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La costilla que no fue Eva

por los Editoras

Por sus diversas apariencias, constitución, funciones y hasta por lo que hace y no reconocemos, el cuerpo humano fascina. En su anatomía caben imaginación, lascivia, miedo, placer, pudor, conflicto, prejuicio, negocio, desconocimiento y culto. Él inspira todo y a todos: desde la religión divinizándolo al grado de presentarlo como semejanza de Dios, o creador de Eva, hasta los caníbales, quienes seguramente le encuentran un sabor particular para preferirlo en lugar de otros animales.

Pero el conjunto de huesos, músculos, sistemas, órganos y demás, también es campo de batalla. Discusiones éticas y estéticas sobre la belleza y cuidado del cuerpo han ido y venido. Hoy día la concepción occidental predomina y para acomodarse a su canon, hombres y mujeres recurren a plantarse un nuevo trasero, tetas más grandes, pelo rejuvenecido, otra cara y hasta piel. Ya ni hablemos de las mascarillas de semen para tener apariencia fresca, o curarse la calvicie con jugos vaginales. Frankensteins recargados pululan por el mundo cumpliendo dictados hegemónicos.

El concepto actual del cuerpo va otorgándole a éste el rol de refaccionaría y que todo en él es reemplazable. Así las cosas, poco importa saber que tenemos entre 206 y 210 huesos, 639 músculos, 21 órganos, o 12 sistemas. Que entre los primeros, el estribo, localizado en el oído, mida menos de un milímetro. O que el músculo del párpado se mueva hasta cinco veces por segundo y que el masetero desarrolle, al masticar, una fuerza equivalente a 100 kg. Y no interesa porque si la afectación del nervio lumbar paraliza el dedo gordo del pie, se prefiere reemplazar el dedo en lugar de atender el mal desde su origen.

Sí, el cuerpo es una mercancía, una ‘refaccionaria’ donde dinero y ciencia son aliados indispensables y donde los pobres llevan la peor parte. El primero compra al segundo para resolver ‘desperfectos’. Un buen cirujano resuelve casi cualquier cosa, siempre y cuando consigan: sangre, medula ósea, corneas, corazones, hígados, etc., hasta semen y vientres para tener hijos. Desde esa cultura, hierbas, camotes y penicilinas son cosa del pasado y la ética, un asunto de dinosaurios. El modelo impuesto destaza a pobres para traficar sus partes.

Y conste, nuestra manada no está contra la ciencia. Más allá de comerciantes de la salud y la belleza, la ciencia ha mejorado la calidad de vida. Desde luego persisten conflictos éticos sobre la muerte asistida, la clonación, el reemplazo de órganos, la renta de úteros, etc. Eso no implica que neguemos el derecho de cualquiera a decidir sobre su cuerpo, pero la cosificación extrema del cuerpo genera dudas. Eso sí, nos negamos a aceptar el uso de la ciencia para bienestar de unos y desgracia de otros.

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Sin duda, muchos debates están por venir con el devenir de la ciencia y el tiempo. Ahí la justificación de la muerte asistida, como una forma de respeto al cuerpo y derecho individual, será la menos complicado. Desde nuestro corral berreamos que de nada servirá la ciencia y el desarrollo de la humanidad si al cuerpo no se le honra ni aprecia. Una falta de respeto al mismo es su explotación laboral, la tortura, la muerte por guerra y hasta la prolongación de la agonía o el sufrimiento por cualquier causa. Una deshonra es la existencia de hombres y mujeres obligados a vender su sexo, fuerza, habilidades, o incluso piezas de su cuerpo para sobrevivir. Así que mientras la hora del Apocalipsis del cuerpo llega, usted que tiene uno, no deje que se le oxide, úselo, compártalo y disfrútelo en todo lo que pueda. Después ya no hay después.

Y en esta edición, en que ni las vacas salvan las ubres, en nuestro establo seguimos defendiendo el disfrute del cuerpo al natural, sin comprar ni pagar nada y sin joderle ni una pestaña del otro. Así que mándenos sus hígados y bofes a rumiantes@elcencerro.ca para remendarle el cuerpo a este número.

La esquina es de quien la trabaja

por Raúl Zibechi

La pasada semana participé como invitado en un encuentro de trabajadoras sexuales en el local de Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez, enclavado en el mercado de La Merced, en el centro del Distrito Federal. Sólo conocía a tres de sus integrantes y fundadoras (Elvira Madrid, Jaime Montejo y Rosa Madrid) en encuentros de movimientos populares y en convocatorias del zapatismo.

