¿Qué Somos?

Somos irreverentes con un proyecto cultural “poco culto”, de pueblo y bestias; de sonido y forma nada exquisitos; barato y hasta vulgar para algunos. Somos una propuesta cultural transgresora e irreverente a la que no le importa ser políticamente correcta sino reivindicar el lugar donde dejamos enterrado el ombligo.

EL CLANK-CLANK-CLANK CENCERRIL

¿Cómo y por qué elegimos este nombre tan de animales?

Primero: porque se nos hincharon los ovarios y las pelotas. También porque nos ofenden las definiciones que califican al cencerro de ser “una campana sin badajo, de tamaño pequeño o instrumento musical de sonido indeterminado”. Nos identificamos con el instrumento musical que para producir sonidos abiertos no hay que presionarlo, y con  su uso común en cualquier parte del mundo: colgado en el pescuezo de vacas, chivos, borregos y hasta llamas.

Segundo: Si hay cencerros hechos videos, show en centros nocturnos, hoteles, agencias de publicidad, peñas y hasta grupos musicales, ¿Por qué vacas no una revista? Eso si, quienes se atrevan a cargarlo como medalla de ruido, dejará claro que vivimos, andamos, follamos y todo lo demás. Además que al comer o roncar soltará humores y rumores en estampida.

Tercero: Será corral, establo, cuadra, etc., de la creación artística construida por latinoas en cualquier parte del mundo, esa que cuente sus cosmogonías desde cómo hacer el amor con una sopa de tortilla,  hasta el uso y disfrute de la vida en un mate de coca, el tango de un libro, la miel de una película, las lágrimas de un disco, la emoción de una reseña, crónica y entrevista, o las mojadas con el erotismo de toda peluda o pelona bestia.

Cuarto: El Cencerro no vivirá en capillas, campanarios ni en sitio sagrado alguno. Andará los caminos que le de la puta gana. Trotará con los insumisos que se apartan de lo común y defienden a la manada. Será piel del cuerpo que por práctica y forma sea diferente.

Quinto: Su juerga será colectiva para encontrar y ser encontrado. Los promotores de la estampida serán loas rumiantoas que cada fin de mes se amontonan en el Rhizome Café a garabatear locuras; aunque sólo una parte de lo publicado sea de ellos.

Recargados vamos de Nuez

En la nueva época, agregamos pasto al piso.

Sexto: Por razones de bolsillo y posibilidades de ampliar lectores, nada que ver con posiciones ecologistas: El Cencerro será virtual, hasta que otro medio nos separe.

Séptimo: Aún en el ciberespacio, nuestro Cencerro  y su clanck-clanck-clanck avisará del hacer rumiante. Y aunque exquisitos y panfletarios nos incineren, no privilegiaremos la moda, bonito, famoso, político, estridente, ‘revolucionario’  y ‘correcto’, sino lo diferente. Nos importa un pito ser políticamente incorrectos y que por transgresores se cierren las puertas de estos ‘mundos’.

Octavo: Los y las susodichas animales pasquineras no ocultamos donde tenemos enterrado su ombligo. Por eso siempre serán bienvenidos todo aquel creador dispuesto a reconstituir su identidad y a darnos una mano en la insistencia de vender helados en el Polo Norte, porque eso y no otra cosa es tener una publicación en español por estos pastizales.

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