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Mover el Cu…erpo

por Raúl Gatica

Ahora que el baile del tubo ha pasado de ser oficio de putas a herramienta para levantar la autoestima en las mujeres, y hasta para salvar matrimonios, según algunas consejeras, para más de uno y una, bailar se ha convertido en algo tan necesario  como la comida o la bebida. Nada importa si el movimiento es sólo en la boca de la gente cuando un palo se mueve mejor que uno, o a lo salvaje o domesticado, vestido o desnudo, como pretexto o necesidad de sacudir el cu…erpo. Sin duda, bailar es síntoma de salud, medicina contra el mal tiempo y terapia para cualquier desgracia.

Bailamos desde el útero hasta la tumba, en el mingitorio y en la cama;  en todo lugar donde podamos mover el esqueleto. ¿Es tal vez el movimiento del feto ensayo de rocanrol en una pista reducida,  y es acaso el tembloroso bajar del cajón al hoyo para enterrarnos un quejumbroso zapateado?  ¿Es el chisporrotear de la grasa en la incineración  un inconfundible Ska de huesos y carne haciéndose polvo, quizás  Hasta sacudirse el instrumento a la hora de mear requiere de ritmo, y creo que nadie podrá negar que la gimnasia de los cuerpos a la hora de acoplarse es una danza de interminable placer,  ¿cierto?

Y, ¿qué decir de la música que generan? Un concierto a la hora de jugar al amor, copular y alcanzar el más allá. Orgasmo de diferentes dimensiones: aquellos con gemidos y balbuceos, otros con bramidos y gritos emputecidos. Todo un concierto de solfeo y movimientos contra la mojigatería e hipocresía que regularmente cubren las relaciones carnales.

Sin pretender adjudicar quién sería violín o chelo, quién solista o  director de orquesta en la batalla de las ganas hechas carne; ni quién está a cargo del Do-Re-Mi sostenido o los bemoles del perfume deprendiéndose de las intimidades,  enciendo  la imaginación para bosquejar movimientos acoplándose a las piernas de la pareja, a la curvatura de la cintura o la redondez de los pezones sin resbalar jamás.

En la dinámica de los cuerpos, incluso  un mal paso, una pisada de callos oun resbalón de las manos a las nalgas  son parte del ritual.. A practicarlo con cualquier pretexto invita el poeta colombiano Jotamario Arbelaez. Sus palabras bailan desde la cabellera a las medias tobilleras de una colegiala. Hay un ballet con la boca, los botones de la ropa y hasta la atarraya que cubre la respiración de Saba. Y para evitar que  usted baile un tango como Ska,  que una salsa se haga danzón, que  la zumba termine en reggae y que la cumbia se convierta en quebradita, Con y Sin Badajo le pone la música de su poema;  usted encuentre pareja para darle el movimiento que su cuerpo se merece…y necesita.

 

Colegiala Desnuda

Regresa la niña del colegio
Quién sabe qué pensamientos oculta su cabellera negra
Seguramente el profesor calificó mal su tarea
Seguramente  le tocó los senos
Seguramente le prometió un confite
Regresa a su casa la niña que quería ser desencuadernada
Que gustaría ser repasada por un lector ávido de conocimientos
Regresa con el ánimo de despojarse de sus vestiduras
De estrenar su desnudo para ponerse cómoda
Para poder pensar sin problemas en la regla de tres
Regresa la niña del colegio con ganas de chupar un bombón
Y chupando bombón piensa la niña que debe haber algo más dulce
Y la sangre circula como miel por su panal florido
Y ella siente la voz del atavismo cosquilloso que le dice
Que para poder aprender hay que despojarse
Voluntariamente de todo
Y deseosa de aprender ella se va quitando el vestido
Ese vestido de colegio que con tanto cariño le cosió su mamá
La blusa blanca de infinitos botones
La falda azul ajustada con un gancho de nodriza
Los zapatos del uniforme
Las medias tobilleras que escalan sus piernas derechitas
El brassier que contiene principios básicos de trigonometría
Los calzoncitos de amoníaco
Carpa bajo la cual acampa la prodigiosa respiración de la reina de Saba
Mosquitero de los deseos
Atarraya del poniente
Cabo Cañaveral del cohete carnal
La niña sabe que hay un cinco rayado en la mitad de sus piernas
Un coño bien calificado
El honroso diploma
Con el cual se gradúa
Profesional en el amor
Colegiala del alma
Míreme
¿Qué piensa hacer cuando esté grande?
Este párrafo se me hace un poco confuso.

