Estación El Ocaso - Colombia

Pas-Pas-Pas

por Raúl Gatica

 

El dolor de la guerra sucede en el cuerpo, el de la paz también. Es más, en el cuerpo, la paz tiene su santuario, quizás por ello la violencia pretende dejarlo únicamente en amasijos. En las camas de batalla escuchamos algo parecido a pas-pas-pas de las ametralladoras, pero ahí el tallar de cuerpos y sábanas es gustoso y celebratorio. En estos enfrentamientos piel a piel, mordisco a mordisco, estocada a estocada y todo lo demás, escurre el sudor y gotea sangre, a veces. Pero a diferencia de las guerras donde todos pierden, aquí todos ganan.

A la devastación del cuerpo se opone la costarricense Ana Istaru. En su poesía hay cucharadas de alegría, celebración del placer de la agonía. Con ella uno no cae de golpe, nos extinguimos como vela de cera, y como ella, sólo quedamos en pabilo antes de dejarnos nomás vivir gustosamente la muerte.

Pero la paz no es un regalo, nunca algo que pasa como si nada. Es el esfuerzo, recompensa posterior a todo enfrentamiento. Entonces la paz llega de a poco, suave; nunca violenta y ruidosa como la guerra. Y nadie como el español Leopondo María Panero para describirlo, breve y en pocas y contundentes lineas. Hay en su poema una especie de administración del masoquismo, porque eso y no otra cosa es querer volver a vivir lo mismo de nuevo.

Ojalá los versos seleccionados, para su apetito, por Con o sin badajo, llamándolos a la paz y la guerra del placer, lo convoquen a participar de algún modo contra el ambiente de armas y pas-pas-pas, que por todo el mundo se respira. El cuerpo transpira simplemente paz, hagámosle el homenaje que merece.

Estación San Javier

ANA ISTARU
(1960)

Dame tu cucharada
De luz
Porque agonizo.

La pasión me clavó
Dulcísimos
Mordiscos.

Un revuelo de ovarios
Revienta
De narcisos.

Tu fruto de enervados
Leopardos
Pequeñitos.

Dame tu paz de espuma,
Cien albas,
Las del trigo.

Dame de beber
Tu piel
Porque agonizo.

 

LEOPONDO MARÍA PANERO
(1948)

A FRANCISCO

Suave como el peligro atravesaste un día
Con tu mano imposible la frágil medianoche
Y tu mano valía mi vida, y muchas vidas
Y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
Pase una noche a ti pegado como a un árbol de la vida
Porque eras suave como el peligro,
Como el peligro de vivir de nuevo.