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Armar la Rumba

por los Editoras

Tienen mucha razón los Van Van de Cuba cuando dicen “Bailen, aquí el que baila, gana”. El bailar posee una cantidad inigualable de beneficios desde físicos hasta políticos. Por ello, en esta edición de El Cencerro saldrán a la pista plumas de pavos reales, garras de halcones, pesuñas de rumiantes alebrestados y patas de gorilas emocionados.

Bailar es una de las mejores formas de ejercitarse. Un buen bailarín mueve simultáneamente una gran cantidad de músculos. Como reacción a esta  activación muscular, el corazón se sincroniza con el ritmo, acelerándose para lograr bombear suficiente sangre a los lugares en movimiento. La coordinación que implica el baile permite establecer nuevas conexiones cerebrales, creando y recreando memorias de movimiento.  Al mismo tiempo,  estimula las áreas del cerebro relacionadas con la creatividad, convirtiendo al ejecutante en un artista. Pero no se achicopale, esto no pasa sólo con danzantes profesionales. Estas reacciones suceden incluso cuando zapateamos por primera vez. Si no se acelera su corazón por el movimiento, por lo menos lo hará por la ansiedad de no tropezarse en la pista o pisar a su pareja. Hasta el cerdo, animal ridiculizado y degradado, es capaz de aprender algunos pasos de baile por puro entretenimiento, o tal vez como estrategia para bajar unos kilos y aplazar así su viaje al matadero.

El baile también ayuda a la cohesión social. Según la coreógrafa afroamericana Camille A. Brown, “el baile es un lenguaje, una expresión que emerge de una comunidad. […]. Saberse los pasos significa pertenecer al grupo”. Es común que, en un ambiente festivo, la gente copie los movimientos de otros, se generen coreografías o se siga a un líder. Todo esto busca construir  empatía, hacernos sentir parte de una comunidad  y evitar conflictos. Por ejemplo, los grupos urbanos de las calles de Saltillo, México, se reúnen a bailar lo que llaman “La Colombia”, una mezcla de cumbia tradicional colombiana con efectos electrónicos y looks urbanos. A través del baile saldan cuentas entre pandillas, luchan contra adicciones y sustituyen las peleas con armas por las guerras de baile. Es decir, bailar transmite identidad, ayuda a reducir el estrés y a lidiar con la depresión. Al activar el sistema de endorfinas, genera una sensación de calidez y calma que nos hace sentir más cercanos a la gente que danza con nosotros. Muchas de las mejores relaciones se construyen a través del baile y la fiesta.

Además,  en el reino animal el baile sirve para atraer al sexo opuesto . Por ejemplo, cuando llega la época de apareamiento, los delfines machos rosados del Amazonas golpean el agua con ramas y juncos.  “Lo hacen para atraer a las damas,” dice Tony Martin, de la Universidad de Kent “Un macho puede salir varias veces a la superficie con un objeto aferrado en el hocico, para luego girar lentamente sobre sí mismo.” Como en un acto de danza acrobática, el mejor bailarín conseguirá aparearse.

Los seres humanos no nos quedamos atrás.  Nick Neave, investigador de la Universidad de Northumbria (Reino Unido), realizó un estudio entre hombres y mujeres para investigar qué movimientos resultan más atractivos en ambos géneros. Ponga atención, esta valiosa información podría convertirlo en  rey o reina de la pista. Si usted es hombre, debe saber que las mujeres se fijan sobre todo en los movimientos de su cabeza, cuello y hombros. Por su lado, el éxito de las mujeres reside en un buen balanceo de caderas, un movimiento asimétrico de muslos y uno intermedio de brazos. 

No se quede sentado con estos datos a la mano.  Agarre a su pareja o baile solo si prefiere, pero atrévase a salir al ruedo y disfrutar  de los placeres y beneficios de mover el esqueleto.  En esta ocasión, poco importa que, si por zarandearse a ritmo de cualquier música, usted no manda sus comentarios a  rumiantes@elcencerro.ca.

