Archivo de la etiqueta: mujeres

Las Semillas de Taraba

por Gustavo Duch Guillot[1]

 

—Escúchenme, me llamo Fátima, nacida en Taraba, un pequeño pueblo a unos 100 kilómetros al sur de Damasco, la capital de Siria.

“Después de cuatro años de sequías, nuestras tierras dejaron de parir y nuestro ganado murió, así que toda la familia tuvimos que partir hacia la ciudad de Daraa, en la ruta que lleva al mar. Al poco de llegar, en el 2011, estalló una revuelta que dicen que fue el inicio de la guerra. En nuestro barrio no pudimos permanecer durante muchas semanas, pero tuvimos suerte porque unos parientes de Damasco nos acogieron.

“Pero miren, la guerra no acaba y yo he llegado hasta aquí y no les voy a contar todo lo que pasé. Sólo les digo que toda mi familia murió. Nos han asesinado, entre las balas, las olas y la indiferencia. Así es que nos han muerto.

Pero no saben nada, ustedes, son verdaderos ignorantes.”

Y Fátima, con unos ojos exactos a los granos verdes y ahusados de la cebada, con su pañuelo cubriendo el pelo, continuó:

—Soy una de Ellas, la saga de mujeres más antigua del mundo. Mi madre me lo explicó, su abuela se lo explicó, y así cuenten, cuenten con detenimiento, porque fueron por miles de generaciones que sabemos quiénes somos.

“Somos Ellas.

“Porque fue cerca de Taraba, como explican los libros de historia que ahora aquí en Europa ya no recuerdan, que hace 10 mil años o más una mujer como yo decidió no caminar más, no acarrear más su vida y la de los suyos. Ya tenían algunas cabras cuando tomó varios de los granos recolectados y, siguiendo una fuerza interior, un presentimiento, decidió hundirlos en la tierra. Los cubrió con más tierra mezclada con restos de harinas de sus comidas que después, con su propio lloro, apelmazó. Sabía que sucedería, así que con serenidad decidió esperar.

“Escúchenme, porque esta es la historia de ustedes. Y si acaba, acabará.

“Allí mejoraron sus chozas, allí crecieron varias generaciones más. Y siempre las mujeres de mi familia tuvieron cuidado de aquellos granos. Algunas de Ellas salieron a fundar nuevas aldeas llevando las semillas, que llorándolas germinaron libres. Y por siglos, con Ellas, las semillas de Taraba cruzaron montañas, avanzaron por el desierto, saltaron de isla en isla el mar.

“Escúchenme porque bien se sabe, pero ustedes lo silencian, que fueron estas mujeres migrantes las que llevaron las semillas hasta aquí, hasta esta Europa hoy sobrealimentada, pero tan cobarde.

Su alimento, sus campos cultivados son porque a Ellas entonces nadie las detuvo. No pusieron alambres en su camino, no tenían vallas que saltar, ni bombas que esquivar. ¿Lo saben? Yo creo que no.”

Y quienes allí la escuchaban pudieron presenciar cómo Fátima, junto a la orilla de la playa, tomó una semilla de su bolsillo, la dejó caer y al mismo tiempo que la primera ola la tomaba en sus brazos, una lágrima verde de sus ojos cayó sobre ella.

Sólo unos instantes después, millones de personas que aguardaban en las costas de Marruecos, Túnez, Egipto, Palestina, Libia, Turquía, Argelia, Siria, Líbano… pudieron avanzar apaciblemente hacia el norte por una ruta segura, cómoda y con alimentos.

El mar se había convertido en un inmenso campo de cebada.

 

[1]     Veterinario y escritor Catalán. Publica en El Periódico de Catalunya, Público, La Jornada de México, Galicia Hoxe y El Correo Vasco

Mozas y Santas

por Raúl Gatica

 

Artistas de todos los tiempos y lugares han optado por no sumarse al sinfín de feminicidas que desde el poder patriarcal atentan contra las féminas.

Ellas son motivo literario desde distintas perspectivas. El bravucón mexicano, precursor del modernismo, Salvador Diaz Mirón (1853-1928), abreviación de Salvador Antonio Edmundo Espiridión y Francisco de Paula Díaz Ibáñez, rompe la tradición romántica y nos presenta en Vigilia y Sueño, mujer victoriosa en lances amorosos. Preciosismo y lujuria en la batalla del placer espantan sueños entre velludas espesuras. El autor confiesa como maniobras bucales animan pabilos y apagan fuegos; desde luego, en ocasiones con ayudas poco convencionales.

