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Las Semillas de Taraba

por Gustavo Duch Guillot[1]

 

—Escúchenme, me llamo Fátima, nacida en Taraba, un pequeño pueblo a unos 100 kilómetros al sur de Damasco, la capital de Siria.

“Después de cuatro años de sequías, nuestras tierras dejaron de parir y nuestro ganado murió, así que toda la familia tuvimos que partir hacia la ciudad de Daraa, en la ruta que lleva al mar. Al poco de llegar, en el 2011, estalló una revuelta que dicen que fue el inicio de la guerra. En nuestro barrio no pudimos permanecer durante muchas semanas, pero tuvimos suerte porque unos parientes de Damasco nos acogieron.

“Pero miren, la guerra no acaba y yo he llegado hasta aquí y no les voy a contar todo lo que pasé. Sólo les digo que toda mi familia murió. Nos han asesinado, entre las balas, las olas y la indiferencia. Así es que nos han muerto.

Pero no saben nada, ustedes, son verdaderos ignorantes.”

Y Fátima, con unos ojos exactos a los granos verdes y ahusados de la cebada, con su pañuelo cubriendo el pelo, continuó:

—Soy una de Ellas, la saga de mujeres más antigua del mundo. Mi madre me lo explicó, su abuela se lo explicó, y así cuenten, cuenten con detenimiento, porque fueron por miles de generaciones que sabemos quiénes somos.

“Somos Ellas.

“Porque fue cerca de Taraba, como explican los libros de historia que ahora aquí en Europa ya no recuerdan, que hace 10 mil años o más una mujer como yo decidió no caminar más, no acarrear más su vida y la de los suyos. Ya tenían algunas cabras cuando tomó varios de los granos recolectados y, siguiendo una fuerza interior, un presentimiento, decidió hundirlos en la tierra. Los cubrió con más tierra mezclada con restos de harinas de sus comidas que después, con su propio lloro, apelmazó. Sabía que sucedería, así que con serenidad decidió esperar.

“Escúchenme, porque esta es la historia de ustedes. Y si acaba, acabará.

“Allí mejoraron sus chozas, allí crecieron varias generaciones más. Y siempre las mujeres de mi familia tuvieron cuidado de aquellos granos. Algunas de Ellas salieron a fundar nuevas aldeas llevando las semillas, que llorándolas germinaron libres. Y por siglos, con Ellas, las semillas de Taraba cruzaron montañas, avanzaron por el desierto, saltaron de isla en isla el mar.

“Escúchenme porque bien se sabe, pero ustedes lo silencian, que fueron estas mujeres migrantes las que llevaron las semillas hasta aquí, hasta esta Europa hoy sobrealimentada, pero tan cobarde.

Su alimento, sus campos cultivados son porque a Ellas entonces nadie las detuvo. No pusieron alambres en su camino, no tenían vallas que saltar, ni bombas que esquivar. ¿Lo saben? Yo creo que no.”

Y quienes allí la escuchaban pudieron presenciar cómo Fátima, junto a la orilla de la playa, tomó una semilla de su bolsillo, la dejó caer y al mismo tiempo que la primera ola la tomaba en sus brazos, una lágrima verde de sus ojos cayó sobre ella.

Sólo unos instantes después, millones de personas que aguardaban en las costas de Marruecos, Túnez, Egipto, Palestina, Libia, Turquía, Argelia, Siria, Líbano… pudieron avanzar apaciblemente hacia el norte por una ruta segura, cómoda y con alimentos.

El mar se había convertido en un inmenso campo de cebada.

 

[1]     Veterinario y escritor Catalán. Publica en El Periódico de Catalunya, Público, La Jornada de México, Galicia Hoxe y El Correo Vasco

Mozas y Santas

por Raúl Gatica

 

Artistas de todos los tiempos y lugares han optado por no sumarse al sinfín de feminicidas que desde el poder patriarcal atentan contra las féminas.

Ellas son motivo literario desde distintas perspectivas. El bravucón mexicano, precursor del modernismo, Salvador Diaz Mirón (1853-1928), abreviación de Salvador Antonio Edmundo Espiridión y Francisco de Paula Díaz Ibáñez, rompe la tradición romántica y nos presenta en Vigilia y Sueño, mujer victoriosa en lances amorosos. Preciosismo y lujuria en la batalla del placer espantan sueños entre velludas espesuras. El autor confiesa como maniobras bucales animan pabilos y apagan fuegos; desde luego, en ocasiones con ayudas poco convencionales.

Desde otro polo, el poeta, periodista, cronista, guionista, catedrático y traductor peruano Antonio Cisneros (1942-2012) hace de su poema, inicialmente rotulado, Contra la flor de la canela, y finalmente rebautizado como Para hacer el amor, un recurso didáctico para todas las edades y sexos. Navega entre las fronteras del pudor, la liviandad e impudicia. También recurre a la ternura para despertar las ganas de su doncella. Cuida que ninguno de los amantes se cueza más de lo necesario. Él medía entre brusquedad de rocas y suavidad de pastos y arena, donde la rusticidad del Dedo de Dios nunca hace daño. Ambos poetas asignan poder al falo, aunque Mirón asume que las mujeres tienen en la violencia del sexo una fantasía de placer.

