hablemos de las mascarillas de semen para tener apariencia fresca, o curarse la calvicie con jugos vaginales. Frankensteins recargados pululan por el mundo cumpliendo dictados hegemónicos.

El concepto actual del cuerpo va otorgándole a éste el rol de refaccionaría y que todo en él es reemplazable. Así las cosas, poco importa saber que tenemos entre 206 y 210 huesos, 639 músculos, 21 órganos, o 12 sistemas. Que entre los primeros, el estribo, localizado en el oído, mida menos de un milímetro. O que el músculo del párpado se mueva hasta cinco veces por segundo y que el masetero desarrolle, al masticar, una fuerza equivalente a 100 kg. Y no interesa porque si la afectación del nervio lumbar paraliza el dedo gordo del pie, se prefiere reemplazar el dedo en lugar de atender el mal desde su origen.

Sí, el cuerpo es una mercancía, una ‘refaccionaria’ donde dinero y ciencia son aliados indispensables y donde los pobres llevan la peor parte. El primero compra al segundo para resolver ‘desperfectos’. Un buen cirujano resuelve casi cualquier cosa, siempre y cuando consigan: sangre, medula ósea, corneas, corazones, hígados, etc., hasta semen y vientres para tener hijos. Desde esa cultura, hierbas, camotes y penicilinas son cosa del pasado y la ética, un asunto de dinosaurios. El modelo impuesto destaza a pobres para traficar sus partes.

Y conste, nuestra manada no está contra la ciencia. Más allá de comerciantes de la salud y la belleza, la ciencia ha mejorado la calidad de vida. Desde luego persisten conflictos éticos sobre la muerte asistida, la clonación, el reemplazo de órganos, la renta de úteros, etc. Eso no implica que neguemos el derecho de cualquiera a decidir sobre su cuerpo, pero la cosificación extrema del cuerpo genera dudas. Eso sí, nos negamos a aceptar el uso de la ciencia para bienestar de unos y desgracia de otros.

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Sin duda, muchos debates están por venir con el devenir de la ciencia y el tiempo. Ahí la justificación de la muerte asistida, como una forma de respeto al cuerpo y derecho individual, será la menos complicado. Desde nuestro corral berreamos que de nada servirá la ciencia y el desarrollo de la humanidad si al cuerpo no se le honra ni aprecia. Una falta de respeto al mismo es su explotación laboral, la tortura, la muerte por guerra y hasta la prolongación de la agonía o el sufrimiento por cualquier causa. Una deshonra es la existencia de hombres y mujeres obligados a vender su sexo, fuerza, habilidades, o incluso piezas de su cuerpo para sobrevivir. Así que mientras la hora del Apocalipsis del cuerpo llega, usted que tiene uno, no deje que se le oxide, úselo, compártalo y disfrútelo en todo lo que pueda. Después ya no hay después.

Y en esta edición, en que ni las vacas salvan las ubres, en nuestro establo seguimos defendiendo el disfrute del cuerpo al natural, sin comprar ni pagar nada y sin joderle ni una pestaña del otro. Así que mándenos sus hígados y bofes a rumiantes@elcencerro.ca para remendarle el cuerpo a este número.

Entrevista a Serge Alternês, autor de Live Souls

por Fabricio Tocco Chiodini

Almas que vuelven a vivir: retratos inéditos

de las Brigadas Internacionales

a 80 años de la Guerra Civil española.

La historia de Alec Wainman, tu padre, es fascinante. Me gustaría que lo presentaras a los lectores de El Cencerro.

Efectivamente, la vida de Alec es muy interesante. Era de familia inglesa por parte paterna y estadounidense por parte materna. Se crió en Inglaterra, en el seno de una familia de cuatro hermanos, durante los primeros quince años del siglo pasado. En 1920, su madre enviudó y se mudó con toda la familia a un rancho en Vernon, Canadá, no lejos de Kalamalka Lake. Tanto mi padre como sus hermanos se formaron durante los primeros años de existencia de la Universidad de British Columbia. Después de esos años canadienses, mi padre desarrolló una predilección por los idiomas, de modo que volvió a Europa para estudiar Lenguas Modernas en Oxford. En particular, italiano y ruso, que tenía sólo dos estudiantes. Su compañera fue Masha Williams, autora de White Among the Reds, un libro muy interesante y divertido en el que escribe sobre Alec. Luego, mi padre pasó un año en la Unión Soviética, como secretario de la embajada inglesa de Moscú. Más tarde se mudó a Hannover, para estudiar alemán mientras vivía en la casa de una familia afiliada al partido nacional-socialista. En agosto de 1936, se trasladó a España al principio de la Guerra Civil, como voluntario médico por la causa republicana. Fue chofer de ambulancia, con apenas dos calificaciones: sabía un poco de español (no mucho, en realidad lo que él hablaba era italiano) y contaba con un carnet de conducir pero canadiense, detalle importante, ya que nuestras calles son mucho más duras que las europeas [Risas].

¿Qué crees que percibieron en el fascismo tanto tu padre como las decenas de jóvenes veinteañeros extranjeros retratados en tu libro Live Souls? ¿Qué crees que los llevó a arriesgar sus vidas involucrándose en un conflicto que a primera vista parece ajeno?