En la reunión participaron unas 50 trabajadoras sexuales, en un pequeño departamento donde funciona la clínica que ofrece servicios como Papanicolau, pruebas rápidas de detección de VIH/sida, colposcopia, electrocirugía y cirugía láser, tratamiento de infecciones de transmisión sexual, odontología, acupuntura, masoterapia y atención sicológica, que financian con la venta de los condones Encanto.

El ambiente es difícil de definir porque no se parece en nada a las reuniones de los movimientos sociales y las izquierdas. Habría que remontarse a los encuentros de obreros anarquistas, un siglo atrás, para encontrar referencias válidas. Las trabajadoras sexuales auto-organizadas en la brigada son personas de corazón grande y palabra directa, sin vueltas ni retórica, capaces de explicar sus tremendas vivencias con la naturalidad propia de las de abajo.

Comenzó a circular la palabra. Había mujeres y transexuales de tres generaciones, ya que comenzaron a organizarse hace más de 25 años. La organización se rige por una asamblea general integrada en su mayoría por trabajadoras sexuales que se han aglutinado, desde 1997, bajo el nombre público de Red Mexicana de Trabajo Sexual, destaca uno de sus múltiples documentos.

En la mesa estaban Elvira, Patricia Mérida y Krizna. Sus intervenciones fueron extraordinarias, sencillas, profundas, cristalinas, conmovedoras hasta las lágrimas, que en esas tres horas rodaron tanto como las palabras. Lágrimas de dignidad y de rabia. En sus voces hablaron la explotación de padrotes y madrotas, la violencia de policías abusivos, las violaciones, los golpes y el encarcelamiento, el secuestro de hijos e hijas, las carreras contra las transexuales a quienes la policía rapaba y daba manguerazos.

El clímax fue la intervención de Betty. Sonrisa ingenua, lanza en tono inocente una pregunta demoledora. ¿Cuál es su intención con esto?, en referencia a la información que se lleva el periodista. Una trabajadora sexual interpela al periodista invitado. Es la síntesis de un proceso de décadas, del crecimiento desde abajo, de la dignidad de no sentirse menos que nadie. No es desconfianza en el otro; es poder, capacidad de interrogar que sólo nace de la autoestima y la confianza en sí misma.

Para llegar a ese lugar recorrieron un largo camino. Antes tenían que pedir permiso a las madrotas para trabajar en la calle, ahora tienen cooperativas, explica Alma, hasta con 160 integrantes. Antes nos caíamos gordas unas a otras, ahora están unidas. Chabela recuerda que las llamaban foco de infección, pero ahora son promotoras de salud formadas en los talleres de la brigada.

Lupita, China, Isabel, Ramona junto a su hijo, evocan un pasado de humillaciones en hospitales y violaciones grupales en las calles, cuando las detenciones duraban hasta 15 días. Mi vida era droga diaria, recuerda Betty. Todo eso se acabó, replica alguna. En 2014 el Gobierno del Distrito Federal debió reconocerlas como trabajadoras no asalariadas. Algunas, como Mérida, gracias a la brigada, estudiaron primaria, secundaria y computación. Otras se desempeñan como periodistas gracias a los talleres que imparte, solidariamente, Gloria Muñoz.

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Así fue naciendo un sujeto colectivo. Somos parte de una familia, explica Elvira, cuya vida cambió el día que las conoció. Transitar de objetos a sujetos, de putas a trabajadoras dignas, es un camino que sólo puede explicarse, y entenderse, desde la carne adolorida y las lágrimas rodando sobre la mejilla. No existe tesis ni plataforma capaz de hacerlo. Es vida y sólo vale sentirla.

Brigada callejera tiene su decálogo de principios: apoyo mutuo, decisiones por consenso, unidad de acción, franqueza y no simulación, ser políticamente incorrectos o sea no instrumentales, buscar lo común con otros y no la perfección, no colaboración con el Estado y megaproyectos de grandes corporaciones, no violencia, no injerencia en asuntos internos de otros movimientos y autodeterminación.

Integran la Red de Resistencias Autónomas Anticapitalistas y la Otra Campaña convocada por el EZLN. Han creado la Agencia de Noticias Independiente Noti-calle y las iniciativas de Radio Talón y Tv calle. Cuando alguien propuso hacerse sindicato, la transexual Krizna recordó que rechazan las formas verticales de organización.

Cuando tantos movimientos han sido doblegados por las políticas sociales, brigada obtiene hasta 97 por ciento de sus recursos de la venta de condones, lo que les evita depender de financiamientos externos que puedan generar dependencia o sumisión política, señalan en su página web. El 3 por ciento restante lo obtienen de fundaciones, embajadas, empresas o dependencias del gobierno mexicano, excepto de presidencias municipales, gobiernos estatales o el GDF, que cada vez condicionan más sus aportaciones a la fidelidad política de quienes los obtienen.