Desde otro polo, el poeta, periodista, cronista, guionista, catedrático y traductor peruano Antonio Cisneros (1942-2012) hace de su poema, inicialmente rotulado, Contra la flor de la canela, y finalmente rebautizado como Para hacer el amor, un recurso didáctico para todas las edades y sexos. Navega entre las fronteras del pudor, la liviandad e impudicia. También recurre a la ternura para despertar las ganas de su doncella. Cuida que ninguno de los amantes se cueza más de lo necesario. Él medía entre brusquedad de rocas y suavidad de pastos y arena, donde la rusticidad del Dedo de Dios nunca hace daño. Ambos poetas asignan poder al falo, aunque Mirón asume que las mujeres tienen en la violencia del sexo una fantasía de placer.

Sólo esto puede esperarse de hombres, dirían las feministas a ultranza, pero el guatemalteco-mexicano Pedro Miguel (1967) las desmiente con la singular reivindicación de la excluida María Magdalena. Ahí hasta al hijo de Dios vuelve a crucificar. Lo acusa de reducir a la amante en mera madre llorona. Se mofa de la hipócrita iglesia y sus ceremonias donde el cáliz del vino simbolizando la vagina de María Magdalena.

Pero basta de pistas, mejor disfrute a los vates compartidos en esta entrega de Con o sin badajo y después, si no les perdona su misoginia, cástrelos o cuélguelo de las bolas si quiere, eso será ganancia aparte.

 

Vigilia y Sueño

por Salvador Diaz Mirón

 
La moza lucha con el mancebo
-su prometido y hermoso efebo-
y vence a costa de un traje nuevo.

Y huye sin mancha ni deterioro
En la pureza y en el decoro,
Y es un gran lirio de nieve y oro.

Y entre la sombra solemne y bruna,
Yerra en el mate jardín, cual una
Visión compuesta de aroma y luna.

Y gana el cuarto, y ante un espejo,
Y con orgullo de amargo dejo,
Cambia sonrisas con un reflejo.

Y echa cerrajas, y se desnuda,
Y al catre asciende blanca y velluda,
Y aun desvestida se quema y suda.

Y a mal pabilo, tras corto ruego,
Sopla y apaga la flor de fuego,
Y a la negrura pide sosiego.

Y duerme a poco. Y en un espanto,
Y en una lumbre, y en un encanto
Forja un suceso digno de un canto,

Suena que yace sujeta y sola
en un celaje que se arrebola,
¡y que un querube llega y la viola!

 

Para hacer el amor

por Antonio Cisneros

 
Para hace el amor
Debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha,
Tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
Para hace el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
Pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
Que ningún monte quede oculto y los amantes
Podrían holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
Y entonces
La muchacha no verá el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
Los pulmones abiertos,
Las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.

 

A María Magdalena

por Pedro Miguel

 
Sobre la cruz de la mujer excluida
edificó la iglesia sus altares
y quedó por los primus inter pares
a la función de madre reducida.

La amante de Jesús fue convertida
en figura menor de sus andares
que del muerto aliviaba los pesares
bajo la sombra de la cruz erguida.

Más un discreto signo profetiza
que el templo está construido sobre arena
y que es la hipocresía su condena:

misógino será, pero en la misa
ofrenda con el Grial, que simboliza
la matriz de María Magdalena.

 

Feminicidios en Francia

por Vilma Fuentes

 

El 10 de septiembre 2012, Jacqueline Sauvage asesinó a su marido, Norbert Morat, con tres balas del fusil familiar. Alegó en su defensa 47 años de violencias conyugales y abusos sexuales del padre de familia sobre sus tres hijas. Lo hizo por miedo, pues esa mañana el hombre había proferido amenazas de muerte, es decir, en legítima defensa. El jurado popular no aceptó este argumento, pues Sauvage disparó por la espalda a Morat, así incapaz de agredir o de defenderse. Fue condenada a 10 años de reclusión. Un segundo juicio, solicitado por sus abogados, confirmó la sentencia el 3 de diciembre de 2015.