Gases

Mi abuelo, un indio Ñuu Savi, sabía del comportamiento del clima con el rebuznar y desenvainar del ‘instrumento’ de su burro Músico. Como el pulpo Paúl, casi no fallaba.

—Si Músico apunta su ‘cornetota’ al cielo, no es calentura lo que padece: avisa de gemidos, estertores, sufrimientos, dolores y sudores de la madre tierra, que también está viva —decía el abuelo.

Con el devenir del tiempo, pese a que la ciencia y sus científicos han inventado máquinas para medir todo, no atinan a ponerse de acuerdo sobre lo que pasa con el clima. Desconcertados, acusan a los gases de efecto invernadero de los inviernos cálidos y veranos con heladas y granizadas, o de lluvias, nevadas y sequías súbitas.

Hoy día, las estaciones ya no pueden medirse sólo con el calendario. Ya no sabemos si calorones y heladas nos enredarán primavera con invierno, verano con otoño. Tampoco cuándo los ciclones despeinarán el clima y desgajarán montañas. Menos aún si nevadas y aguaceros arrasarán la cachondez de los lugares turísticos con ríos desbordados, tsunamis o avalanchas insospechados; o dónde terremotos desmoronarán edificios y abrirán la tierra para tragarse a la vida con ansias de amante desesperado. Cada vez es más complicado prever la respuesta de la tierra ante tanta violación. Vamos rápido y derecho a la mierda, si es que no estamos ya ahí.

Y pensar que todo pasa porque comenzamos a calentarnos. Hablamos del planeta, no del endurecimiento del badajo o la humedad femenil resultado de atrevidos tocamientos. Tan es verdad que diversos científicos afirman que 2016 fue el año más cálido en la historia humana: 1.1 grado por arriba del establecido en la era preindustrial. Además, científicos de la Universidad de Stanford afirman que el día más caluroso del año en distintas partes del mundo está relacionado con el cambio climático.

Y aquí las opiniones de los expertos se dividen. Algunos sostienen que la calentura planetaria resulta de los gases efecto invernadero, a su vez consecuencia de pornográficas penetraciones de cemento y asfalto por todos lados. Succiones exageradas de mantos acuíferos, petróleo y gas natural. Desfloramientos forzados de la tierra por la minería salvaje y devastaciones forestales que van dejando nuestro hábitat desértico, infértil, yermo y casi frígido.

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Otros declaran que no es sólo la acción humana la responsable del calentamiento global y sus daños colaterales irreversibles. Insisten en la responsabilidad del gas metano liberado a lo largo del globo, particularmente en la tundra ártica y los pantanos. También insinúan que nos calentamos a pedos. Sí, a pedos. Al menos eso se infiere de lo publicado por la revista Current Biology, afirmando que los dinosaurios saurópodos – o gigantes herbívoros – podrían haber provocado el calentamiento climático de la Tierra a través de sus flatulencias. Mencionan que esos dinosaurios producían mucho más metano que todas las fuentes de contaminación moderna juntas.

Independientemente de quién genere el calentamiento global, la Academia Nacional de Ciencias de USA señaló que la influencia del cambio de temperatura provocó 57% de los récords de menos lluvia, y 41% de los récords de lluvias abundantes en un año. Y para rematar, la revista Science pronostica que el calentamiento global incrementará las sequías y aguaceros en este 2017.

Y mientras los científicos se ponen de acuerdo en lo que pasa, lo cierto es que como los indígenas aseguran, la tierra es organismo vivo y los ‘desastres naturales’ son su respuesta a las acciones humanas emprendidas contra ella. Por eso no todos los calentones conducen al gozo y placer, tan así que, según la ONU, ya están a la vista: cuatro potenciales hambrunas en forma simultánea por primera vez en la historia. Más de 20 millones de personas corren el riesgo de morir de hambre debido a sequías y a conflictos en Yemen, Somalia, Sudán del Sur y el noroeste de Nigeria, mientras más de 100 millones enfrentan malnutrición aguda en todo el mundo. Además, el derretimiento de los glaciares e incremento del nivel del mar pondrá en peligro de extinción a las comunidades indígenas y especies animales de los Polos. Quizás por estas evidencias, finalmente los científicos salieron a las calles para convocarnos a frenar nuestra propia destrucción.