Jaime recuerda que el Gobierno del DF quiere expulsar del Centro Histórico a las trabajadoras sexuales, ambulantes, pobres y adictos, y pretenden cerrar o modernizar el mercado La Merced. Elvira agrega que ya cerraron todos los hoteles en la zona, que “ahora utilizan al narco para despojarnos” y que desde 2007 creció la represión, aumentó el trabajo sexual y las desapariciones son un fenómeno nuevo y temible.

Es poco frecuente, en tiempos de posmodernidad con masacres, encontrar espacios plebeyos que irradien espíritu y rabia de clase; abajos con conciencia de clase (como anotan los sabidos). Es reconfortante, pero, sobre todo, es un soplo de vida en este mar de sangre y desesperanza.

Atizar el Fuego

por Raúl Gatica

No, no es la primavera, el verano es el responsable de todo: calor que desnuda, incita y provoca. Es su aire oliendo a ganas, a presagio en tardes rojoaranjadas del otoño asomando las narices por la orilla, invitándonos a morir con ellas y revivir en sus moradoazulecinos resplandores. El verano en su despedida alcanza a llenarnos el cuerpo de vitamina, sudores y ganas desfogadas. Nos deja el cuello torcido de tanto andar como ventiladores con la mirada.

Es estos días, aunque parezca innecesario, ayuda tener unos versos para añadir leños a la hoguera. Atiza la lumbre el salvadoreño Roque Dalton, después pone al cuerpo de refresco, capaz de apagar infiernos. Él, sin estorbos, es alimento, agua, sombra y sombrilla ante un calor que abraza. Es perro mostrando los dientes y muralla de fuego para atajar cualquier mordisco. Es la amada naciendo desde el centro de sus piernas.

Después, el español Miguel Hernández pretendiendo sosiego, alebresta la sangre afirmando en trazos ágiles, filosos y punzantes como estocadas, que en el vientre esta la salvación del mundo, el único remanso donde nada es yermo y ahí los impensables milagros nacen.

Por su lado la española Carmen Conde Abellán no se despega, ni por descuido, del cuerpo femenino. Vive en él, lo conoce y describe mejor que nadie. Hurga en el pelo, esconde aves en las intersecciones de sus extremidades y sus senos son remos para navegar secretos ríos.

La uruguaya Juana de Ibarbourou nos rescata del embrujo. Ella demanda dejar de cosificar a la mujer y amarla por mucho más que su curvas y protuberancias. Con maestría define al cuerpo como amasijo de miserias donde hasta la risa es hueca, lo demás, tierra y alimento de gusanos. La poeta compadece a quien por la carne le busca, por eso sólo le entrega cenizas. Su valor al exaltar a la mujer más allá de su apariencia, y de exigir ser mirada más allá de sus carnes la colocan como pionera del feminismo latinoamericano.

Sí el calor escasea en el verano en estas latitudes norteñas, es el tiempo del cuerpo. Oportunidad para mostrarse sin parecer cebolla cubierto de camisas, suéteres, chamarras e impermeables. Es luz señalando las motas alrededor de la cadera o el vello escabulléndose entre las piernas. Ojalá las varias miradas al cuerpo convivan en el paladar de todos y todas los lectoras de Con o sin badajo, y sin desparpajo ni prisa, encuentre en los poemas siguientes algo de frescura para los calores.

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DESNUDA
por Roque Dalton

Amo tu desnudez
Porque desnuda me bebes con los poros,
Como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.

Tu desnudez derriba con tu calor los limites,
Me abre todas las puertas para que te adivine,
Me toma de la mano como un niño perdido
Que en ti dejara quietas su edad y sus preguntas.

Tu piel dulce y salobre que aspiro y que sorbo
Pasa a ser mi universo, el credo que me nutre;
La aromática lámpara que alzo estando ciego
Cuando junto a la sombra los deseos me ladran.

Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
Cabes en una copa vecina de mi lengua,
Cabes en mis manos como el pan necesario,
Cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.

El día en que te mueras te enterraré desnuda
Para que limpio sea tu reparto en la tierra,
Para poder besarte la piel en los caminos,
Trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda,
Como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.

 
MENOS TU VIENTRE TODO ES CONFUSO
por Miguel Hernández

Menos tu vientre
todo es confuso.

Menos tu vientre
Todo es futuro
Fugaz, pasado,
Baldío, turbio.

Menos tu vientre
Todo es oculto,
Menos tu vientre
Todo es inseguro,
Todo postrero,
Polvos sin mundo.

Menos tu vientre
Todo es oscuro,
Menos tu vientre
Claro y profundo.