Sólo esto puede esperarse de hombres, dirían las feministas a ultranza, pero el guatemalteco-mexicano Pedro Miguel (1967) las desmiente con la singular reivindicación de la excluida María Magdalena. Ahí hasta al hijo de Dios vuelve a crucificar. Lo acusa de reducir a la amante en mera madre llorona. Se mofa de la hipócrita iglesia y sus ceremonias donde el cáliz del vino simbolizando la vagina de María Magdalena.

Pero basta de pistas, mejor disfrute a los vates compartidos en esta entrega de Con o sin badajo y después, si no les perdona su misoginia, cástrelos o cuélguelo de las bolas si quiere, eso será ganancia aparte.

 

Vigilia y Sueño

por Salvador Diaz Mirón

 
La moza lucha con el mancebo
-su prometido y hermoso efebo-
y vence a costa de un traje nuevo.

Y huye sin mancha ni deterioro
En la pureza y en el decoro,
Y es un gran lirio de nieve y oro.

Y entre la sombra solemne y bruna,
Yerra en el mate jardín, cual una
Visión compuesta de aroma y luna.

Y gana el cuarto, y ante un espejo,
Y con orgullo de amargo dejo,
Cambia sonrisas con un reflejo.

Y echa cerrajas, y se desnuda,
Y al catre asciende blanca y velluda,
Y aun desvestida se quema y suda.

Y a mal pabilo, tras corto ruego,
Sopla y apaga la flor de fuego,
Y a la negrura pide sosiego.

Y duerme a poco. Y en un espanto,
Y en una lumbre, y en un encanto
Forja un suceso digno de un canto,

Suena que yace sujeta y sola
en un celaje que se arrebola,
¡y que un querube llega y la viola!

 

Para hacer el amor

por Antonio Cisneros

 
Para hace el amor
Debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha,
Tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
Para hace el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
Pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
Que ningún monte quede oculto y los amantes
Podrían holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
Y entonces
La muchacha no verá el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
Los pulmones abiertos,
Las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.

 

A María Magdalena

por Pedro Miguel

 
Sobre la cruz de la mujer excluida
edificó la iglesia sus altares
y quedó por los primus inter pares
a la función de madre reducida.

La amante de Jesús fue convertida
en figura menor de sus andares
que del muerto aliviaba los pesares
bajo la sombra de la cruz erguida.

Más un discreto signo profetiza
que el templo está construido sobre arena
y que es la hipocresía su condena:

misógino será, pero en la misa
ofrenda con el Grial, que simboliza
la matriz de María Magdalena.

 

Feminicidios en Francia

por Vilma Fuentes

 

El 10 de septiembre 2012, Jacqueline Sauvage asesinó a su marido, Norbert Morat, con tres balas del fusil familiar. Alegó en su defensa 47 años de violencias conyugales y abusos sexuales del padre de familia sobre sus tres hijas. Lo hizo por miedo, pues esa mañana el hombre había proferido amenazas de muerte, es decir, en legítima defensa. El jurado popular no aceptó este argumento, pues Sauvage disparó por la espalda a Morat, así incapaz de agredir o de defenderse. Fue condenada a 10 años de reclusión. Un segundo juicio, solicitado por sus abogados, confirmó la sentencia el 3 de diciembre de 2015.

Las protestas no se hicieron esperar: asociaciones feministas y de apoyo y defensa de mujeres maltratadas organizaron campañas y mítines para pedir, o más bien exigir, la gracia presidencial. Los medios de comunicación, en especial la televisión, dieron amplios espacios a entrevistas con las hijas de Jacqueline Sauvage, con su abogada y con representantes feministas. En efecto, ¿cómo condenar a 10 años de prisión, cinco de ellos incompresibles, a una mujer que ha sufrido golpizas durante 47 años, y ve a sus hijas violadas por un monstruo? Otras mujeres dan sus testimonios de la violencia sufrida a manos de sus maridos, de sus deseos de matar, de su imposibilidad de pasar al acto, de su admiración por el acto de Sauvage.

El problema, argumentan quienes están en contra de esa gracia presidencial, es que el indulto sentaría un precedente, podría dar lugar a jurisprudencia y, por extensión, otorgar un permiso implícito a las mujeres que sufren violencias conyugales de matar a sus maridos, justificando el asesinato del energúmeno cónyuge, el homicidio transformado en un acto banal.

François Hollande había prometido, durante su campaña a la presidencia, no utilizar el derecho de gracia. Derecho real –de realeza, no de realidad– heredado de la monarquía, el cual presupone una voluntad superior a la de la legislación y la justicia: la del rey. Suprimido una corta temporada, durante la revolución de 1789, fue restablecido y sigue vigente.