En fin, mientras se resuelve si es verdad que la extinción de los dinosaurios se debió a que eran muy pedorros, ante el panorama apocalíptico retomemos a Revueltas, quien dice que el horror cotidiano puede ser sustento de una buena narración. De ahí que los y las Cencerros les invitamos a mugirnos al menos sus comentarios sobre esta edición a rumiantes@elcencerro.ca

Las editoras y los editoros

 

La costilla que no fue Eva

por los Editoras

Por sus diversas apariencias, constitución, funciones y hasta por lo que hace y no reconocemos, el cuerpo humano fascina. En su anatomía caben imaginación, lascivia, miedo, placer, pudor, conflicto, prejuicio, negocio, desconocimiento y culto. Él inspira todo y a todos: desde la religión divinizándolo al grado de presentarlo como semejanza de Dios, o creador de Eva, hasta los caníbales, quienes seguramente le encuentran un sabor particular para preferirlo en lugar de otros animales.

Pero el conjunto de huesos, músculos, sistemas, órganos y demás, también es campo de batalla. Discusiones éticas y estéticas sobre la belleza y cuidado del cuerpo han ido y venido. Hoy día la concepción occidental predomina y para acomodarse a su canon, hombres y mujeres recurren a plantarse un nuevo trasero, tetas más grandes, pelo rejuvenecido, otra cara y hasta piel. Ya ni hablemos de las mascarillas de semen para tener apariencia fresca, o curarse la calvicie con jugos vaginales. Frankensteins recargados pululan por el mundo cumpliendo dictados hegemónicos.

El concepto actual del cuerpo va otorgándole a éste el rol de refaccionaría y que todo en él es reemplazable. Así las cosas, poco importa saber que tenemos entre 206 y 210 huesos, 639 músculos, 21 órganos, o 12 sistemas. Que entre los primeros, el estribo, localizado en el oído, mida menos de un milímetro. O que el músculo del párpado se mueva hasta cinco veces por segundo y que el masetero desarrolle, al masticar, una fuerza equivalente a 100 kg. Y no interesa porque si la afectación del nervio lumbar paraliza el dedo gordo del pie, se prefiere reemplazar el dedo en lugar de atender el mal desde su origen.

Sí, el cuerpo es una mercancía, una ‘refaccionaria’ donde dinero y ciencia son aliados indispensables y donde los pobres llevan la peor parte. El primero compra al segundo para resolver ‘desperfectos’. Un buen cirujano resuelve casi cualquier cosa, siempre y cuando consigan: sangre, medula ósea, corneas, corazones, hígados, etc., hasta semen y vientres para tener hijos. Desde esa cultura, hierbas, camotes y penicilinas son cosa del pasado y la ética, un asunto de dinosaurios. El modelo impuesto destaza a pobres para traficar sus partes.

Y conste, nuestra manada no está contra la ciencia. Más allá de comerciantes de la salud y la belleza, la ciencia ha mejorado la calidad de vida. Desde luego persisten conflictos éticos sobre la muerte asistida, la clonación, el reemplazo de órganos, la renta de úteros, etc. Eso no implica que neguemos el derecho de cualquiera a decidir sobre su cuerpo, pero la cosificación extrema del cuerpo genera dudas. Eso sí, nos negamos a aceptar el uso de la ciencia para bienestar de unos y desgracia de otros.