 
HALLAZGO
por Carmen Conde

Desnuda y adherida a tu desnudez.
Mis pechos como hielos recién cortados,
En el agua plana de tu pecho.
Mis hombros abiertos bajo tus hombros.
Y tú, flotante en mi desnudez.

Alzaré mis brazos y sostendré tu aire.
Podrás discernir mi sueño
Porque el cielo descansará en mi frente
Afluentes de tus ríos serán mis ríos.
Navegaremos juntos, tú serás mi vela
Y yo te llevaré por mares escondidos.
¡Qué suprema efusión de geografías!
Tus manos sobre mis manos.
Tus ojos, aves de mi árbol,
En la yerba de mi cabeza.

 
LACERIA
por Juana de Ibarbourou

No codicies mi boca. Mi boca es de ceniza
Y es un hueco sonido de campanas mi risa.

No me oprimas las manos. Son de polvo mis manos,
Y al estrecharla tocas comida de gusanos.

No trences mis cabellos. Mis cabellos son tierra
Con la que han de nutrirse las plantas de la sierra.

No acaricies mis senos. Son de greda los senos
Que te empeñas en ver como lirios morenos.

¿Y aún me quieres amado? ¿Y aún mi cuerpo pretendes
y, largas de deseo, las manos a mi tiendes?

¿Aún codicias, amado, la carne mentirosa
que es ceniza y se cubre de apariencia de rosa?

Bien, tómame. ¡Oh laceria!
¡Polvo que busca al polvo sin sentir su miseria!

El clítoris, ese gran desconocido

por Verónica Gutiérrez Portillo*

El 6 de febrero pasado fue el Día Internacional Contra la Mutilación Genital Femenina (Ablación); fecha escogida por la ONU en 2012 para concienciar, sensibilizar, luchar y encontrar maneras para frenar esta aberrante costumbre en diferentes culturas africanas, además de ser una clara discriminación hacia el género femenino, así como una flagrante violación de los derechos humanos de niñas y mujeres.

Por este motivo, me gustaría escribir este sintetizado artículo sobre el clítoris, como una manera más de combatir esta cruenta, cruel, absurda e inaceptable tradición.

El clítoris, ese pequeño órgano carnoso y eréctil que encontramos en la parte superior de la vulva del aparato genital femenino; ese órgano parcialmente escondido y también desconocido, ha sido y es todavía, objeto de discriminación, persecución cultural y escatimado protagonismo, a pesar de su nombre prácticamente universal y las bondades que ostenta en su reducido tamaño.

Su única función es otorgar placer sexual a la mujer, ya que no tiene una función reproductiva y, sin embargo, cuando se habla del órgano sexual femenino invariablemente se piensa en la vagina, cuando es el clítoris el que merece ostentar dicho título al ser mucho más sensible (extremadamente) y el causante directo de todos los orgasmos femeninos, ya que por él discurren los nervios sensitivos (dorsales) y, en términos generales, una gran cantidad de terminaciones nerviosas (ocho mil en su parte externa –el doble de las del pene– comunicadas con otras 15 mil en la región pélvica).

El clítoris, al igual que el pene, posee capuchón, glande y cuerpos cavernosos que se llenan de sangre con la excitación sexual.

Recientemente, se ha empezado a hablar del complejo uretra-clítoris-vagina, una zona de estimulación erótica y sensorial muy potente, de la que todavía queda mucho por descubrir.

En 2011 expertos de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey, Estados Unidos) crearon un mapa cerebral del placer sexual femenino, utilizando escáneres para identificar las áreas del cerebro involucradas en la excitación de los genitales femeninos, lo que reveló que la estimulación del clítoris no es la única que activa la corteza sensorial, puesto que también la estimulación de la vagina, el cuello uterino y los pezones desencadenan respuestas cerebrales.

Fue apenas en 1998 cuando se describió la anatomía completa del clítoris por la uróloga australiana Helen O’Connell a través de imágenes por resonancia magnética. Posteriormente, dos investigadores franceses, los doctores Odile Buisson y Pierre Foldès, crearon el primer sonograma completo en 3D de un clítoris estimulado. No obstante, fueron los estudios de Bill Masters y Virginia Johnson los que lanzaron el clítoris a la fama aseverando que la mujer a menudo no queda satisfecha con una única experiencia orgásmica y demostrando que la mujer bien puede prescindir del hombre al descubrir una sexualidad femenina independiente del coito con los hombres.

El mecanismo del clítoris es muy similar al del pene; como éste, tiene erecciones y eyacula, y al ser un cuerpo cavernoso, también se ve afectado por patologías como la hipertensión, la diabetes y por el ineludible paso del tiempo.

El clítoris es una parte de la anatomía femenina delicada y sensible que debe ser tratada como tal, algo que la mayoría de los hombres todavía desconoce.

 

* Médico familiar de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco