Archivo de la etiqueta: con o sin badajo

Para cualquier frío

por Raúl Gatica

El ingenio y genio literario de los poetas españoles del Siglo de Oro fueron capaces de resolver los fríos y calores humanos cuando la calefacción no existía y el aire acondicionado era sólo el proveniente de ventarrones cruzando ventanas, puertas y otras aperturas. Estos maestros de la lengua nos descubren que hace siglos ya se generaba lumbre entre los versos para salvar a la humanidad de resfriados de cuerpo y alma. En los textos de esta edición, las imágenes del horno, el bracero, la fragua, la fogata, el verano y demás son recursos para atender algunos requerimientos que todos tenemos.

Con ellos apreciamos que el agua y el río dan más que frescor: alivian los sofocos de la carne. La fragua no es únicamente para ablandar al más fuerte de los fierros, sino también pare resolver ansias urgidas de atención a fondo. El cirio es para adorarse mientras se enciende o ya prendido. Y el tizón, aparte de madero ardiente y humeante, es respuesta a quien pretende pasarse de inteligente.

Un anónimo poeta de hace 500 años muestra cómo jugar magistralmente al erotismo con el auxilio de simples cosas. Casi dibuja la ayuda cuando las hormonas están en punto álgido, las piernas miran al techo, y los dedos entran y salen para sofocar urgencias de cuerpos húmedos y escurriendo de deseos.

El maestrísimo Quevedo receta medicinas para el invierno: enero ha de ser más frío para hombres disfrazados de mujeres. Su humor sarcástico dispara dardos al noble personaje que pretende encender su vela con el brasero de la moza en el río. Con Quevedo, el humor y la justicia ríen juntos.

Esta edición de Con y sin Badajo pretende despedir con fueguito al invierno que se resiste a partir para dar paso al color y calor que deberían retratar las esquinas de la primavera. Ojalá estas líneas, que pese a su tiempo siguen siendo de oro, proporcionen algo de calor a quien necesite cocinar sus fríos; calentar y descongelar ganas amarradas en las honduras del organismo.

 

12_RBenavides_MujerRizosCaracas2011_IMG_8182
Poesía anónima de los siglos de oro

¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!

Estábase la moza
Despaldas en el lecho,
Las piernas abiertas,
Y, mirando al techo,
Dice con despecho
“¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!”

De rato a ratillo
Toda se brincaba;
Con gesto amarillo,
De dolor sudaba;
Con pasión llamaba:
“¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!”

Todo se comía
en grande manera,
quel dedo metía
por la hurgonera.
Llorando decía,
Con voz lastimera:
“¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!”

Hácese pedazos,
Toda se desuella;
Quería los brazos
Meter por la mella,
Dando esta querella:
“¡Agua, dadle agua
quel fuego está en la fragua!”

Como estaba así,
Pensó que soñaba.
Cuando torno en sí
Sintió que meaba;
Y de presto llama:
“¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!”

04_RBenavides_SalsaCcs_DSCF1536

Atribuido a Francisco de Quevedo

(registrado en el Cancionero Moderno y recuperado por la Antología Erótica de la poesía hispanoamericana)

Estaba una fregona por enero
Metida hasta los muslos en el río,
Lavando paños, con tal aire y brío,
Que mil necios traía al retortero.

Un cierto Conde, alegre y placentero,
Le pregunto con gracia: “¿tenéis frío?”
Respondió la fregona: “Señor mío,
Siempre llevo conmigo yo un bracero.”

El Conde, que era astuto, y supo donde,
Le dijo, haciendo rueda como pavo,
Que le encendiera un cirio que traía.

Y dijo entonces la fregona al Conde,
Alzándose las faldas hasta el rabo:
“Pues sople este tizón vueseñoría.”