Inquieto por la baja, para no decir caída libre, de su popularidad, el presidente francés sigue de cerca los sondeos, y parece obedecer más a éstos que a una línea política. Así, se somete a las presiones de las minorías en busca de simpatizantes y, desde luego, futuros electores. Acuciado por los grupos feministas, por la fuerza de los medios de comunicación y por una opinión pública mayoritaria favorable a Sauvage, en quien ve una víctima, cuando no una heroína, el presidente francés acordó una gracia parcial a Sauvage, quien volverá a prisión una corta temporada –saldría el próximo abril– para evaluar su peligrosidad y asegurarse de que no es capaz de reincidir.

Más allá del caso particular, de Jacqueline Sauvage, existe una situación que debería ser inimaginable en un país altamente civilizado, perteneciente al puñado de naciones poderosas: cada dos días y medio, un homicidio es cometido en el seno de la pareja, según el Ministerio del Interior, sin contar las víctimas colaterales: los niños asesinados.

Desde luego, las víctimas de esta violencia son en su mayoría del sexo femenino. En 2012, por ejemplo, hubo 148 mujeres y 26 hombres muertos bajo los golpes de su cónyuge. Sin contar los 13 niños asesinados ese año. Se sabe, además que 547 mil personas son víctimas de la violencia conyugal cotidiana cada año, aunque sean pocas las que interponen una queja ante la justicia. El miedo es más fuerte que los golpes.

Podría alegarse que Francia acoge personas de civilizaciones y religiones que hacen un principio de la sumisión femenina. De ahí la necesidad de reforzar la escuela laica y republicana para todos.

Nada comparable con el horror de los feminicidios impunes que se cometen en la frontera mexicana. Sin duda, el papa Francisco ha sido informado de esta situación. Habrá que poner atención a sus palabras durante su visita al país.

La Perversa Sensación de Crear

por Belén Febres-Cordero y Nandy Fajardo

 

Los amigos de Ángela Atuesta le llaman “la Negra”. Ella se define como la reina del color. Su voz que pisa fuerte y risa frecuente y espontánea describen a Ángela regando vida al caminar, y plasmándola en creaciones donde colores, formas y texturas estallan como globos.

El amor por el arte y sus gatos, Horacio y Alea, son la constante en la vida de Ángela en lo definido por ella como la “perversa sensación de crear.” Una necesidad de imaginar desbordándosele del cuerpo y aguijoneándole a experimentar hasta con latas de atún vacías para crear escenarios en miniatura.

Estas ansias forman parte de su esencia, pese a no recordar cómo ni cuándo surgieron. Desempolva, en cambio, el apoyo de su madre motivándole a tomar sus primeras clases de pintura y dibujo a los once años, y a estudiar Artes Plásticas en la Universidad de los Andes, Bogotá.

“La época en la universidad fue un desastre. Me enfrenté a mucho discurso sin sentido y experimenté una gran desilusión,” explica. “Me pasé preguntándome: y esta vaina pa’ qué rayos sirve, porque en realidad el arte no sirve pa’ nada, ¿no?,” añade con el acento característico de las personas nacidas y crecidas en Bogotá, Colombia.
Hoy, a sus 27 años, considera: “si bien en un universo apocalíptico el arte podría ser inútil, en el actual sirve para la denuncia social”. Además, lo describe como elemento de expresión capaz de convertirse en herramienta histórica. “Más que transformar un mundo que no sé si se pueda cambiar, busco crear algo para expresar mi desacuerdo.”

En su vida, arte y amor están entrelazados. Trabaja con su novio a quien, durante la entrevista, nunca llama por su nombre. Eso sí, detalla el del colectivo de ambos: Bicromo.

“En una relación como la nuestra, las típicas actividades de ir al cine o comprar un helado se van p’al carajo. Tenemos un amor de pintores, quienes aún quemados, sudorosos o manchados decimos: te quiero.”

La pintura de gran formato es una de las actividades desarrolladas por Bicromo. Ángela la define como un poco engorrosa.

“Al no tener automóvil, llevamos latas, brochas y hasta el agua para lavarlas, en bicicleta o en carritos de mercado; y así vamos a crear murales en las calles.”

No le gustan las galerías, le parecen muy lejanas. En cambio, pintar en lugares públicos le permite acercarse a la gente. De esta manera observa al arte con potencialidad de unir a todas las condiciones humanas, el cual, además de transmitir un mensaje, puede generar espacios de discusión y educación.

“Cuando una señora pasa, te ve pintando y se detienen pa’ preguntarte qué estás haciendo, escucha y entiende, terminas pensando: mmmm… el arte sí vale la pena.”

Con Bicromo también dan talleres a niños. Hacen grafitis y murales en espacios públicos. Además, tienen un colectivo de ilustración digital. Con él crearon la película Llave de Papel, financiada con una beca del Instituto Distrital de Bellas Artes.

“Con la animación puedo crear monstruos y hacerlos vivir, correr, saltar. Puedo matar a alguien sin asesinarlo en la vida real. Puedo decir: esto que tú ves, porque yo lo hice, existe. La dinámica del arte es un poco narcisista” dice tras un corto silencio.