Las protestas no se hicieron esperar: asociaciones feministas y de apoyo y defensa de mujeres maltratadas organizaron campañas y mítines para pedir, o más bien exigir, la gracia presidencial. Los medios de comunicación, en especial la televisión, dieron amplios espacios a entrevistas con las hijas de Jacqueline Sauvage, con su abogada y con representantes feministas. En efecto, ¿cómo condenar a 10 años de prisión, cinco de ellos incompresibles, a una mujer que ha sufrido golpizas durante 47 años, y ve a sus hijas violadas por un monstruo? Otras mujeres dan sus testimonios de la violencia sufrida a manos de sus maridos, de sus deseos de matar, de su imposibilidad de pasar al acto, de su admiración por el acto de Sauvage.

El problema, argumentan quienes están en contra de esa gracia presidencial, es que el indulto sentaría un precedente, podría dar lugar a jurisprudencia y, por extensión, otorgar un permiso implícito a las mujeres que sufren violencias conyugales de matar a sus maridos, justificando el asesinato del energúmeno cónyuge, el homicidio transformado en un acto banal.

François Hollande había prometido, durante su campaña a la presidencia, no utilizar el derecho de gracia. Derecho real –de realeza, no de realidad– heredado de la monarquía, el cual presupone una voluntad superior a la de la legislación y la justicia: la del rey. Suprimido una corta temporada, durante la revolución de 1789, fue restablecido y sigue vigente.

Inquieto por la baja, para no decir caída libre, de su popularidad, el presidente francés sigue de cerca los sondeos, y parece obedecer más a éstos que a una línea política. Así, se somete a las presiones de las minorías en busca de simpatizantes y, desde luego, futuros electores. Acuciado por los grupos feministas, por la fuerza de los medios de comunicación y por una opinión pública mayoritaria favorable a Sauvage, en quien ve una víctima, cuando no una heroína, el presidente francés acordó una gracia parcial a Sauvage, quien volverá a prisión una corta temporada –saldría el próximo abril– para evaluar su peligrosidad y asegurarse de que no es capaz de reincidir.

Más allá del caso particular, de Jacqueline Sauvage, existe una situación que debería ser inimaginable en un país altamente civilizado, perteneciente al puñado de naciones poderosas: cada dos días y medio, un homicidio es cometido en el seno de la pareja, según el Ministerio del Interior, sin contar las víctimas colaterales: los niños asesinados.

Desde luego, las víctimas de esta violencia son en su mayoría del sexo femenino. En 2012, por ejemplo, hubo 148 mujeres y 26 hombres muertos bajo los golpes de su cónyuge. Sin contar los 13 niños asesinados ese año. Se sabe, además que 547 mil personas son víctimas de la violencia conyugal cotidiana cada año, aunque sean pocas las que interponen una queja ante la justicia. El miedo es más fuerte que los golpes.

Podría alegarse que Francia acoge personas de civilizaciones y religiones que hacen un principio de la sumisión femenina. De ahí la necesidad de reforzar la escuela laica y republicana para todos.

Nada comparable con el horror de los feminicidios impunes que se cometen en la frontera mexicana. Sin duda, el papa Francisco ha sido informado de esta situación. Habrá que poner atención a sus palabras durante su visita al país.

La Perversa Sensación de Crear

por Belén Febres-Cordero y Nandy Fajardo

 

Los amigos de Ángela Atuesta le llaman “la Negra”. Ella se define como la reina del color. Su voz que pisa fuerte y risa frecuente y espontánea describen a Ángela regando vida al caminar, y plasmándola en creaciones donde colores, formas y texturas estallan como globos.

El amor por el arte y sus gatos, Horacio y Alea, son la constante en la vida de Ángela en lo definido por ella como la “perversa sensación de crear.” Una necesidad de imaginar desbordándosele del cuerpo y aguijoneándole a experimentar hasta con latas de atún vacías para crear escenarios en miniatura.

Estas ansias forman parte de su esencia, pese a no recordar cómo ni cuándo surgieron. Desempolva, en cambio, el apoyo de su madre motivándole a tomar sus primeras clases de pintura y dibujo a los once años, y a estudiar Artes Plásticas en la Universidad de los Andes, Bogotá.