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Sin duda, muchos debates están por venir con el devenir de la ciencia y el tiempo. Ahí la justificación de la muerte asistida, como una forma de respeto al cuerpo y derecho individual, será la menos complicado. Desde nuestro corral berreamos que de nada servirá la ciencia y el desarrollo de la humanidad si al cuerpo no se le honra ni aprecia. Una falta de respeto al mismo es su explotación laboral, la tortura, la muerte por guerra y hasta la prolongación de la agonía o el sufrimiento por cualquier causa. Una deshonra es la existencia de hombres y mujeres obligados a vender su sexo, fuerza, habilidades, o incluso piezas de su cuerpo para sobrevivir. Así que mientras la hora del Apocalipsis del cuerpo llega, usted que tiene uno, no deje que se le oxide, úselo, compártalo y disfrútelo en todo lo que pueda. Después ya no hay después.

Y en esta edición, en que ni las vacas salvan las ubres, en nuestro establo seguimos defendiendo el disfrute del cuerpo al natural, sin comprar ni pagar nada y sin joderle ni una pestaña del otro. Así que mándenos sus hígados y bofes a rumiantes@elcencerro.ca para remendarle el cuerpo a este número.

La Trinchera del Arte

por las Editoros

Cuando los nazis allanaron la casa de Pablo Picasso encontraron el cuadro de Guernica. “¿Fue usted quien hizo esto?, le preguntó un oficial al pintor, que apenas podía contener su indignación. Picasso, mirándolo por sobre el hombro, respondió. No, a decir verdad, esto lo hicieron ustedes.”

Verónica Abdala

Pax, pacis, acuerdo, pacto, entendimiento mutuo, coexistencia permanente, es de los retos más antiguos del mundo, porque no se reduce a eliminar las confrontaciones armadas, sino a la necesidad del acuerdo para la convivencia de todos los mundos existentes en nuestro planeta. Y cómo no serlo, si desde pequeños nos educamos a chillar el ¡Pas-pas-pas! o ¡bang, bang! para simular disparos, mientras nuestros humeantes dedos apuntaban al temido adversario, personificando en el vecino del barrio. La paz llegaba con el aburrimiento, otro juego, la llamada a comer o al trabajo.

En la actualidad, los ensordecedores pum-pum-pum, ratatatatatata- ratatatata, boomm, cataplún de la guerra y sus imágenes y noticias no parecen mostrar hartazgo. No hay autoridad capaz de llamar a deponer la violencia, cesar invasiones y demás actos que trastocan la convivencia. Pero si en las confrontaciones todos pierden, ¿por qué no vislumbramos aburrimiento y cansancio de la guerra? Simple: la guerra es un negocio, la paz no. Por ello no hay mecanismos para prevenir las guerras y tampoco para atender las secuelas.

Las marcas de la violencia, con o sin guerra declarada, quedan imborrables en cuerpos humanos, plantas, animales y cosas. Heridos todos. Sufre la naturaleza, se lastiman monumentos y sitios sagrados, lloran los animales, nos retorcemos de dolor hechos un amasijo de desperdicio. Ante eso se prioriza garantizar la ausencia de guerra, en lugar de construir procesos más amplios y duraderos de paz. Como resultado tenemos los llamados conflictos internos, en muchos casos, más sangrientos que las guerras convencionales. Los ciento veinte mil muertos en México y sus masacres en San Fernando, Tlatlaya, los 43 estudiantes desaparecidos, y la más reciente de Nochixtlan Oaxaca, son pruebas irrefutables para los incrédulos.

Quizás los efectos visuales de la conflagración, en sus infinitas estadísticas de dramáticas muertes: agonizar cercenado, ciego, intoxicado, hecho cachitos o simple montón de carne y huesos, obligan a cubrir los efectos visibles. Las campañas mediáticas, instituciones, comisiones diplomáticas y especialistas en resolución de conflictos, escarban la tumba del olvido sobre el calvario de Bosnia, Irak, Colombia, Siria, El Salvador, Sudáfrica, Rwanda, Filipinas, etc. Pero nada o poco se hace para reparar los daños asentados en las familias de los hombres y mujeres destruidos, o en los mutilados, desplazados, refugiados, exiliados, huérfanos, viudas y mucho más.