Ángela espera poder vivir, algún día, únicamente de su arte. Por ahora tiene un segundo empleo para mantenerse. Trabaja como guía y tallerista en el Museo del Oro en Bogotá. Cuando no está ahí, inventa nuevos proyectos: anima, pinta e ilustra. “Hago muchas cosas y a la vez no hago nada,” dice con la humildad e impaciencia de la gente a quien las ansias de soñar se le derraman, y el tiempo para hacerlo siempre le queda corto.

También quiere viajar mucho, pero no se imagina la vida fuera de Colombia, considerada su base emocional y física.

“Además, no tendría corazón para dejar a mis gatos.” Dice en referencia a Horacio, nacido hace seis meses, cuyo mayor entretenimiento es molestar a Alea. Ella tiene siete años y casi siempre está cansada. El pelaje de Horacio es gris con blanco y el de Alea, amarillo con negro. Quizás más preciso sería decir que sus pelajes a veces son así, cuando la pintura – originalmente destinada a crear cuadros y murales – no les ha salpicado. La conversación debe terminar. Horacio nuevamente despierta a Alea que, paciente y determinada, intenta – una vez más – quedarse dormida.

¿Iguales?

Hace casi un siglo, Virginia Wolf debatía con los hombres sobre el desproporcionado poder económico y legal de ellos ante la desigualdad de oportunidades de las mujeres. Décadas después, Simone De Beauvoir en su libro El segundo sexo, equiparaba al matrimonio con la prostitución y describía con exactitud cómo la sociedad colocaba a la mujer en una posición inferior al hombre. Mucho tiempo y pocos cambios han pasado en la vida de quienes no son sólo la mitad del mundo. Sin importar su escolaridad, profesiones, estatus socio- económico o preferencias sexuales y religiosas, persiste la visión de las mujeres objeto, padeciendo todo tipo de discriminación, violencia y abusos, incluida la negación del placer. Afortunadamente, la lucha sostenida de millones de mujeres ha derrotado a milenios de poder patriarcal tratando de invisibilizarlas.

De acuerdo con Index mundial, hasta julio de 2014 se estimaban 7.174.611.584 habitantes en el planeta. Las Naciones Unidas precisaban: en 2015, por cada 100 mujeres hay 101,8 hombres. Por su lado, la OCDE cita que en 13 de los 15 países con un alto nivel de desarrollo y estabilidad, las mujeres representan más del 50% de la población, a excepción de Islandia (49,66%) y Noruega (49,93%). El Centro de Investigación Pew indica: Rusia, Letonia, Ucrania y otros, tienen mayor presencia femenina que masculina. En Rusia, por ejemplo, hay 86,8 hombres por cada 100 mujeres. El líder es Martinica, con 84,5 hombres por cada 100 mujeres. Sin embargo, las cifras no cuadran en cuanto a igualdad de oportunidades.

Por ejemplo, en 2015, mundialmente sólo 17% de cargos ministeriales y 22% de los parlamentarios eran ocupados por mujeres, 11 eran jefas de estado y 10 jefas de gobierno. Rwanda era el único país con 63.8% de mujeres parlamentarias(cámara baja). Y según la UNESCO, en el Atlas sobre la desigualdad de género en la educación, el 52% de los infantes, fuera de las aulas de educación primaria, son niñas.

En cuanto a la violencia, discriminación y abusos, de tan cotidianos optamos por no mirarlos. Sin contar las esterilizaciones en muchas partes del planeta, según la Organización Mundial de la Salud: más de 125 millones de mujeres y niñas vivas han sufrido mutilación genital en 29 países de África y Oriente Medio.

Diversas organizaciones de mujeres y derechos humanos han documentado que la infinita lista de mujeres asesinadas, desplazadas y dañadas en Palestina, Irak, Siria, Colombia, México, Guatemala, etcétera, tiene como origen la desigualdad social, conflictos internos y la codicia del primer mundo por apropiarse de territorio y recursos naturales. Los perpetradores internos y externos hasta la fecha siguen impunes.

Por otro lado, la preferencia sexual, el disfrute de su sexualidad y hasta malformaciones genéticas son padecidas como crímenes. Una mujer demandando placer es incinerada, por lo menos, como puta; mientras al hombre, por lo mismo, se le asigna virtud. El transgénero y lesbianismo es muy complicado; el caso de Salinas, República Dominicana y Papúa Nueva Guinea lo ilustra. Ahí, debido a la deficiencia de la enzima 5-Alfa, 2%, 1 de cada 90 bebes contraen una enfermedad hereditaria, nacen como niñas y a los 12 años se transforman en hombres. Quienes han tenido esta metamorfosis son llamados de por vida güevedoces o machihembras y mientras en Dominicana son medianamente aceptados, en Papúa son rechazados porque fueron alguna vez mujeres. Este fenómeno llevó a la científica australiana Jenny Graves a señalar: “el cromosoma masculino está en proceso de destrucción, es decir, la extinción de los hombres ya puede estar en marcha.”