“La época en la universidad fue un desastre. Me enfrenté a mucho discurso sin sentido y experimenté una gran desilusión,” explica. “Me pasé preguntándome: y esta vaina pa’ qué rayos sirve, porque en realidad el arte no sirve pa’ nada, ¿no?,” añade con el acento característico de las personas nacidas y crecidas en Bogotá, Colombia.
Hoy, a sus 27 años, considera: “si bien en un universo apocalíptico el arte podría ser inútil, en el actual sirve para la denuncia social”. Además, lo describe como elemento de expresión capaz de convertirse en herramienta histórica. “Más que transformar un mundo que no sé si se pueda cambiar, busco crear algo para expresar mi desacuerdo.”

En su vida, arte y amor están entrelazados. Trabaja con su novio a quien, durante la entrevista, nunca llama por su nombre. Eso sí, detalla el del colectivo de ambos: Bicromo.

“En una relación como la nuestra, las típicas actividades de ir al cine o comprar un helado se van p’al carajo. Tenemos un amor de pintores, quienes aún quemados, sudorosos o manchados decimos: te quiero.”

La pintura de gran formato es una de las actividades desarrolladas por Bicromo. Ángela la define como un poco engorrosa.

“Al no tener automóvil, llevamos latas, brochas y hasta el agua para lavarlas, en bicicleta o en carritos de mercado; y así vamos a crear murales en las calles.”

No le gustan las galerías, le parecen muy lejanas. En cambio, pintar en lugares públicos le permite acercarse a la gente. De esta manera observa al arte con potencialidad de unir a todas las condiciones humanas, el cual, además de transmitir un mensaje, puede generar espacios de discusión y educación.

“Cuando una señora pasa, te ve pintando y se detienen pa’ preguntarte qué estás haciendo, escucha y entiende, terminas pensando: mmmm… el arte sí vale la pena.”

Con Bicromo también dan talleres a niños. Hacen grafitis y murales en espacios públicos. Además, tienen un colectivo de ilustración digital. Con él crearon la película Llave de Papel, financiada con una beca del Instituto Distrital de Bellas Artes.

“Con la animación puedo crear monstruos y hacerlos vivir, correr, saltar. Puedo matar a alguien sin asesinarlo en la vida real. Puedo decir: esto que tú ves, porque yo lo hice, existe. La dinámica del arte es un poco narcisista” dice tras un corto silencio.

Ángela espera poder vivir, algún día, únicamente de su arte. Por ahora tiene un segundo empleo para mantenerse. Trabaja como guía y tallerista en el Museo del Oro en Bogotá. Cuando no está ahí, inventa nuevos proyectos: anima, pinta e ilustra. “Hago muchas cosas y a la vez no hago nada,” dice con la humildad e impaciencia de la gente a quien las ansias de soñar se le derraman, y el tiempo para hacerlo siempre le queda corto.

También quiere viajar mucho, pero no se imagina la vida fuera de Colombia, considerada su base emocional y física.

“Además, no tendría corazón para dejar a mis gatos.” Dice en referencia a Horacio, nacido hace seis meses, cuyo mayor entretenimiento es molestar a Alea. Ella tiene siete años y casi siempre está cansada. El pelaje de Horacio es gris con blanco y el de Alea, amarillo con negro. Quizás más preciso sería decir que sus pelajes a veces son así, cuando la pintura – originalmente destinada a crear cuadros y murales – no les ha salpicado. La conversación debe terminar. Horacio nuevamente despierta a Alea que, paciente y determinada, intenta – una vez más – quedarse dormida.

¿Iguales?

Hace casi un siglo, Virginia Wolf debatía con los hombres sobre el desproporcionado poder económico y legal de ellos ante la desigualdad de oportunidades de las mujeres. Décadas después, Simone De Beauvoir en su libro El segundo sexo, equiparaba al matrimonio con la prostitución y describía con exactitud cómo la sociedad colocaba a la mujer en una posición inferior al hombre. Mucho tiempo y pocos cambios han pasado en la vida de quienes no son sólo la mitad del mundo. Sin importar su escolaridad, profesiones, estatus socio- económico o preferencias sexuales y religiosas, persiste la visión de las mujeres objeto, padeciendo todo tipo de discriminación, violencia y abusos, incluida la negación del placer. Afortunadamente, la lucha sostenida de millones de mujeres ha derrotado a milenios de poder patriarcal tratando de invisibilizarlas.