La inutilidad de las instituciones para garantizar la paz haría pensar en la ineficacia para detener el negocio del exterminio. A los comerciantes de la guadaña les basta acusar a quien quieran de dictador, narco, violador de derechos humanos, promotor del terrorismo, poseedor de armas biológicas, etc., para iniciar masacres.

En este contexto desolador, donde el optimismo se pudre ante la ausencia de alternativas, el arte, que para muchos sirve absolutamente para ni madres, ¿contribuye a la paz? ¿Podrá un verso detener una bala, un tanque o la guerra? ¿Una pintura ser trinchera, barricada o refugio anti bombas? No. Definitivamente no. Pero el Guernica de Picasso, al menos desolló entera la tragedia de la guerra. La canción Resistiré del Dúo Dinámico, arenga a no perder la esperanza, aunque vivamos en un ambiente de fusiles. El libro de los Abrazos de Galeano, alguno de los Cuentos Peregrinos de García Márquez, más de un verso de Girondo, alguna novela de Jorge Amado y Manuel Scorza, ayudan a pensar que todo esfuerzo por la paz vale la pena. Por ello en esta edición la pensamos desde algunas perspectivas artísticas.

Y no, no estamos contentos con la guerra y la violencia, ni con los millones de muertos, refugiados, huérfanos y mutilados arrastrando su dolor por el mundo, ese al que Elliot definió como “dolor entero”. La cruzada por la paz es una responsabilidad bestial, y como rumiantes la asumimos. Por eso, pese a sus imperfecciones, celebramos los acuerdos de paz en Colombia, y les invitamos a manchar con mensaje pacifista todas las paredes del mundo, incluidas las cibernéticas. Empiece mandado sus bombazos sobre el tema a rumiantes@elcencerro.ca

Estación Cartago2

Estación Cartago1

¿Iguales?

Hace casi un siglo, Virginia Wolf debatía con los hombres sobre el desproporcionado poder económico y legal de ellos ante la desigualdad de oportunidades de las mujeres. Décadas después, Simone De Beauvoir en su libro El segundo sexo, equiparaba al matrimonio con la prostitución y describía con exactitud cómo la sociedad colocaba a la mujer en una posición inferior al hombre. Mucho tiempo y pocos cambios han pasado en la vida de quienes no son sólo la mitad del mundo. Sin importar su escolaridad, profesiones, estatus socio- económico o preferencias sexuales y religiosas, persiste la visión de las mujeres objeto, padeciendo todo tipo de discriminación, violencia y abusos, incluida la negación del placer. Afortunadamente, la lucha sostenida de millones de mujeres ha derrotado a milenios de poder patriarcal tratando de invisibilizarlas.

De acuerdo con Index mundial, hasta julio de 2014 se estimaban 7.174.611.584 habitantes en el planeta. Las Naciones Unidas precisaban: en 2015, por cada 100 mujeres hay 101,8 hombres. Por su lado, la OCDE cita que en 13 de los 15 países con un alto nivel de desarrollo y estabilidad, las mujeres representan más del 50% de la población, a excepción de Islandia (49,66%) y Noruega (49,93%). El Centro de Investigación Pew indica: Rusia, Letonia, Ucrania y otros, tienen mayor presencia femenina que masculina. En Rusia, por ejemplo, hay 86,8 hombres por cada 100 mujeres. El líder es Martinica, con 84,5 hombres por cada 100 mujeres. Sin embargo, las cifras no cuadran en cuanto a igualdad de oportunidades.

Por ejemplo, en 2015, mundialmente sólo 17% de cargos ministeriales y 22% de los parlamentarios eran ocupados por mujeres, 11 eran jefas de estado y 10 jefas de gobierno. Rwanda era el único país con 63.8% de mujeres parlamentarias(cámara baja). Y según la UNESCO, en el Atlas sobre la desigualdad de género en la educación, el 52% de los infantes, fuera de las aulas de educación primaria, son niñas.