Me acuerdo muy bien las palabras de mi padre al respecto: él consideraba que el fascismo en Europa era un peligro grandísimo, no sólo a nivel militar sino también humano. Mi padre estaba convencido de que el fascismo podía ser derrotado con la ayuda de una fuerte movilización internacional. Creo que hay un gran paralelismo, en este sentido, con las Guerras de los Balcanes, que yo experimenté en primera persona años más tarde: sólo una intervención internacional pudo detener esas guerras. Por supuesto que en el caso de la Guerra Civil Española dicha intervención no se produjo nunca y las fuerzas aliadas se involucraron demasiado tarde. Creo que estos casos demuestran cómo en algunos conflictos son necesarias las intervenciones, no necesariamente militares, pero sí diplomáticas o políticas.

Según lo que recuerdas que tu padre te contó y a partir de la investigación que hiciste para Live Souls, ¿por qué piensas que Inglaterra y Francia no quisieron intervenir?

Creo que había un temor muy grande: el comunismo. Había una férrea creencia de que la República española se convertiría en un gobierno títere de la Unión Soviética, algo falso, por otra parte, ya que había fuerzas democráticas del bando republicano. Por supuesto que también había extremismos, en particular, muchos excesos anticlericales. Pero bien entrada la guerra, la República tomó las riendas del asunto. El gobierno de Juan Negrín, probablemente, fue el mejor que tuvo España en el siglo XX hasta el comienzo de la Guerra. El problema es que estaba peleando una batalla perdida desde su comienzo, porque no tenía apoyo internacional. Más allá del soporte soviético, que sólo les permitió mantenerse a flote pero que no les proporcionaba los recursos para ganar una guerra. La ayuda de México fue en gran medida simbólica, muy importante en términos emocionales: fueron los únicos que entendieron a los españoles, pero no resultó decisiva a nivel militar.

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En la presentación de Live Souls en la librería de East Vancouver, «People’s Co-Op», en el 80º aniversario del levantamiento de Franco que dio inicio a la Guerra Civil Española, se mencionó la falta de reconocimiento estatal de los voluntarios anglosajones. Me gustaría que habláramos un poco de ello. Mientras Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña celebran haber salvado a Europa del nazismo o en la actualidad de haber «salvaguardado» presuntamente la democracia en Iraq o Afganistán, ¿por qué se ningunea la contribución de las Brigadas Internacionales a la causa republicana en España?

Es una muy buena pregunta. Creo que hay muy pocos países que llegaron a asimilar esa experiencia. Diría que Francia es el único país en haber reconocido oficialmente a los voluntarios que combatieron en la Guerra Civil Española, (tienen pensión de veteranos). Es importante recordar que Jacques Chirac, un líder conservador, fue el que puso esto en práctica, de modo que no fue por una cuestión puramente ideológica, sino de honor. Pienso que Francia estuvo muy bien al llevar a cabo este reconocimiento. Mi creencia es que el estigma era tan grande en otros países, al punto tal que a algunos les confiscaron sus pasaportes, no podían regresar a sus hogares. Mi padre, por ejemplo, una vez terminada la guerra, estuvo desempleado en Inglaterra durante dos o tres años porque lo consideraban un rojo, sin perspectiva alguna de futuro.

¿Cómo fue tu pesquisa casi detectivesca para encontrar las fotos que tomó tu padre?

Duró casi cuarenta años, que se hicieron eternos y parecían que no iban a desembocar en ninguna parte. Ya prácticamente yo no tenía nada de esperanza. Mi padre había perdido mucha memoria por culpa del Alzheimer: olvidó muy pronto su experiencia en la Guerra. Para ese entonces, yo ya me había mudado a Europa para empezar una vida nueva y había dado por perdido ese archivo. Sólo fue de casualidad, después de mucho mirar y revolver su correspondencia, que di con lo que buscaba: una de las editoras de un libro sobre las Brigadas Internacionales que contenía doscientas fotos tomadas por mi padre. Fue ella quien me permitió acceder a todo el archivo.

¿Qué nos dice Live Souls del dolor y el trauma que padecieron las generaciones testigos de la trágica primera mitad del siglo XX?

Es un buen punto. Haciendo este proyecto yo aprendí más del siglo XX, sobre todo de la primera mitad, que en todo el resto de mi vida. Es evidente que la Guerra Civil Española no fue un evento aislado pero no sólo está conectado con hitos históricos de esa primera mitad, sino también de la segunda, como mencionábamos antes el caso de los movimientos de liberación, el caso sudafricano, las Guerras Balcánicas, etc. Live Souls da una perspectiva enorme porque todo está conectado: fue la Segunda Guerra Mundial antes de la Segunda Guerra Mundial, fue una situación de emergencia y desplazamiento masivo de población. El 80% ó 90% de los países estuvo representado en los civiles que pelearon en España en una guerra que no era estrictamente suya pero que era vista como un conflicto global.

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¿Qué piensas cuando ves las fotos de tu padre desde el siglo XXI? ¿Qué se te viene a la cabeza si te recuerdo la tensión social y la inestabilidad política que atraviesa Europa, con la presencia siempre latente del fascismo y estados que se pelean por ver cuál recibe menos refugiados políticos?