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Para cualquier frío

por Raúl Gatica

El ingenio y genio literario de los poetas españoles del Siglo de Oro fueron capaces de resolver los fríos y calores humanos cuando la calefacción no existía y el aire acondicionado era sólo el proveniente de ventarrones cruzando ventanas, puertas y otras aperturas. Estos maestros de la lengua nos descubren que hace siglos ya se generaba lumbre entre los versos para salvar a la humanidad de resfriados de cuerpo y alma. En los textos de esta edición, las imágenes del horno, el bracero, la fragua, la fogata, el verano y demás son recursos para atender algunos requerimientos que todos tenemos.

Con ellos apreciamos que el agua y el río dan más que frescor: alivian los sofocos de la carne. La fragua no es únicamente para ablandar al más fuerte de los fierros, sino también pare resolver ansias urgidas de atención a fondo. El cirio es para adorarse mientras se enciende o ya prendido. Y el tizón, aparte de madero ardiente y humeante, es respuesta a quien pretende pasarse de inteligente.

Un anónimo poeta de hace 500 años muestra cómo jugar magistralmente al erotismo con el auxilio de simples cosas. Casi dibuja la ayuda cuando las hormonas están en punto álgido, las piernas miran al techo, y los dedos entran y salen para sofocar urgencias de cuerpos húmedos y escurriendo de deseos.

El maestrísimo Quevedo receta medicinas para el invierno: enero ha de ser más frío para hombres disfrazados de mujeres. Su humor sarcástico dispara dardos al noble personaje que pretende encender su vela con el brasero de la moza en el río. Con Quevedo, el humor y la justicia ríen juntos.

Esta edición de Con y sin Badajo pretende despedir con fueguito al invierno que se resiste a partir para dar paso al color y calor que deberían retratar las esquinas de la primavera. Ojalá estas líneas, que pese a su tiempo siguen siendo de oro, proporcionen algo de calor a quien necesite cocinar sus fríos; calentar y descongelar ganas amarradas en las honduras del organismo.

 

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Poesía anónima de los siglos de oro

¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!

Estábase la moza
Despaldas en el lecho,
Las piernas abiertas,
Y, mirando al techo,
Dice con despecho
“¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!”

De rato a ratillo
Toda se brincaba;
Con gesto amarillo,
De dolor sudaba;
Con pasión llamaba:
“¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!”

Todo se comía
en grande manera,
quel dedo metía
por la hurgonera.
Llorando decía,
Con voz lastimera:
“¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!”

Hácese pedazos,
Toda se desuella;
Quería los brazos
Meter por la mella,
Dando esta querella:
“¡Agua, dadle agua
quel fuego está en la fragua!”

Como estaba así,
Pensó que soñaba.
Cuando torno en sí
Sintió que meaba;
Y de presto llama:
“¡Agua, dadle agua,
quel fuego está en la fragua!”

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Atribuido a Francisco de Quevedo

(registrado en el Cancionero Moderno y recuperado por la Antología Erótica de la poesía hispanoamericana)

Estaba una fregona por enero
Metida hasta los muslos en el río,
Lavando paños, con tal aire y brío,
Que mil necios traía al retortero.

Un cierto Conde, alegre y placentero,
Le pregunto con gracia: “¿tenéis frío?”
Respondió la fregona: “Señor mío,
Siempre llevo conmigo yo un bracero.”

El Conde, que era astuto, y supo donde,
Le dijo, haciendo rueda como pavo,
Que le encendiera un cirio que traía.

Y dijo entonces la fregona al Conde,
Alzándose las faldas hasta el rabo:
“Pues sople este tizón vueseñoría.”