En cuanto a la violencia, discriminación y abusos, de tan cotidianos optamos por no mirarlos. Sin contar las esterilizaciones en muchas partes del planeta, según la Organización Mundial de la Salud: más de 125 millones de mujeres y niñas vivas han sufrido mutilación genital en 29 países de África y Oriente Medio.

Diversas organizaciones de mujeres y derechos humanos han documentado que la infinita lista de mujeres asesinadas, desplazadas y dañadas en Palestina, Irak, Siria, Colombia, México, Guatemala, etcétera, tiene como origen la desigualdad social, conflictos internos y la codicia del primer mundo por apropiarse de territorio y recursos naturales. Los perpetradores internos y externos hasta la fecha siguen impunes.

Por otro lado, la preferencia sexual, el disfrute de su sexualidad y hasta malformaciones genéticas son padecidas como crímenes. Una mujer demandando placer es incinerada, por lo menos, como puta; mientras al hombre, por lo mismo, se le asigna virtud. El transgénero y lesbianismo es muy complicado; el caso de Salinas, República Dominicana y Papúa Nueva Guinea lo ilustra. Ahí, debido a la deficiencia de la enzima 5-Alfa, 2%, 1 de cada 90 bebes contraen una enfermedad hereditaria, nacen como niñas y a los 12 años se transforman en hombres. Quienes han tenido esta metamorfosis son llamados de por vida güevedoces o machihembras y mientras en Dominicana son medianamente aceptados, en Papúa son rechazados porque fueron alguna vez mujeres. Este fenómeno llevó a la científica australiana Jenny Graves a señalar: “el cromosoma masculino está en proceso de destrucción, es decir, la extinción de los hombres ya puede estar en marcha.”

Podríamos seguir enumerando injusticias y siempre quedaría una por decirse, como esa en Dongguan, China, donde es normal que dos o más mujeres compartan un novio, y una vergüenza para un hombre ser monógamo, pero no al contrario. Por ello, los y las Cencerros, sin romantizar ni idealizar, más allá de exhibir los abusos, sugerimos caminos para desterrarlos. Intentamos nacer humor y ternura sin renunciar a la lascivia; sembramos bromas y respeto sin pelear con el deseo; nos zurramos de risa ante la condena legal, social y familiar, cuando alguien tiene la capacidad de amar a más de uno. Quizás no comparta mucho nuestras veredas pero, al menos, preocuparse por el placer de su pareja en lugar de cercenarlo es buen lugar para practicar la igualdad de género.

Convencidos de que se extermine o no el hombre, hoy batallamos por la sobrevivencia de la especie y la humanización de la vida, y eso sin los derechos de las mujeres será imposible. Así que, sin hacerse rumiante, súmese a la cruzada contra los machos cabríos y escríbanos, aunque sea una coz a rumiantes@elcencerro.ca, comentando el esfuerzo femenil desplegado en la presente edición.

Los editoros y las edivacas

Marionetas

por Los Editoras

Se equivocaron quienes predijeron que la televisión, el cine, el internet y la tecnología en general acabarían con el viejo oficio de titiritero. La tecnología renovó, perfeccionó, y multiplicó el arte de mover al gusto a otros. Ahora no sólo se manipulan a los monigotes de cine y televisión, sino también a quienes miran la pantalla.

Si entendemos la manipulación como la acción de modificar el estado original de la materia, cosas, fenómenos, sociedades, individuos, lenguaje, etc. hasta hacerlos ser, parecer, tener, significar o actuar de manera distinta al de su origen; nadie, pero nadie, nadie está a salvo de manipular o de que lo manipulen. Claro, la tecnología facilita transmutaciones genéticas, mediáticas, emocionales, físicas, conyugales, familiares; y presta inmenso servicio al poder, que altera la verdad a extremos tales que el engaño ni lo parece.