Las imágenes me dan mucha esperanza y un sentido de humanidad inmensa. Soy optimista: las personas tienen una capacidad de transformación enorme. Aquello que podemos aprender de las fotos que realizó mi padre durante la Guerra Civil española tiene que ver con lo que los franceses denominan acte gratuit, es decir, los gestos desinteresados, la ayuda por pura empatía y solidaridad. El respaldo humanitario por las causas de los refugiados, el apoyo médico en países en conflicto, son todas cuestiones que se están volviendo cada vez más habituales. Estamos en una sociedad cada vez más violenta, de modo que incluso Médecins du Monde y Médecins Sans Frontières experimentan dificultades para hacer su trabajo en muchos lugares. La situación es realmente terrible en algunos de ellos, como sucede en Oriente Medio, por ejemplo. Yo siento que las fotos de mi padre expresan ese espíritu humano, esa fuente de bondad inagotable. Es la luz en sus rostros de la que habla Jon Beasley Murray en su artículo para The Tyee, esa luz que refleja esperanza, entusiasmo y alegría.

(link para el artículo de Jon: http://www.thetyee.ca/Culture/2016/07/15/New-Glimpses-of-Fighting-Fascists/)

La esquina es de quien la trabaja

por Raúl Zibechi

La pasada semana participé como invitado en un encuentro de trabajadoras sexuales en el local de Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez, enclavado en el mercado de La Merced, en el centro del Distrito Federal. Sólo conocía a tres de sus integrantes y fundadoras (Elvira Madrid, Jaime Montejo y Rosa Madrid) en encuentros de movimientos populares y en convocatorias del zapatismo.

En la reunión participaron unas 50 trabajadoras sexuales, en un pequeño departamento donde funciona la clínica que ofrece servicios como Papanicolau, pruebas rápidas de detección de VIH/sida, colposcopia, electrocirugía y cirugía láser, tratamiento de infecciones de transmisión sexual, odontología, acupuntura, masoterapia y atención sicológica, que financian con la venta de los condones Encanto.

El ambiente es difícil de definir porque no se parece en nada a las reuniones de los movimientos sociales y las izquierdas. Habría que remontarse a los encuentros de obreros anarquistas, un siglo atrás, para encontrar referencias válidas. Las trabajadoras sexuales auto-organizadas en la brigada son personas de corazón grande y palabra directa, sin vueltas ni retórica, capaces de explicar sus tremendas vivencias con la naturalidad propia de las de abajo.

Comenzó a circular la palabra. Había mujeres y transexuales de tres generaciones, ya que comenzaron a organizarse hace más de 25 años. La organización se rige por una asamblea general integrada en su mayoría por trabajadoras sexuales que se han aglutinado, desde 1997, bajo el nombre público de Red Mexicana de Trabajo Sexual, destaca uno de sus múltiples documentos.

En la mesa estaban Elvira, Patricia Mérida y Krizna. Sus intervenciones fueron extraordinarias, sencillas, profundas, cristalinas, conmovedoras hasta las lágrimas, que en esas tres horas rodaron tanto como las palabras. Lágrimas de dignidad y de rabia. En sus voces hablaron la explotación de padrotes y madrotas, la violencia de policías abusivos, las violaciones, los golpes y el encarcelamiento, el secuestro de hijos e hijas, las carreras contra las transexuales a quienes la policía rapaba y daba manguerazos.

El clímax fue la intervención de Betty. Sonrisa ingenua, lanza en tono inocente una pregunta demoledora. ¿Cuál es su intención con esto?, en referencia a la información que se lleva el periodista. Una trabajadora sexual interpela al periodista invitado. Es la síntesis de un proceso de décadas, del crecimiento desde abajo, de la dignidad de no sentirse menos que nadie. No es desconfianza en el otro; es poder, capacidad de interrogar que sólo nace de la autoestima y la confianza en sí misma.

Para llegar a ese lugar recorrieron un largo camino. Antes tenían que pedir permiso a las madrotas para trabajar en la calle, ahora tienen cooperativas, explica Alma, hasta con 160 integrantes. Antes nos caíamos gordas unas a otras, ahora están unidas. Chabela recuerda que las llamaban foco de infección, pero ahora son promotoras de salud formadas en los talleres de la brigada.

Lupita, China, Isabel, Ramona junto a su hijo, evocan un pasado de humillaciones en hospitales y violaciones grupales en las calles, cuando las detenciones duraban hasta 15 días. Mi vida era droga diaria, recuerda Betty. Todo eso se acabó, replica alguna. En 2014 el Gobierno del Distrito Federal debió reconocerlas como trabajadoras no asalariadas. Algunas, como Mérida, gracias a la brigada, estudiaron primaria, secundaria y computación. Otras se desempeñan como periodistas gracias a los talleres que imparte, solidariamente, Gloria Muñoz.

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Así fue naciendo un sujeto colectivo. Somos parte de una familia, explica Elvira, cuya vida cambió el día que las conoció. Transitar de objetos a sujetos, de putas a trabajadoras dignas, es un camino que sólo puede explicarse, y entenderse, desde la carne adolorida y las lágrimas rodando sobre la mejilla. No existe tesis ni plataforma capaz de hacerlo. Es vida y sólo vale sentirla.

Brigada callejera tiene su decálogo de principios: apoyo mutuo, decisiones por consenso, unidad de acción, franqueza y no simulación, ser políticamente incorrectos o sea no instrumentales, buscar lo común con otros y no la perfección, no colaboración con el Estado y megaproyectos de grandes corporaciones, no violencia, no injerencia en asuntos internos de otros movimientos y autodeterminación.