Podríamos seguir enumerando injusticias y siempre quedaría una por decirse, como esa en Dongguan, China, donde es normal que dos o más mujeres compartan un novio, y una vergüenza para un hombre ser monógamo, pero no al contrario. Por ello, los y las Cencerros, sin romantizar ni idealizar, más allá de exhibir los abusos, sugerimos caminos para desterrarlos. Intentamos nacer humor y ternura sin renunciar a la lascivia; sembramos bromas y respeto sin pelear con el deseo; nos zurramos de risa ante la condena legal, social y familiar, cuando alguien tiene la capacidad de amar a más de uno. Quizás no comparta mucho nuestras veredas pero, al menos, preocuparse por el placer de su pareja en lugar de cercenarlo es buen lugar para practicar la igualdad de género.

Convencidos de que se extermine o no el hombre, hoy batallamos por la sobrevivencia de la especie y la humanización de la vida, y eso sin los derechos de las mujeres será imposible. Así que, sin hacerse rumiante, súmese a la cruzada contra los machos cabríos y escríbanos, aunque sea una coz a rumiantes@elcencerro.ca, comentando el esfuerzo femenil desplegado en la presente edición.

Los editoros y las edivacas

Marionetas

por Los Editoras

Se equivocaron quienes predijeron que la televisión, el cine, el internet y la tecnología en general acabarían con el viejo oficio de titiritero. La tecnología renovó, perfeccionó, y multiplicó el arte de mover al gusto a otros. Ahora no sólo se manipulan a los monigotes de cine y televisión, sino también a quienes miran la pantalla.

Si entendemos la manipulación como la acción de modificar el estado original de la materia, cosas, fenómenos, sociedades, individuos, lenguaje, etc. hasta hacerlos ser, parecer, tener, significar o actuar de manera distinta al de su origen; nadie, pero nadie, nadie está a salvo de manipular o de que lo manipulen. Claro, la tecnología facilita transmutaciones genéticas, mediáticas, emocionales, físicas, conyugales, familiares; y presta inmenso servicio al poder, que altera la verdad a extremos tales que el engaño ni lo parece.

Claro, hay de manipulaciones a manipulaciones y de manipuladores a manipuladores. Entre las manipulaciones, la propaganda es de las más terribles. Funciona para persuadirnos de comer veneno y pagar por ello; para convencernos de hacer a los villanos héroes y a los héroes, villanos: Hitler, Musolini y Franco; y entre los actuales: Rajoy, Calderón, Macri, y Pena Nieto (que quede claro: Pena, no Peña), junto con McDonald, son veneno legitimado para consumir. Entre los manipuladores, los psicólogos son temibles. Recordemos cómo Hannibal Lecter, en El silencio de los inocentes, aterra con su capacidad de degradar la dignidad humana y usar a otros para alcanzar sus deseos. Pero hay otros peores que el actor del film. A la luz de sus acciones, los políticos en el poder son Frankenstein, organismos genéticamente modificados, rata de dos patas, y más, mucho más.

El ingenio humano para crear marionetas es infinito. Veamos, por ejemplo, cuando alguien aprovecha las circunstancias para incitar a otros a actuar en su beneficio.

Durante un atraco a un banco, después obtener un buen botín y antes de darse a la fuga, el atracador, muy nervioso, pregunta a un rehén:

— ¿Tú me has visto robar este banco?

El rehén, asustado, responde: sí, y el atracador le pega un tiro en la cabeza. Después se vuelve al resto de rehenes apuntándoles y pregunta a dos mujeres y un hombre:

— ¿Me vieron robar este banco?

El hombre responde:

— Yo no vi nada, pero mi mujer y mi suegra no han perdido detalle.

La manipulación no está exenta de controversias, la genética es un ejemplo. Sobre todo, si reconocemos en el ejercicio de jugar a ser dios algunos aciertos: desarrollo de plantas resistentes a enfermedades, al frio, con mayor calidad nutricional y mejores cualidades organolépticas. Pero si la frase manipulación genética es alterada semánticamente podemos tener algo como:

Un experto en genética feliz comparte: Ya tengo certificado de manipulador de alimentos…logré que plátanos y papas estén totalmente en contra de las zanahorias.

De acuerdo o no, respecto a que nadie escapa de la manipulación, no podrá negar que la manipulación se usa para mantener el status quo, impedir revueltas, perpetrar la opresión y engatusar mayorías. Los manipuladores justifican su actuar en la patria, los hijos, el bienestar de los otros, la convivencia, la familia, la sociedad y demás. Se auxilian para ello en los eufemismos, alcahuete perfecto para manipular, aunque no falte quien asegure es una forma optimista de ver las cosas.

Más para mal que para bien, los políticos son maestros del eufemismo. Por ejemplo, dicen vulnerables para disfrazar a los miserables. Califican de poco afortunados a los desgraciados. En ese sentido, ¿qué tan optimista puede ser y para qué sirve al desgraciado, miserable y pobre que le llamen, vulnerable, poco afortunado y sin ingresos suficientes? Los eufemismos sólo sirven al poder para decir que todo marcha perfectamente.

