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Inmediatez del color

por Raúl Gatica

En Impresiones del Mundo, exposición del pintor mexicano Humberto Rivera hospedada del 1 al 31 de Marzo de 2017 en el Britannia Art Gallery de Vancouver, una línea que pudiera parecer  accidental para un espectador inexperto como yo da forma a un buey, o a una vaca quizás. Sin esa raya, el cuadro no tendría sentido, al menos no para  mí. Pero también hay piedras, o acaso  el sabor de ellas, en los colores marrones, amarillentos y cafés que inundan casi todo cuadro del artista. . Claro, sin obviar los azules que, como charco de sangre, escurren de una sublimación de pollo rostizado,  ¿quizás para implicar que ellos sí  son de sangre azul?  Y los poderosos rojos que sin antifaz muestran borrascosas violencias.  Esas y otras impresiones desatan  los trabajos del también padre de Quijotes despeinados.

Pero las obras de Rivera no sólo muestran muestra  a un pintor juguetón con los colores, sino también al ebanista cuyo mayor desafío es  vencer la tentación de darle forma definida al conjunto. Es  también aquelarre de pinceles guiados por las vísceras. Un tour por muchos vericuetos de tonalidades. Un retrato del mundo experimentado por Humberto, dónde la brújula de su sensibilidad impide  cualquier extravío.  Es  refrescante tropezar con ríos ciegos de certezas intentando encontrar su ruta para terminar en algo: un lugar donde su cauce  pudiera ser más que insinuación para algunos, y para otros, algo distinto.

No hay duda, todos los cuadros fueron mancha. Quizás nacida en la parte más labrada de un color juntándose con otro. Justo donde amanecen y se arrastran los demás hijos buscando tener algún pigmento alejado de los básicos. El azul encontró un lugar donde estirar brazos, piernas y todo el esqueleto hasta volverse verde. ¿ Empezó acaso alguno en el rojo, donde el negro se convirtió en  mecedora para arrullar a alguno de sus tonos? ¿Fue la ausencia de color  pretexto para decir “presente”, o para insinuar un pajarraco aferrando el equilibrio de sus patas en un  cable disimulado?  Sin importar lo que fuera, la multitud que asiste a una exposición de Rivera disfruta  una danza de colores, un baile de  imaginación.

Todas  las suposiciones caben en esta orgía colorida que, desterrando imágenes  específicas, convoca a un tango de los sentidos y a una zamba de la curiosidad. Desafía simétricos arcoíris, tentación perenne cuando de tintes se trata. Con el escándalo de sus pinceles, retrata el desenfreno de profundas y escondidas emociones: un  cuadro de amarillos, cafés y verdes regalan un mar con cuerpos en posición de entrega.

El pandemónium y bulla de las obras –  resultado del oficio, habilidad, instinto y quizás hasta zozobra del artista –  nos salvan de aburridas réplicas , por más que un tono azulado  pretenda insinuarlo: ese que enmarca a una pareja en pleno baile; aquel que como cascada va a ninguna parte, y renace como riachuelo casi apuñalado por blancos colgados del vacío; o aquel que, como charco, hospeda al pollo rostizado.

Por la fuerza de blancos

Mientras que en Picasso y  otros cubistas se intenta descifrar la imagen oculta, en el conciliábulo y alharaca de matices que Humberto Rivera nos presume hay una invitación implícita a descubrir el color inicial. . A identificar dónde inició y cómo evolucionó sin dejarse seducir por la tentación de tener “algo” concreto. Aquí, profundamente didáctico, enseña sin reticencias. Las tonalidades paridas de azulesblancoverdeamarillos bajo los cuáles el rojo se cocina, o los caféanaranjadosrojoamarilloverdesgrises en la amenazante ola sobre rojos lava son barahúnda de tonos alumbrando su abstracción. La provocación a encontrar lo que el creador quiso pintar es bujía para novicios boquiabiertos por tanta ilustración.

Impresiones del Mundo funciona con el principio de los ciegos, que con  tacto miran todo. Los colores son lo que sus manos quisieron, y el cuadro será lo que alguien ajeno a él decodifique . Será uno y muchos. Uno y ninguno.  La magia generosa del artista autoriza a que, siendo neófitos enteros, susurremos imágenes, persigamos pistas y hasta nos aventuremos a imaginar r lo que el autor quiso decir en uno u otro cuadro. Y es que Humberto apuesta a un visitante curioso y perspicaz, no a una audiencia de camaradas de oficio.

En  esta  bacanal de colores,  la casualidad no funciona como  técnica o justificación para un mal dibujante, pues  el artista tiene trabajos memorables por su habilidad para ese oficio . De ahí proviene la insistencia en  que en Impresiones del Mundo el mayor reto para  Humberto fue vencer el embaucamiento de la forma definida. En estas obras, él   apuesta  (y gana) a  exprimir las posibles variantes de cada  color. Sólo al final del estruendo de matices que provoca ubica él la clave para lograr  un cuadro terminado.

El creador del festín de tonalidades  únicamente esperaba que su  exposición en el Britannia Art Gallery de Vancouver gustara y, a juzgar por la cantidad de visitantes y la velocidad con la que éstos compraron las obras exhibidas  efectivamente  gustó. .. Yo no compro arte, pero siempre me quedo  con algo gratis. En este caso, con castillos, largas humaredas  y rojos heridos por un blanco que le penetra sin traspasarlo.

Pero usted no se quede con el desliz del aturdimiento que esta reseña puede  haberle causado, mejor descubra en esta edición Cencerril las pinturas de Humberto; y a mí, no me haga caso.

Yo quitaría esta parte porque no me parece que añade mucha información necesaria y le hace a la oración muy larga y un poco confusa. Además, ya estamos bastante lejos de marzo entonces el lector puede preguntarse por qué estamos escribiendo de esto recién ahorita.

Me parece más fuerte la escritura si mantenemos todo en presente a pesar de que la exhibición ya haya pasado porque estás hablando de las obras y del pintor que siguen existiendo aunque  la exhibición ya no esté aquí.

Que linda esta parte, me encanta!!

Se me hace un poco irónico decir que una obra te salva de repeticiones usando tres sinónimos porque me parece que estás haciendo lo que estás criticando de otros artistas, aunque sea pintores, pero gramaticalmente está bien entonces si quieres dejarle déjale no más, vele tú qué te parece mejor.