Integran la Red de Resistencias Autónomas Anticapitalistas y la Otra Campaña convocada por el EZLN. Han creado la Agencia de Noticias Independiente Noti-calle y las iniciativas de Radio Talón y Tv calle. Cuando alguien propuso hacerse sindicato, la transexual Krizna recordó que rechazan las formas verticales de organización.

Cuando tantos movimientos han sido doblegados por las políticas sociales, brigada obtiene hasta 97 por ciento de sus recursos de la venta de condones, lo que les evita depender de financiamientos externos que puedan generar dependencia o sumisión política, señalan en su página web. El 3 por ciento restante lo obtienen de fundaciones, embajadas, empresas o dependencias del gobierno mexicano, excepto de presidencias municipales, gobiernos estatales o el GDF, que cada vez condicionan más sus aportaciones a la fidelidad política de quienes los obtienen.

Jaime recuerda que el Gobierno del DF quiere expulsar del Centro Histórico a las trabajadoras sexuales, ambulantes, pobres y adictos, y pretenden cerrar o modernizar el mercado La Merced. Elvira agrega que ya cerraron todos los hoteles en la zona, que “ahora utilizan al narco para despojarnos” y que desde 2007 creció la represión, aumentó el trabajo sexual y las desapariciones son un fenómeno nuevo y temible.

Es poco frecuente, en tiempos de posmodernidad con masacres, encontrar espacios plebeyos que irradien espíritu y rabia de clase; abajos con conciencia de clase (como anotan los sabidos). Es reconfortante, pero, sobre todo, es un soplo de vida en este mar de sangre y desesperanza.

Atizar el Fuego

por Raúl Gatica

No, no es la primavera, el verano es el responsable de todo: calor que desnuda, incita y provoca. Es su aire oliendo a ganas, a presagio en tardes rojoaranjadas del otoño asomando las narices por la orilla, invitándonos a morir con ellas y revivir en sus moradoazulecinos resplandores. El verano en su despedida alcanza a llenarnos el cuerpo de vitamina, sudores y ganas desfogadas. Nos deja el cuello torcido de tanto andar como ventiladores con la mirada.

Es estos días, aunque parezca innecesario, ayuda tener unos versos para añadir leños a la hoguera. Atiza la lumbre el salvadoreño Roque Dalton, después pone al cuerpo de refresco, capaz de apagar infiernos. Él, sin estorbos, es alimento, agua, sombra y sombrilla ante un calor que abraza. Es perro mostrando los dientes y muralla de fuego para atajar cualquier mordisco. Es la amada naciendo desde el centro de sus piernas.

Después, el español Miguel Hernández pretendiendo sosiego, alebresta la sangre afirmando en trazos ágiles, filosos y punzantes como estocadas, que en el vientre esta la salvación del mundo, el único remanso donde nada es yermo y ahí los impensables milagros nacen.

Por su lado la española Carmen Conde Abellán no se despega, ni por descuido, del cuerpo femenino. Vive en él, lo conoce y describe mejor que nadie. Hurga en el pelo, esconde aves en las intersecciones de sus extremidades y sus senos son remos para navegar secretos ríos.

La uruguaya Juana de Ibarbourou nos rescata del embrujo. Ella demanda dejar de cosificar a la mujer y amarla por mucho más que su curvas y protuberancias. Con maestría define al cuerpo como amasijo de miserias donde hasta la risa es hueca, lo demás, tierra y alimento de gusanos. La poeta compadece a quien por la carne le busca, por eso sólo le entrega cenizas. Su valor al exaltar a la mujer más allá de su apariencia, y de exigir ser mirada más allá de sus carnes la colocan como pionera del feminismo latinoamericano.

Sí el calor escasea en el verano en estas latitudes norteñas, es el tiempo del cuerpo. Oportunidad para mostrarse sin parecer cebolla cubierto de camisas, suéteres, chamarras e impermeables. Es luz señalando las motas alrededor de la cadera o el vello escabulléndose entre las piernas. Ojalá las varias miradas al cuerpo convivan en el paladar de todos y todas los lectoras de Con o sin badajo, y sin desparpajo ni prisa, encuentre en los poemas siguientes algo de frescura para los calores.

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DESNUDA
por Roque Dalton

Amo tu desnudez
Porque desnuda me bebes con los poros,
Como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.

Tu desnudez derriba con tu calor los limites,
Me abre todas las puertas para que te adivine,
Me toma de la mano como un niño perdido
Que en ti dejara quietas su edad y sus preguntas.

Tu piel dulce y salobre que aspiro y que sorbo
Pasa a ser mi universo, el credo que me nutre;
La aromática lámpara que alzo estando ciego
Cuando junto a la sombra los deseos me ladran.

Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
Cabes en una copa vecina de mi lengua,
Cabes en mis manos como el pan necesario,
Cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.

El día en que te mueras te enterraré desnuda
Para que limpio sea tu reparto en la tierra,
Para poder besarte la piel en los caminos,
Trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda,
Como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.

 
MENOS TU VIENTRE TODO ES CONFUSO
por Miguel Hernández

Menos tu vientre
todo es confuso.

Menos tu vientre
Todo es futuro
Fugaz, pasado,
Baldío, turbio.