Lo cierto es que la manipulación no se acaba eliminando a los títeres, siempre habrá otro para reemplazarlo. Lo fundamental es el rol del titiritero, especialmente en estos tiempos de globalización, donde los grandes manipuladores son las compañías transnacionales. Los gobiernos en turno, sin importar signo ideológico, apenas son parte del elenco de títeres movidos al antojo, para garantizar que sus ciudadanos jueguen el triste papel de zombis. No hay duda, el titiritero ensanchó su protagonismo, aunque cuando la manipulación sufre cuarteaduras o tiene ventanas y rendijas descuidadas, los cambios y revueltas aparecen. En esa tarea, el Cencerro pone su pastura. Así que no espere a ser manipulado y de corazón escríbanos a rumiantes@elcencerro.ca

 

El Otro Rivera

por Heinz Avendaño

Conocí a Humberto Rivera compartiéndome un trago de una botella de mezcal después de que interpretara un baile de tango. Esto fue el pasado 14 de Noviembre durante la celebración del tercer aniversario del Cencerro Arts and Culture Association en la biblioteca pública de Vancouver.

Humberto tiene una larga carrera. Nació en Tijuana, se crió en Topolobampo, a los 16 años ingresó a el seminario, dos años después lo abandona para estudiar filosofía cuando le diera la gana, estudió inglés y terminó la preparatoria en Los Angeles, entró al community college para estudiar arte y filosofía, se graduó de filosofo en la Universidad Pontificia de México, vivió un año en Canada, abrió la galería de pintura Cabello Rivera en Rosarito, aprendió tango en Buenos Aires, practicó tango innumerables noches y actualmente es residente canadiense. Imparte clases de tango en UBC, trabaja en la construcción y ha tenido exposiciones de pintura en el Polish center y galerias en Vancouver.

La combinación del arte y la filosofía ha acompañado a Humberto toda su vida. Se inició en la pintura dibujando a los héroes de la lucha libre cuando era niño. Continuó aprendiendo, hasta que siguiendo a sus amigos de la escuela de San Carlos, comenzó a vender sus pinturas en Rosarito, Baja California Norte. Todo comenzó como una vacación de dos semanas antes de ir a Argentina, que se convirtió en su “modus vivendi” varios años y que sigue dando frutos hasta ahora.

Humberto explica que sus pinturas estan motivadas por la venta y modestamente dice no creer que su obra hoy sea importante y es probable que no llegue a serlo en el futuro, pero espera continuar mejorando su técnica e ideas. Citó a uno de sus maestros y amigo, el pintor Nájera: “Nosotros somos obreros”.

El Cencerro comparte el arte de Humberto Rivera en este número de inicio de año 2016. Observe sus Quijotes despeinados e interesantes desnudos que exploran formas y lineas de relajados y a la vez desafiantes traseros, muy probablemente latinos. Me gusta mucho su trabajo abstracto y como usa el color sin restricción para crear forma.

Finalmente pregunté a Humberto si estaba de alguna manera relacionado con el maestro muralista Rivera, a lo que contestó: “Muchos me preguntan lo mismo. No, no lo soy… una pizquita de Diego estaría bien”.

Puede escribir a Humberto Rivera a humbero7@yahoo.com

La Vesícula, qué

Pedro Miguel[1]

Han pasado 830 años desde la muerte de Balduino IV, el rey jerosolimitano que gobernó con sabiduría y capacidad a pesar de la lepra que lo devoraba. El soberano escondía los efectos terribles que el padecimiento había causado en su rostro tras una máscara de plata, no tanto por afán de opacidad cuanto por decoro y consideración a los demás. En épocas más recientes hay que acordarse de la poliomielitis de Roosevelt, la depresión crónica de Churchill y el cáncer de próstata de Mitterrand como ejemplos de padecimientos graves que no impidieron el desempeño de estadistas con proyección mundial, los cuales – aun enfermos – tomaron decisiones cruciales (y eficaces) para los países que presidían.

Pero la etiqueta social contemporánea quiere que la salud de los gobernantes sea un asunto de interés público por cuanto, se dice, su condición física puede introducir factores indeseables en el ejercicio del mando, inducir medidas que afecten el curso del acontecer político, económico o diplomático o mermar la capacidad del funcionario para actuar en forma exitosa.

Tal ha sido el principal elemento de criterio con el que la opinión pública nacional ha abordado temas como los rumores sobre el consumo de Prozac por Vicente Fox y el alcoholismo de Felipe Calderón, o las dos cirugías (el año antepasado y hace unos días) a las que se ha sometido Peña Nieto, una para sacarle no sé qué cosa del cuello y otra para retirarle la vesícula biliar.

Estos gobernantes y sus empleados inmediatos han reaccionado con una molestia injustificada a los intentos por inquirir sobre esos asuntos. Fox suspendió une entrevista con Jorge Ramos en cuanto éste le preguntó por su ingesta de antidepresivos; Calderón hizo un berrinche que provocó el primer despido de Carmen Aristegui de MVS – luego de que la periodista planteara al aire las pregunta de si el michoacano tenía problemas con la bebida y de si la sociedad no merecía una explicación puntual al respecto – y, en 2013, los voceros de Peña afirmaron con ánimo desafiante y hasta agresivo que su jefe tenía una salud de Charles Atlas y que corría maratones. Tales reacciones han sido las equivalencias locales de la máscara de plata de Balduino IV.