De acuerdo con Index mundial, hasta julio de 2014 se estimaban 7.174.611.584 habitantes en el planeta. Las Naciones Unidas precisaban: en 2015, por cada 100 mujeres hay 101,8 hombres. Por su lado, la OCDE cita que en 13 de los 15 países con un alto nivel de desarrollo y estabilidad, las mujeres representan más del 50% de la población, a excepción de Islandia (49,66%) y Noruega (49,93%). El Centro de Investigación Pew indica: Rusia, Letonia, Ucrania y otros, tienen mayor presencia femenina que masculina. En Rusia, por ejemplo, hay 86,8 hombres por cada 100 mujeres. El líder es Martinica, con 84,5 hombres por cada 100 mujeres. Sin embargo, las cifras no cuadran en cuanto a igualdad de oportunidades.

Por ejemplo, en 2015, mundialmente sólo 17% de cargos ministeriales y 22% de los parlamentarios eran ocupados por mujeres, 11 eran jefas de estado y 10 jefas de gobierno. Rwanda era el único país con 63.8% de mujeres parlamentarias(cámara baja). Y según la UNESCO, en el Atlas sobre la desigualdad de género en la educación, el 52% de los infantes, fuera de las aulas de educación primaria, son niñas.

En cuanto a la violencia, discriminación y abusos, de tan cotidianos optamos por no mirarlos. Sin contar las esterilizaciones en muchas partes del planeta, según la Organización Mundial de la Salud: más de 125 millones de mujeres y niñas vivas han sufrido mutilación genital en 29 países de África y Oriente Medio.

Diversas organizaciones de mujeres y derechos humanos han documentado que la infinita lista de mujeres asesinadas, desplazadas y dañadas en Palestina, Irak, Siria, Colombia, México, Guatemala, etcétera, tiene como origen la desigualdad social, conflictos internos y la codicia del primer mundo por apropiarse de territorio y recursos naturales. Los perpetradores internos y externos hasta la fecha siguen impunes.

Por otro lado, la preferencia sexual, el disfrute de su sexualidad y hasta malformaciones genéticas son padecidas como crímenes. Una mujer demandando placer es incinerada, por lo menos, como puta; mientras al hombre, por lo mismo, se le asigna virtud. El transgénero y lesbianismo es muy complicado; el caso de Salinas, República Dominicana y Papúa Nueva Guinea lo ilustra. Ahí, debido a la deficiencia de la enzima 5-Alfa, 2%, 1 de cada 90 bebes contraen una enfermedad hereditaria, nacen como niñas y a los 12 años se transforman en hombres. Quienes han tenido esta metamorfosis son llamados de por vida güevedoces o machihembras y mientras en Dominicana son medianamente aceptados, en Papúa son rechazados porque fueron alguna vez mujeres. Este fenómeno llevó a la científica australiana Jenny Graves a señalar: “el cromosoma masculino está en proceso de destrucción, es decir, la extinción de los hombres ya puede estar en marcha.”

Podríamos seguir enumerando injusticias y siempre quedaría una por decirse, como esa en Dongguan, China, donde es normal que dos o más mujeres compartan un novio, y una vergüenza para un hombre ser monógamo, pero no al contrario. Por ello, los y las Cencerros, sin romantizar ni idealizar, más allá de exhibir los abusos, sugerimos caminos para desterrarlos. Intentamos nacer humor y ternura sin renunciar a la lascivia; sembramos bromas y respeto sin pelear con el deseo; nos zurramos de risa ante la condena legal, social y familiar, cuando alguien tiene la capacidad de amar a más de uno. Quizás no comparta mucho nuestras veredas pero, al menos, preocuparse por el placer de su pareja en lugar de cercenarlo es buen lugar para practicar la igualdad de género.

Convencidos de que se extermine o no el hombre, hoy batallamos por la sobrevivencia de la especie y la humanización de la vida, y eso sin los derechos de las mujeres será imposible. Así que, sin hacerse rumiante, súmese a la cruzada contra los machos cabríos y escríbanos, aunque sea una coz a rumiantes@elcencerro.ca, comentando el esfuerzo femenil desplegado en la presente edición.

Los editoros y las edivacas