Menos tu vientre
Todo es oculto,
Menos tu vientre
Todo es inseguro,
Todo postrero,
Polvos sin mundo.

Menos tu vientre
Todo es oscuro,
Menos tu vientre
Claro y profundo.

 
HALLAZGO
por Carmen Conde

Desnuda y adherida a tu desnudez.
Mis pechos como hielos recién cortados,
En el agua plana de tu pecho.
Mis hombros abiertos bajo tus hombros.
Y tú, flotante en mi desnudez.

Alzaré mis brazos y sostendré tu aire.
Podrás discernir mi sueño
Porque el cielo descansará en mi frente
Afluentes de tus ríos serán mis ríos.
Navegaremos juntos, tú serás mi vela
Y yo te llevaré por mares escondidos.
¡Qué suprema efusión de geografías!
Tus manos sobre mis manos.
Tus ojos, aves de mi árbol,
En la yerba de mi cabeza.

 
LACERIA
por Juana de Ibarbourou

No codicies mi boca. Mi boca es de ceniza
Y es un hueco sonido de campanas mi risa.

No me oprimas las manos. Son de polvo mis manos,
Y al estrecharla tocas comida de gusanos.

No trences mis cabellos. Mis cabellos son tierra
Con la que han de nutrirse las plantas de la sierra.

No acaricies mis senos. Son de greda los senos
Que te empeñas en ver como lirios morenos.

¿Y aún me quieres amado? ¿Y aún mi cuerpo pretendes
y, largas de deseo, las manos a mi tiendes?

¿Aún codicias, amado, la carne mentirosa
que es ceniza y se cubre de apariencia de rosa?

Bien, tómame. ¡Oh laceria!
¡Polvo que busca al polvo sin sentir su miseria!

El clítoris, ese gran desconocido

por Verónica Gutiérrez Portillo*

El 6 de febrero pasado fue el Día Internacional Contra la Mutilación Genital Femenina (Ablación); fecha escogida por la ONU en 2012 para concienciar, sensibilizar, luchar y encontrar maneras para frenar esta aberrante costumbre en diferentes culturas africanas, además de ser una clara discriminación hacia el género femenino, así como una flagrante violación de los derechos humanos de niñas y mujeres.

Por este motivo, me gustaría escribir este sintetizado artículo sobre el clítoris, como una manera más de combatir esta cruenta, cruel, absurda e inaceptable tradición.

El clítoris, ese pequeño órgano carnoso y eréctil que encontramos en la parte superior de la vulva del aparato genital femenino; ese órgano parcialmente escondido y también desconocido, ha sido y es todavía, objeto de discriminación, persecución cultural y escatimado protagonismo, a pesar de su nombre prácticamente universal y las bondades que ostenta en su reducido tamaño.

Su única función es otorgar placer sexual a la mujer, ya que no tiene una función reproductiva y, sin embargo, cuando se habla del órgano sexual femenino invariablemente se piensa en la vagina, cuando es el clítoris el que merece ostentar dicho título al ser mucho más sensible (extremadamente) y el causante directo de todos los orgasmos femeninos, ya que por él discurren los nervios sensitivos (dorsales) y, en términos generales, una gran cantidad de terminaciones nerviosas (ocho mil en su parte externa –el doble de las del pene– comunicadas con otras 15 mil en la región pélvica).

El clítoris, al igual que el pene, posee capuchón, glande y cuerpos cavernosos que se llenan de sangre con la excitación sexual.

Recientemente, se ha empezado a hablar del complejo uretra-clítoris-vagina, una zona de estimulación erótica y sensorial muy potente, de la que todavía queda mucho por descubrir.

En 2011 expertos de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey, Estados Unidos) crearon un mapa cerebral del placer sexual femenino, utilizando escáneres para identificar las áreas del cerebro involucradas en la excitación de los genitales femeninos, lo que reveló que la estimulación del clítoris no es la única que activa la corteza sensorial, puesto que también la estimulación de la vagina, el cuello uterino y los pezones desencadenan respuestas cerebrales.

Fue apenas en 1998 cuando se describió la anatomía completa del clítoris por la uróloga australiana Helen O’Connell a través de imágenes por resonancia magnética. Posteriormente, dos investigadores franceses, los doctores Odile Buisson y Pierre Foldès, crearon el primer sonograma completo en 3D de un clítoris estimulado. No obstante, fueron los estudios de Bill Masters y Virginia Johnson los que lanzaron el clítoris a la fama aseverando que la mujer a menudo no queda satisfecha con una única experiencia orgásmica y demostrando que la mujer bien puede prescindir del hombre al descubrir una sexualidad femenina independiente del coito con los hombres.

El mecanismo del clítoris es muy similar al del pene; como éste, tiene erecciones y eyacula, y al ser un cuerpo cavernoso, también se ve afectado por patologías como la hipertensión, la diabetes y por el ineludible paso del tiempo.

El clítoris es una parte de la anatomía femenina delicada y sensible que debe ser tratada como tal, algo que la mayoría de los hombres todavía desconoce.

