Archivo de la etiqueta: arte

La Trinchera del Arte

por las Editoros

Cuando los nazis allanaron la casa de Pablo Picasso encontraron el cuadro de Guernica. “¿Fue usted quien hizo esto?, le preguntó un oficial al pintor, que apenas podía contener su indignación. Picasso, mirándolo por sobre el hombro, respondió. No, a decir verdad, esto lo hicieron ustedes.”

Verónica Abdala

Pax, pacis, acuerdo, pacto, entendimiento mutuo, coexistencia permanente, es de los retos más antiguos del mundo, porque no se reduce a eliminar las confrontaciones armadas, sino a la necesidad del acuerdo para la convivencia de todos los mundos existentes en nuestro planeta. Y cómo no serlo, si desde pequeños nos educamos a chillar el ¡Pas-pas-pas! o ¡bang, bang! para simular disparos, mientras nuestros humeantes dedos apuntaban al temido adversario, personificando en el vecino del barrio. La paz llegaba con el aburrimiento, otro juego, la llamada a comer o al trabajo.

En la actualidad, los ensordecedores pum-pum-pum, ratatatatatata- ratatatata, boomm, cataplún de la guerra y sus imágenes y noticias no parecen mostrar hartazgo. No hay autoridad capaz de llamar a deponer la violencia, cesar invasiones y demás actos que trastocan la convivencia. Pero si en las confrontaciones todos pierden, ¿por qué no vislumbramos aburrimiento y cansancio de la guerra? Simple: la guerra es un negocio, la paz no. Por ello no hay mecanismos para prevenir las guerras y tampoco para atender las secuelas.

Las marcas de la violencia, con o sin guerra declarada, quedan imborrables en cuerpos humanos, plantas, animales y cosas. Heridos todos. Sufre la naturaleza, se lastiman monumentos y sitios sagrados, lloran los animales, nos retorcemos de dolor hechos un amasijo de desperdicio. Ante eso se prioriza garantizar la ausencia de guerra, en lugar de construir procesos más amplios y duraderos de paz. Como resultado tenemos los llamados conflictos internos, en muchos casos, más sangrientos que las guerras convencionales. Los ciento veinte mil muertos en México y sus masacres en San Fernando, Tlatlaya, los 43 estudiantes desaparecidos, y la más reciente de Nochixtlan Oaxaca, son pruebas irrefutables para los incrédulos.

Quizás los efectos visuales de la conflagración, en sus infinitas estadísticas de dramáticas muertes: agonizar cercenado, ciego, intoxicado, hecho cachitos o simple montón de carne y huesos, obligan a cubrir los efectos visibles. Las campañas mediáticas, instituciones, comisiones diplomáticas y especialistas en resolución de conflictos, escarban la tumba del olvido sobre el calvario de Bosnia, Irak, Colombia, Siria, El Salvador, Sudáfrica, Rwanda, Filipinas, etc. Pero nada o poco se hace para reparar los daños asentados en las familias de los hombres y mujeres destruidos, o en los mutilados, desplazados, refugiados, exiliados, huérfanos, viudas y mucho más.

La inutilidad de las instituciones para garantizar la paz haría pensar en la ineficacia para detener el negocio del exterminio. A los comerciantes de la guadaña les basta acusar a quien quieran de dictador, narco, violador de derechos humanos, promotor del terrorismo, poseedor de armas biológicas, etc., para iniciar masacres.

En este contexto desolador, donde el optimismo se pudre ante la ausencia de alternativas, el arte, que para muchos sirve absolutamente para ni madres, ¿contribuye a la paz? ¿Podrá un verso detener una bala, un tanque o la guerra? ¿Una pintura ser trinchera, barricada o refugio anti bombas? No. Definitivamente no. Pero el Guernica de Picasso, al menos desolló entera la tragedia de la guerra. La canción Resistiré del Dúo Dinámico, arenga a no perder la esperanza, aunque vivamos en un ambiente de fusiles. El libro de los Abrazos de Galeano, alguno de los Cuentos Peregrinos de García Márquez, más de un verso de Girondo, alguna novela de Jorge Amado y Manuel Scorza, ayudan a pensar que todo esfuerzo por la paz vale la pena. Por ello en esta edición la pensamos desde algunas perspectivas artísticas.

Y no, no estamos contentos con la guerra y la violencia, ni con los millones de muertos, refugiados, huérfanos y mutilados arrastrando su dolor por el mundo, ese al que Elliot definió como “dolor entero”. La cruzada por la paz es una responsabilidad bestial, y como rumiantes la asumimos. Por eso, pese a sus imperfecciones, celebramos los acuerdos de paz en Colombia, y les invitamos a manchar con mensaje pacifista todas las paredes del mundo, incluidas las cibernéticas. Empiece mandado sus bombazos sobre el tema a rumiantes@elcencerro.ca

Estación Cartago2

Estación Cartago1