Posiblemente estos asuntos hayan sido sobre dramatizados tanto por quienes legítimamente exigen transparencia en la salud de los gobernantes como por éstos. Hay que considerar que de 1988 a la fecha los ocupantes de Los Pinos han sido colocados allí no para que tomen decisiones, sino para que ejecuten determinaciones ya adoptadas por conglomerados empresariales y mediáticos nacionales y por los círculos del poder político y financiero de Estados Unidos. Y, sanos o enfermos, alcoholizados o sobrios, deprimidos o no, los presidentes mexicanos del ciclo neoliberal han cumplido a cabalidad con sus respectivos encargos: Salinas inició la destrucción del tejido social y unció al país al TLC; Zedillo se encargó de brindar protección a los grandes capitales y desviar el golpe de la crisis económica hacia la mayoría de la población; Fox fue el restaurador de la fachada democrática del régimen oligárquico y prosiguió la privatización a gran escala; Calderón aplicó en México la destrucción nacional como el modelo de negocios previamente ensayado por Bush en Afganistán e Irak, y Peña ha sido el encargado de demoler lo que quedaba de propiedad pública, derechos laborales y soberanía.

Hoy proliferan los cuestionamientos al último de la lista por su episodio clínico biliar. Tal vez, en aras de recomponer la salud pública, sería recomendable poner menos atención a la de Peña, recuperar las exigencias de esclarecimiento de temas mucho más graves y poner la demanda de transparencia sobre las numerosas opacidades acumuladas desde su llegada al cargo, empezando, por ejemplo, por la turbiedad de los votos comprados en 2012 con tarjetas de Monex y de Soriana. O las menudencias de esa impúdica distribución de 10 millones de aparatos de televisión en los meses previos a las elecciones del 7 de junio.

Y así, muchas otras cosas. Como los dineros otorgados a legisladores con etiqueta de oposición para que participaran, así fuera en calidad de comparsas, en la imposición de las reformas estructurales. O el sórdido papel de Alfredo Castillo como comisionado en Michoacán. O las ejecuciones extrajudiciales perpetradas por elementos del Ejército en Tlatlaya. O los asesinatos cometidos por la Policía Federal en Apatzingán y las torturas a que fueron sometidos los hombres de Tanhuato, oficialmente caídos en combate.

También es exigible, desde luego, que la Presidencia deje de construir muros de olvido y distracción y emprender grandes simulaciones institucionales alrededor de las propiedades inmobiliarias multimillonarias del propio Peña, su esposa y su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y asuma ante la nación lo que todo mundo sabe: que esos inmuebles fueron entregados en condiciones ventajosas por un contratista del gobierno a funcionarios capaces de influir en el otorgamiento de más contratos fáciles y concesiones jugosas.

Más que la vesícula presidencial importa saber el contenido de los acuerdos comerciales que el gobierno ha estado negociando a espaldas de la población, como el Transpacífico y el de Comercio de Servicios, ambos devastadores para la soberanía, la economía y los derechos de la población.

Y, sobre todo, el peñato debe explicar en forma fehaciente y sin invenciones truculentas qué pasó el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, por qué la agresión en contra de estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, la razón de los encubrimientos y omisiones ensayados en los nueve meses transcurridos desde esa atrocidad y el paradero de los 43 normalistas desaparecidos. La vesícula, qué.

navegaciones.blogspot.com

 

[1]          Periodista y editorialista de La Jornada.

Manipulaciones

Por Raúl Gatica

Encontré a Cortázar donde menos lo esperaba. El argentino tenía, sin saberlo, en el venezolano Luis Layas a uno de sus seguidores. Nada importa si el autor de Rayuela lo sabía o no, lo importante es percibir en la escritura de Luis al menos el impacto cortaziano.

Conocí a Luis Layas de camino a entrevistar a una leyenda de la música venezolana recientemente fallecido. Este viejito tirado al olvido y cultivador de la memoria y picardía, como pocos a sus años, hizo que habláramos de todo, pero nunca de literatura. Por eso, un poco tarde supe que Luis es comunicador social y locutor. Ha incursionado en el periodismo y publicado en Estampa, Escape, El Universal, Ticket, La Banda Elástica (USA), y en Zona de Obras (España). Para mi suerte, su esposa me obsequió varios libros, entre ellos uno de Luis: Idiotas todos y otros cuentos (Fundarte, 2000.)

El pasaje del cuento Turismo sin límites, traído en esta edición para los guleros lectores de Con o Sin Badajo, proviene de ese texto. La historia regala un guiño erótico e irónico de sus personajes. La manipulación de la memoria femenina para sobrellevar el cansancio de la mujer ante la mediocridad de su matrimonio. Los intentos de ella para moverlo provocan ronquidos que le arrastran a la locura. Estos elementos de la narración bastan para identificar a un escritor que finamente teje, desde la nada y con finísimo humor, historias que se desbordan por todos lados; un poco a la Roberto Bolaño, otro cortaziano, por cierto.