 

* Médico familiar de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco

El Archivo de La Isla

por Ilan Semo[1]

Es famoso que Walter Benjamin advirtió alguna vez que no existe documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie. Nada remite a la presa sobre la que se erige todo pasado cultural más que un orden inconexo, o ya invisible en tanto que orden, de ruinas y vestigios de ruinas. Son los vencederos los que gozan del atributo de proyectar a la devastación que les abrió paso como un patrimonio cultural. Sin embargo, Benjamin nunca aclaró dónde podría yacer la remisión (o el residuo) de la espectralidad de la historia, la historia entendida (y vivida) como multiplicidad de pasados posibles, suprimidos en su mayoría de (y por) los documentos de la cultura. No habría entonces acaso que preguntarse por la pequeña llama encerrada en la inversión de su sentencia: ¿qué pasaría si un documento de barbarie devienera en un documento de cultura?

Nada más difícil, ambiguo y arduo que recobrar a las voces lejanas e inaudibles de esa multiplicidad suspendida, arruinada por los espectáculos y las fabulaciones de sus mudos triunfadores. Pero hay siempre, así sea como callada latencia, una pequeña ventana, un atisbo de sombras, por donde esa mirada despierta a ese otro ángel de la historia, el ángel que no deja atrás a uno solo de sus muertos. Latencia es simplemente lo que yace oculto que (sin poder) se esfuerza por salir a la luz.

Porque la historia –si es que Reinhart Koselleck tuvo un momento de inspiración– no la escriben los vencedores. Ellos la celebran. Por el contrario, la escriben, en tanto que deriva absoluta de todo aquello que permanece, los vencidos. Aquellos que escriben desde el frente de la derrota. El mismo frente que atisbó a Tucidides y a Maquiavelo, a Tocqueville y al mismo Benjamin. La razón no es compleja. Son los que se preguntan por qué pasó lo que pasó. ¿Por qué no pudo ser de otra manera? ¿Cómo salir de la parálisis? Aquellos que escriben desde el horizonte de las presencias invisibles que dan sentido a lo que aparentemente acaba por perder sentido. El sin sentido en posesión del olvido.

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La Isla. Archivo de una tragedia”, el documental del cineasta alemán Uli Stelzner sobre el sorpresivo hallazgo del principal centro de documentación de la Policía Nacional de Guatemala, es el patente testimonio de la promesa que puede encerrar convertir un documento de barbarie en uno de la cultura contra el olvido.

El documental fue estrenado originalmente hace cinco años en Holanda y hace cuatro en Guatemala, no obstante las intimidaciones y las amenazas de bomba a la sala donde se proyectó. Preocupado por las amenazas, el cineasta se dirigió con el embajador alemán en Guatemala. Éste le respondió: ¡lo mejor es consultar con el embajador de EU! Hay quien dice que Europa se está muriendo; esa tarde murió un poco en Guatemala. Uli no le hizo caso. La exhibición fue un éxito cinematográfico y político.

En 2005, un incendio consumió las instalaciones de La Isla, uno de los centros de detención y tortura donde se alojaba la Policía Nacional. De sus sótanos emergieron ¡ochenta millones! de documentos que cubren la historia de la policía guatemalteca en la mayor parte del siglo XX. Los papeles se encontraban en el fango, muchos semi destruidos, otros mojados, otros más semi quemados. Comenzó la labor de curaduría por parte de las comisiones de derechos humanos.

Estación Albán1

Lentamente la información empezó a dar sentido a lo que ocurrió en Guatemala entre 1960 y 1995. Y sólo hay una palabra para describirlo: el mayor holocausto humano y político en la historia de las dicataduras de América Latina. Más de 160 mil muertos; muchos de ellos torturados y vejados. Más de 40 mil desaparecidos.

Tres décadas y media de depredación que exterminaron a franjas enteras de la oposición política, a pueblos y aldeas de las regiones indígenas y a miles y miles de ciudadanos simplemente indiferentes.

La fuerza del documental no radica, sin embargo, en la integridad de su denuncia, sino en su lenguaje. No es el lenguaje del periodismo ni del discurso de lo político. Es el que Paul Celam definió alguna vez como el único lenguaje capaz de convertir al duelo interrumpido de quienes fueron expropiados de rostro, historia y memoria en desafuero de las almas del presente: el lenguaje de la poesía.

En La Isla la muerte es un asunto estrictamente de los vivos, de los sobrevivientes: no el duelo por las víctimas–como sugieren los aterradores estudios actuales sobre la tolerancia y la reconciliación–, sino el rencuentro con los estratos más profundos de la historia.

La única manera en que la historia, para Benjamin, se convierte en señal de alerta para los vivos: el mandato de la reparación. Es decir, la confianza en dotar el sentido de la otra historia, la no visible, la incautada por el archivo, para enmudecer a los documentos triunfantes de la cultura.

[1]   Investigador, académico e historiador. Actualmente es académico del Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana.

Estación de Albán - Colombia

Estación Latinoamérica

por Belén Febres-Cordero

Nuestra historia y nuestro idioma. Alegría y ansias compartidas de luchar. El cacao y el tomate, ingredientes que utilizamos para cocinar platos tan variados como los tonos de nuestra piel. Una sola piel. Arraigo a la familia y a las raíces que nos sujetan a nuestra tierra, Latinoamérica, para que podamos germinar.