Claro, hay de manipulaciones a manipulaciones y de manipuladores a manipuladores. Entre las manipulaciones, la propaganda es de las más terribles. Funciona para persuadirnos de comer veneno y pagar por ello; para convencernos de hacer a los villanos héroes y a los héroes, villanos: Hitler, Musolini y Franco; y entre los actuales: Rajoy, Calderón, Macri, y Pena Nieto (que quede claro: Pena, no Peña), junto con McDonald, son veneno legitimado para consumir. Entre los manipuladores, los psicólogos son temibles. Recordemos cómo Hannibal Lecter, en El silencio de los inocentes, aterra con su capacidad de degradar la dignidad humana y usar a otros para alcanzar sus deseos. Pero hay otros peores que el actor del film. A la luz de sus acciones, los políticos en el poder son Frankenstein, organismos genéticamente modificados, rata de dos patas, y más, mucho más.

El ingenio humano para crear marionetas es infinito. Veamos, por ejemplo, cuando alguien aprovecha las circunstancias para incitar a otros a actuar en su beneficio.

Durante un atraco a un banco, después obtener un buen botín y antes de darse a la fuga, el atracador, muy nervioso, pregunta a un rehén:

— ¿Tú me has visto robar este banco?

El rehén, asustado, responde: sí, y el atracador le pega un tiro en la cabeza. Después se vuelve al resto de rehenes apuntándoles y pregunta a dos mujeres y un hombre:

— ¿Me vieron robar este banco?

El hombre responde:

— Yo no vi nada, pero mi mujer y mi suegra no han perdido detalle.

La manipulación no está exenta de controversias, la genética es un ejemplo. Sobre todo, si reconocemos en el ejercicio de jugar a ser dios algunos aciertos: desarrollo de plantas resistentes a enfermedades, al frio, con mayor calidad nutricional y mejores cualidades organolépticas. Pero si la frase manipulación genética es alterada semánticamente podemos tener algo como:

Un experto en genética feliz comparte: Ya tengo certificado de manipulador de alimentos…logré que plátanos y papas estén totalmente en contra de las zanahorias.

De acuerdo o no, respecto a que nadie escapa de la manipulación, no podrá negar que la manipulación se usa para mantener el status quo, impedir revueltas, perpetrar la opresión y engatusar mayorías. Los manipuladores justifican su actuar en la patria, los hijos, el bienestar de los otros, la convivencia, la familia, la sociedad y demás. Se auxilian para ello en los eufemismos, alcahuete perfecto para manipular, aunque no falte quien asegure es una forma optimista de ver las cosas.

Más para mal que para bien, los políticos son maestros del eufemismo. Por ejemplo, dicen vulnerables para disfrazar a los miserables. Califican de poco afortunados a los desgraciados. En ese sentido, ¿qué tan optimista puede ser y para qué sirve al desgraciado, miserable y pobre que le llamen, vulnerable, poco afortunado y sin ingresos suficientes? Los eufemismos sólo sirven al poder para decir que todo marcha perfectamente.

Lo cierto es que la manipulación no se acaba eliminando a los títeres, siempre habrá otro para reemplazarlo. Lo fundamental es el rol del titiritero, especialmente en estos tiempos de globalización, donde los grandes manipuladores son las compañías transnacionales. Los gobiernos en turno, sin importar signo ideológico, apenas son parte del elenco de títeres movidos al antojo, para garantizar que sus ciudadanos jueguen el triste papel de zombis. No hay duda, el titiritero ensanchó su protagonismo, aunque cuando la manipulación sufre cuarteaduras o tiene ventanas y rendijas descuidadas, los cambios y revueltas aparecen. En esa tarea, el Cencerro pone su pastura. Así que no espere a ser manipulado y de corazón escríbanos a rumiantes@elcencerro.ca