Pese a ser olímpico desconocedor de la obra de Luis Layas, intuyo en él que desde Roberto Bolaño no había encontrado a alguien tan cercano más al estilo que a la forma cortaziana de escribir. Las oraciones largas, dibujo de detalles en los personajes y adjetivación exacta nunca nos pierden y se convierten en una delicia de la lengua.

Sin duda, Idiotas todos y otros cuentos da un mapa de Venezuela, del barrio, de la banda y desde las vísceras. Lo digo sin arrepentirme porque cerebro y corazón son tan víscera como el hígado, único referente cuando de vísceras se habla. Además, sus descripciones son casi fotográficas. Pone la acción en nuestras manos, cuerpo y ojos. En la lectura del libro tenemos de ganancia una película narrada.

Ahí les va este fragmento venezuelo-cortazaniano para su disfrute.

Turismo Sin Limites (pasaje)

(Luis Layas)

A quince para las diez, con el programa casi concluido, Alioli calculó el tiempo necesario para hacerse notar. Se extinguió de escena solo para reaparecer con las ansias robustecidas (al menos eso es lo que esperaba). Cerrando la puerta que daba al pasillo, su cuarto matrimonial 

–que prometió y aplazó doscientas veces un mejor manual de revolcones– se volvió un apartamentico. “Siempre que podamos volveremos a la privacidad de antes, cuando los niños no habían aparecido” –se había dicho. Pero al cerrar la puerta los prescindibles adolescentes se hacían necesarios. Raúl era un grosero funcionario gris también en la cama, ella no entendía. Todo parecía bien, pero eso, no podía estar bien. Alioli descolgó el vestido de encajes y se ajustó el liguero que le parceló un istmo de celulitis, se asomó y vio la luz azulada en la cara de Raúl quien pareció menos sexy que nunca antes.

Las chancletas guindaban de unos dedos larguiruchos como garfios, poco a poco las pantorrillas se iban abultando como muslitos de pollos beneficiados con métodos reprobables, la panza, semejando la quilla de un peñero, ascendía con una curvatura increíble para hundirse grácilmente en un pecho de asmático terminal. La cara de borrego de Raúl descansaba sobre unos mofletes injustos haciéndola zozobrar como un botecito repleto de inmigrantes hacinados, y los ojos, aquellos botones inexpresivos pretendían emocionarse cuando era imposible para ellos ya distinguir un paisaje o moverse en sus cuentas con soltura. Además, tenía un bigotillo de pocos pelos despeinados sobre un labio de caucho. Y en 1975 aquel Coloso de Rodas horadado, desmantelado e higiénico le había resultado una opción; ella había dejado trepar aquel aparatoso pero todavía ágil cuerpo sobre su ingle planita, y permitido lamer por esa boca de macho-foca-inexperto el contorno de un cuello aun sin sorber.

Alioli regresó al cuarto con escasísima tela encima de sus piernas, arriba no llevaba nada excepto por algo como un antifaz que le dibujaba una carita de diablo en todo el mascaron de proa. Estaba excitada por los recuerdos, nada más. Quería cogerse a un tipo que recomponía en su memoria, hibridándolo con un presentador de concursos de tez morena y paticas de gallo confinadoras de unos pómulos salientes. Su silueta de cuarentona dietética tijereteo la imagen del cuadrilátero. Dos niuyorricans sin lengua se cayeron a nutridos coñazos en el boxeo de las diez mientras Alioli extrajo la pulpa posible de un pene nervioso que marco tarde la tarjeta y huyo de la reunión sin esperar la merienda. El ojo avinagrado del referí y los semblantes ansiosos y aterrados de los púgiles se alternaban sin cesar en planos de diversa inclinación, el sudor buscaba pistas y las sienes temblaban, mientras de reojo nadie quería perderse el desenlace de la otra acera. La mirada del público y de la niña nalgona con el cartel que anuncia el round se dirigieron abochornadas al lente de la cámara, pero el director seguía frenético, ponchando detalles gruesos y embarazosos de la lucha, infiltrándose en los secretos burlescos y tristes de los contendedores.

Alioli de Bastardo susurró con una entonación sensual y descarada: “Raúl… tengo un amante”. Un minuto después lo volvió a intentar con una queja ofendida: “Raúl, ya no siento nada por ti”. Luego, levantándose mientras le chorreaba un hilito de semen parduzco por la entrepierna, se detuvo en el centro de la habitación y repitió la píldora. “Raúl, duermo con otro que me hace feliz, que entiende mi pasión de mujer”. Y cuando dejó de atender el espejo y volteó a mirar al marido se dio cuenta de inmediato que dormía, que yacía con una mueca achocolatada y fúnebre en los labios. Esa era la interferencia que había estado registrando, ese ruido de burro amordazado sacándole de sus casillas, paralizando su orgasmo feliz. Volvió a verlo y ya sin poder contenerse grito. Y siguió gritando hasta que reventaron las enclenques hebras de lógica que sobrevivían en su cráneo.