Santiago Rincón Leuro – psicólogo de profesión y fotógrafo apasionado – lleva el cariño por esta porción del mundo marcado en el alma como tatuaje en la piel. Aprendió a querer a Bogotá, su ciudad natal, de la mano de su abuelo. “De niño me paseaba por el centro de la capital contándome historias de las casas, calles y edificios. Mucho de lo que él me enseñó se materializa en lo que hago.” También fue su abuelo quien le impregnó amor al campo, por eso sueña con tener una casa en las montañas. Por ahora las escala.

Tras haber cursado un posgrado en turismo cultural y patrimonio, decidió crear el blog “Vista al Patrimonio de la Humanidad” en el que pretende dar una visión de la región no sólo como turista sino también como conocedor en temas relacionados con el patrimonio cultural de América Latina. “A veces sentimos poco interés por lo que tenemos a la mano. Conocer a profundidad lo nuestro nos permite apreciar más las cosas que nos unen y así entendernos más.” Con este ejercicio de escritura busca también exponer los aspectos de la patrimonialización que podrían mejorar.

No quiere viajar a otro continente hasta haber pisado todos los países de la región. Recorriendo los rincones que la conforman se está acercando a su objetivo. Durante sus viajes por Cuba, Panamá, Argentina, Perú, Bolivia y Paraguay, México y Ecuador con su cámara ha capturado lagunas, calles, montañas, voladores, árboles, niños: adoquines con los que se construye nuestra identidad. Aun así, todavía siente que le falta mucho por andar.

Estación Chusacá

Santiago también trabaja en la Escuela Taller de Bogotá, la cual capacita a jóvenes de poblaciones vulnerables en oficios como cocina, carpintería y construcción. Él ha participado en varias actividades impulsadas por el colegio, incluyendo el proyecto de restauración de estaciones de tren en Colombia. Cuenta que hay más de 400 estaciones de tren en el país. “La existencia de tantas líneas de ferrocarril es admirable, pero lastimosamente se había abandonado la estructura férrea casi en su totalidad. Muchas de las estaciones estaban en ruina.”

Del proyecto de restauración de las estaciones dice que lo más gratificante ha sido ver a la gente comprometida, participando en las actividades de la comunidad y proponiendo ideas. “Se está contribuyendo a generar escenarios de participación colectiva donde las personas encargadas de la renovación son las usuarias de estos espacios. Esto no pasa frecuentemente en la construcción, donde muchas veces las personas que trabajan en una casa o un edificio no pueden entrar en ellos una vez concluida la obra.”

También inspirado por su abuelo, Santiago se dedica a recorrer, conocer y fotografiar la estructura férrea de Colombia. “Hay estaciones hermosísimas y sería interesante ver qué se puede hacer en el futuro por ellas.” Siente la necesidad de crear un registro del entorno para que nuestros descendientes tengan un medio desde el cual reconstruir la historia y no repitan los mismos errores cometidos en el pasado. “La memoria es un medio para el aprendizaje, para que las comunidades, la gente y la humanidad en general aprendan qué deben hacer por su propio bien y por el bien de los demás.”

Chusacá, Cartago, San Javier y el Ocaso son los nombres de apenas unas pocas estaciones que Santiago ha fotografiado. Así, con su trabajo, él nos ayuda a conservar recuerdos, como estaciones a dónde volver, para poder algún día ser abuelos con mil vidas e historias para contar.

Para conocer más sobre Santiago y su trabajo se puede visitar su blog aquí.

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Pas-Pas-Pas

por Raúl Gatica

 

El dolor de la guerra sucede en el cuerpo, el de la paz también. Es más, en el cuerpo, la paz tiene su santuario, quizás por ello la violencia pretende dejarlo únicamente en amasijos. En las camas de batalla escuchamos algo parecido a pas-pas-pas de las ametralladoras, pero ahí el tallar de cuerpos y sábanas es gustoso y celebratorio. En estos enfrentamientos piel a piel, mordisco a mordisco, estocada a estocada y todo lo demás, escurre el sudor y gotea sangre, a veces. Pero a diferencia de las guerras donde todos pierden, aquí todos ganan.

A la devastación del cuerpo se opone la costarricense Ana Istaru. En su poesía hay cucharadas de alegría, celebración del placer de la agonía. Con ella uno no cae de golpe, nos extinguimos como vela de cera, y como ella, sólo quedamos en pabilo antes de dejarnos nomás vivir gustosamente la muerte.

Pero la paz no es un regalo, nunca algo que pasa como si nada. Es el esfuerzo, recompensa posterior a todo enfrentamiento. Entonces la paz llega de a poco, suave; nunca violenta y ruidosa como la guerra. Y nadie como el español Leopondo María Panero para describirlo, breve y en pocas y contundentes lineas. Hay en su poema una especie de administración del masoquismo, porque eso y no otra cosa es querer volver a vivir lo mismo de nuevo.

Ojalá los versos seleccionados, para su apetito, por Con o sin badajo, llamándolos a la paz y la guerra del placer, lo convoquen a participar de algún modo contra el ambiente de armas y pas-pas-pas, que por todo el mundo se respira. El cuerpo transpira simplemente paz, hagámosle el homenaje que merece.

Estación San Javier

ANA ISTARU
(1960)

Dame tu cucharada
De luz
Porque agonizo.

La pasión me clavó
Dulcísimos
Mordiscos.

Un revuelo de ovarios
Revienta
De narcisos.

Tu fruto de enervados
Leopardos
Pequeñitos.

Dame tu paz de espuma,
Cien albas,
Las del trigo.

Dame de beber
Tu piel
Porque agonizo.

 

LEOPONDO MARÍA PANERO
(1948)

A FRANCISCO

Suave como el peligro atravesaste un día
Con tu mano imposible la frágil medianoche
Y tu mano valía mi vida, y muchas vidas
Y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
Pase una noche a ti pegado como a un árbol de la vida
Porque eras suave como el peligro,
Como el peligro de vivir de nuevo.

La Trinchera del Arte

por las Editoros

Cuando los nazis allanaron la casa de Pablo Picasso encontraron el cuadro de Guernica. “¿Fue usted quien hizo esto?, le preguntó un oficial al pintor, que apenas podía contener su indignación. Picasso, mirándolo por sobre el hombro, respondió. No, a decir verdad, esto lo hicieron ustedes.”

Verónica Abdala

Pax, pacis, acuerdo, pacto, entendimiento mutuo, coexistencia permanente, es de los retos más antiguos del mundo, porque no se reduce a eliminar las confrontaciones armadas, sino a la necesidad del acuerdo para la convivencia de todos los mundos existentes en nuestro planeta. Y cómo no serlo, si desde pequeños nos educamos a chillar el ¡Pas-pas-pas! o ¡bang, bang! para simular disparos, mientras nuestros humeantes dedos apuntaban al temido adversario, personificando en el vecino del barrio. La paz llegaba con el aburrimiento, otro juego, la llamada a comer o al trabajo.

En la actualidad, los ensordecedores pum-pum-pum, ratatatatatata- ratatatata, boomm, cataplún de la guerra y sus imágenes y noticias no parecen mostrar hartazgo. No hay autoridad capaz de llamar a deponer la violencia, cesar invasiones y demás actos que trastocan la convivencia. Pero si en las confrontaciones todos pierden, ¿por qué no vislumbramos aburrimiento y cansancio de la guerra? Simple: la guerra es un negocio, la paz no. Por ello no hay mecanismos para prevenir las guerras y tampoco para atender las secuelas.

Las marcas de la violencia, con o sin guerra declarada, quedan imborrables en cuerpos humanos, plantas, animales y cosas. Heridos todos. Sufre la naturaleza, se lastiman monumentos y sitios sagrados, lloran los animales, nos retorcemos de dolor hechos un amasijo de desperdicio. Ante eso se prioriza garantizar la ausencia de guerra, en lugar de construir procesos más amplios y duraderos de paz. Como resultado tenemos los llamados conflictos internos, en muchos casos, más sangrientos que las guerras convencionales. Los ciento veinte mil muertos en México y sus masacres en San Fernando, Tlatlaya, los 43 estudiantes desaparecidos, y la más reciente de Nochixtlan Oaxaca, son pruebas irrefutables para los incrédulos.

Quizás los efectos visuales de la conflagración, en sus infinitas estadísticas de dramáticas muertes: agonizar cercenado, ciego, intoxicado, hecho cachitos o simple montón de carne y huesos, obligan a cubrir los efectos visibles. Las campañas mediáticas, instituciones, comisiones diplomáticas y especialistas en resolución de conflictos, escarban la tumba del olvido sobre el calvario de Bosnia, Irak, Colombia, Siria, El Salvador, Sudáfrica, Rwanda, Filipinas, etc. Pero nada o poco se hace para reparar los daños asentados en las familias de los hombres y mujeres destruidos, o en los mutilados, desplazados, refugiados, exiliados, huérfanos, viudas y mucho más.

La inutilidad de las instituciones para garantizar la paz haría pensar en la ineficacia para detener el negocio del exterminio. A los comerciantes de la guadaña les basta acusar a quien quieran de dictador, narco, violador de derechos humanos, promotor del terrorismo, poseedor de armas biológicas, etc., para iniciar masacres.

En este contexto desolador, donde el optimismo se pudre ante la ausencia de alternativas, el arte, que para muchos sirve absolutamente para ni madres, ¿contribuye a la paz? ¿Podrá un verso detener una bala, un tanque o la guerra? ¿Una pintura ser trinchera, barricada o refugio anti bombas? No. Definitivamente no. Pero el Guernica de Picasso, al menos desolló entera la tragedia de la guerra. La canción Resistiré del Dúo Dinámico, arenga a no perder la esperanza, aunque vivamos en un ambiente de fusiles. El libro de los Abrazos de Galeano, alguno de los Cuentos Peregrinos de García Márquez, más de un verso de Girondo, alguna novela de Jorge Amado y Manuel Scorza, ayudan a pensar que todo esfuerzo por la paz vale la pena. Por ello en esta edición la pensamos desde algunas perspectivas artísticas.

Y no, no estamos contentos con la guerra y la violencia, ni con los millones de muertos, refugiados, huérfanos y mutilados arrastrando su dolor por el mundo, ese al que Elliot definió como “dolor entero”. La cruzada por la paz es una responsabilidad bestial, y como rumiantes la asumimos. Por eso, pese a sus imperfecciones, celebramos los acuerdos de paz en Colombia, y les invitamos a manchar con mensaje pacifista todas las paredes del mundo, incluidas las cibernéticas. Empiece mandado sus bombazos sobre el tema a rumiantes@elcencerro.ca

Estación Cartago2

Estación Cartago1